sábado, noviembre 25

Recuento y Nostalgia

Literespacio / Recuento y Nostalgia
Dulce María González
El Norte

I. El recuento

No sé cómo habrá sido para un hombre tener veintitantos en los años 80, pero puedo asegurar que, para una mujer cuyas aspiraciones iban más allá de casarse y tener hijos, era bastante difícil. Entonces la mujer era un ser de segunda y había que armarse de valor y aprender a nadar contra la corriente.

Con esto no quiero decir que la discriminación hacia las mujeres haya desaparecido, pero no puedo evitar recordar aquella época como una pesadilla y, a la vez, como un reto.

Además de la falta de equidad tan extrema, nos había tocado en suerte nacer en una Ciudad donde las convenciones sociales asfixiaban cualquier sueño que no fuera el de los cuentos de hadas.

No obstante, había escritoras en plena producción: Rosaura Barahona, Patricia Laborde, María Belmonte, Minerva Margarita Villarreal y Leticia Herrera entre ellas. Cristina Villarreal se había marchado de la Ciudad para cuando aparecí en el entorno.

De Leticia Herrera me llamaban la atención su rebeldía y su arrojo. Caracterizada por el lenguaje directo y la sencillez, su poesía profundizaba en el momento a partir de elementos cotidianos y de una oralidad bastante trabajada, lo cual rompía con los convencionalismos de entonces y aportaba espontaneidad y frescura a los textos.

Leticia se tomaba en serio su oficio, trabajaba muchísimo y con seriedad. Tomando en cuenta la época, me sigue pareciendo admirable que mis maestros y compañeros escritores, varones todos ellos, hablaran de su trabajo con respeto.

Los años 90 fueron un buen ejemplo de polarización literaria. La mayoría de las narradoras (Patricia Laurent, Graciela España, Malena Múzquiz, también poeta esta última, y una servidora) nos agrupábamos en torno a "La Mancuspia". Aquel primer momento del grupo, en el que también participaron Anna Kullick, Ofelia Pérez, Óscar Efraín Herrera, Mario Anteo y Chema Mendiola entre otros, era liderado por un hombre: Héctor Alvarado. Bendito sistema patriarcal.

Por su parte, los narradores Hugo Valdés, Eduardo Parra, David Toscana, Pedro de Isla, Felipe Montes y más tarde Antonio Ramos unieron esfuerzos en "El Panteón". Gabriela Riveros estaba relacionada con aquel singular Club de Tobi; no obstante, he aquí otro dato curioso, tengo entendido que no tallereaba con ellos ni asistía a las reuniones.

Y aunque estas agrupaciones se disolvieron al final de la década, "Ocho Ensayos sobre Narrativa Femenina de Nuevo León", de Conarte, de Hugo Valdés, además de lograr una mirada a fondo acerca de la narrativa escrita por mujeres, aporta un significativo punto de encuentro en la producción literaria de fines de milenio en nuestro Estado.



II. La nostalgia

El caso es que yo veía a distancia a Leticia Herrera, la seguía con interés. Años después, cuando habíamos dejado los veintitantos, pero aún éramos jóvenes, Patricia Laurent llegó a una de las reuniones de la UVA (Unión de Viejas Ácidas, singular taller de los 90 que ambas compartíamos con Anna Kullick) con la novedad de que había invitado a Leticia.

Nos comentó que se la había topado y, al conversar con ella, se percató de que era un elemento imprescindible para el grupo. Aquella noche pudimos constatar que, en efecto, Leticia era una UVA que ni mandada a hacer. Una vez desplegada la hechicería con que contábamos, logramos que se quedara durante un tiempo después del cual, como todo en la vida, también ese pequeño grupo se esfumó.

Poco después de nuestro primer encuentro, Leticia presentó un libro en la Biblioteca Central. "Caracol de Tierra", si no me equivoco. En aquella ocasión, Patricia, Anna y yo leímos sus poemas de espaldas al público. ¿Por qué?, ¿qué significaba para Lety, para nosotras, aquella posición de rebeldía, esa actitud suicida, simbólicamente hablando? No lo recuerdo.

Guardo muchos otros momentos en la memoria, lecturas fragmentarias del trabajo de Leticia a través de los años. Pero no fue sino hasta hace unos días, a partir de la lectura de "Poemas incompletos (1984-2006)", publicado en la colección Anaquel de la Universidad de Guanajuato, cuando obtuve una imagen clara de su proceso de creación: los textos que conocía poseían un lugar específico en el trayecto de una expresión poética singular, asentada en largos años de relación con el lenguaje.

Quizá por ser consciente de ello, de lo profunda, intrigante que puede resultar toda una vida avanzando en la poesía, cuando me topo con Lety se me aparece de pronto la joven de veintitantos, rebelde, desvalida detrás de su coraje, o la treintañera que llegó a la UVA de milagro y cuyos poemas leí de espaldas.

No sé si Leticia Herrera se da cuenta de lo que ha hecho, de lo que ha escrito. Mis maestros y colegas de los años 80 lo advertían desde entonces.

sábado, noviembre 11

El mundo fantástico


Abrí el libro hace 15 días y lo cerré anoche. Al momento de leer la última página advertí que había pasado dos semanas en otra dimensión.


No es solamente el haber dormido tan poco durante los días de lectura, o que la falta de sueño me haya provocado cumplir con mis tareas cotidianas convertida en zombie. "Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo" (Tusquets, 2006), de Haruki Murakami, es un texto extraño, una historia que acierta al cuestionar nuestros conceptos del tiempo y de la realidad.


Me sucede con los autores japoneses contemporáneos. Quizá porque a la experiencia cotidiana de los personajes, tan parecida a la nuestra gracias a las condiciones globales, subyace una tradición mítica ajena y milenaria, capaz de enriquecer nuestra manera de entender el mundo y su sentido.


"Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo" se mueve en la misma atmósfera de las novelas de Banana Yoshimoto, sólo que en este caso no se trata del mundo íntimo femenino, sino del masculino. Habituados a asociar la narrativa masculina con relatos basados en la acción y la descripción concreta del mundo, los personajes de Murakami nos sorprenden al acercarnos a la interiorización de lo masculino, lo cual resulta extraño para una mente occidental.


La sensación del calor estival en el cuerpo, el canto de los grillos o la observación de las estrellas desde lo profundo de un pozo, dan lugar a momentos espirituales que llevan al personaje a evocar pasajes significativos de su vida y cuestionar su identidad y su estar en el mundo.


La desaparición del gato y posteriormente de su esposa, ocurridos en un momento de "stand by" en el que ha dejado su trabajo, provocan que Tooru Okada, pasante de la carrera de leyes, de 30 años, enfrente su propia existencia, determinada de mil maneras por las interconexiones entre el mundo externo y su historia personal.


Tal como sucede en las novelas de Yoshimoto, en Murakami hay un interés por mostrar las diferentes realidades que conforman nuestra experiencia del mundo. Al ámbito de la tecnología, de las condiciones sociopolíticas y las determinaciones históricas y culturales, se enlaza el espacio interno, el mundo de la fantasía y la imaginación, el contexto de la personal e íntima creación de símbolos que conforman nuestra visión del mundo.


Sin embargo, estas diferentes realidades no se presentan de acuerdo a un orden lógico ni parecen tener reglas claras o contornos precisos. La realidad está conformada de diferentes realidades, el mundo se alimenta de mundos. Pero, al contrario de lo que sucede con nuestra manera occidental de entenderlo, en Murakami se trata de un asunto orgánico.


Un ejemplo de nuestra tendencia occidental de encuadrar la experiencia humana es la película "El Laberinto del Fauno" (2006), de Guillermo del Toro, en la cual se aprecia una frontera clara entre realidad y fantasía.

Además de que cada uno de ellos está regido por leyes particulares y específicas, los referentes son simples y reducen la experiencia a unas cuantas premisas: maldad y bondad, pruebas y objetivos...


Por el contrario, en "Crónica del Pájaro...", de Murakami, lo que enlaza a los diferentes mundos no es tan claro. La vida fluye en una especie de medio que incluye tanto los eventos concretos como las fantasías y la imaginación. Un ejemplo de esta pérdida de contornos es la sensación que experimentamos cuando recordamos algo y nos preguntamos si sucedió o lo soñamos.


En este sentido, la sospecha de que hay un "orden" más allá de la comprensión provoca al lector aventurarse en terrenos de su propia intuición, de su personal manera de dar sentido a las cosas.


Tomando en cuenta que ni la magia ni la fantasía se relacionan con entes sobrenaturales o con cruzar fronteras claramente delimitadas, sino con eventos cotidianos, el lector termina involucrándose al observar su propio mundo con extrañeza.


Y aunque evoca a ciertos relatos orientales contemporáneos poblados de personajes fantásticos, como es el caso del filme "El Viaje de Chihiro" (Japón, 2001), de Miyazaki, "Crónica del Pájaro..." no parece ocupar nada parecido a un fauno para que los personajes, junto con el lector, comprendan que la profundidad de la experiencia humana es insondable, que la realidad del mundo es fantástica o que lo cotidiano se encuentra inmerso en la magia.


Publicado en la columna Literespacio del periódico El Norte. Monterrey, México.

sábado, octubre 28

Coetzee y la vejez

Literespacio / Experiencias en el extremo
Por Dulce María González
El Norte

Coetzee

Pocos autores profundizan en el tema de la vejez, J. M. Coetzee es uno de ellos. En sus novelas, la vejez se manifiesta como una etapa de experiencias extremas, un momento en el cual la vida es puesta en cuestión desde la pérdida y, sobre todo, como un tiempo en el que el deseo muestra su carácter inefable.
Un viejo funcionario del imperio se enamora de una joven prisionera en "Esperando a los Bárbaros" (1980), su necesidad de ser correspondido lo lleva a emprender acciones comprometedoras, por las cuales es acusado de traición y posteriormente encarcelado y sometido a las más crueles torturas.
Una circunstancia similar sucede en "Desgracia" (1999), novela que inicia cuando un maestro universitario ya mayor seduce a una de sus alumnas, provocando con ello el escándalo a partir del cual se derrumba su mundo.
En "El Maestro de Petersburgo" (1994), basada en la vida y la obra del escritor ruso Fedor Dostoievski, un anciano que recibe una carta en la que le anuncian que su hijo adoptivo ha sido asesinado, emprende un viaje con el fin de conocer las circunstancias de la tragedia. Inmerso en el sufrimiento, se involucra sexualmente con la antigua casera de su hijo, relación a través de la cual, paradójicamente, experimenta la soledad y la pérdida.
En "Hombre Lento" (2005) un fotógrafo sesentón es atropellado cuando pasea en su bicicleta. A raíz del accidente pierde una pierna y cae en una depresión profunda, en medio de la cual se enamora de una enfermera joven, al grado de ofrecerse a pagar los estudios de uno de sus hijos, aun a sabiendas de que está siendo utilizado.
En las novelas de Coetzee, la pérdida total marca el inicio de las historias, en las cuales el autor estira al máximo los callejones sin salida, las situaciones insostenibles, el horror de que todo haya terminado y al mismo tiempo continúe: un estiramiento del fin.
Y sin embargo es ahí, a mitad de la desesperanza, en lo profundo de la soledad y el sufrimiento, donde los personajes experimentan la verdad fundamental del deseo humano.
No se trata aquí de viejos contemplativos o de amores platónicos. En los ancianos de Coetzee no hay idealismo alguno al respecto. Lo que hay es una reflexión descarnada en relación al cuerpo sin belleza, a lo inevitable del deseo que arrastra a los personajes aun a costa de la desaprobación de un mundo que, de todas maneras, ya no es el suyo.
¿Qué puede perder alguien que ya lo perdió todo? La vergüenza, el honor, la dignidad, responde Coetzee, siempre hay algo más qué perder. Los personajes caen, se hunden y siguen ahí, tambaleándose, en ese alargamiento del final en el que se rebelan inútilmente ante lo inevitable.
Si los viejos no son tocados por nadie, si tienen prohibido tocar, entonces los masajes terapéuticos de la enfermera en "El Hombre Lento", o los masajes que el funcionario de "Esperando a los Bárbaros" proporciona a la prisionera en sus pies destrozados a causa de la tortura, son capaces de provocar la más intensa pasión y convertir al hombre viejo, necesitado, en un ser que se arriesga, alguien a quien le importa poco perder lo último que posee.
"Tendríamos que conmocionarnos más a menudo", dice Paul Rayment, protagonista de "Hombre Lento", "deberíamos armarnos de valor y mirarnos en el espejo, aunque no nos guste lo que vemos en él. Y no me refiero a los estragos del tiempo. Me refiero a la criatura que está atrapada detrás del cristal y cuya mirada normalmente procuramos evitar".
Al abordar la vejez, Coetzee no hace concesiones; por el contrario, expone lo más íntimo de la experiencia. En sus novelas, la vejez se manifiesta como una mirada desde lo más profundo de la condición humana, un estado del alma capaz de cuestionar y entender lo que somos a partir de aquello que, con suerte, algún día seremos.

viernes, octubre 20

Cubanidad

Esther en alguna parte

1. La construcción del espacio en la imaginación

En “Dos Cubalibres”, volumen que reúne una serie de artículos de Eliseo Alberto aparecidos en diversas publicaciones (tengo entendido que hace un par de meses se publicó otro libro de esta naturaleza en Cal y Arena), Lichi se refiere constantemente al exilio, situación que alimenta, determina y motiva su escritura.
“Un hombre sin país es un náufrago”, dice en el texto introductorio a la primera parte del libro, “un escritor sin lectores nacionales (naturales), el mismo infeliz”. Más adelante, cuando se pregunta a sí mismo el motivo por el cual sus dos últimas novelas no ocurren en Cuba, responde que fueron los problemas del exilio los que lo obligaron a inventarse un lugar imaginario.
Si en vez de haber realizado este diálogo consigo mismo, me hubiera preguntado a mí, yo le habría respondido que su apreciación es cierta y no, ya que desde mi punto de vista, si las novelas de Lichi ocurren o no en Cuba, es lo de menos, ya que todo en la literatura de Lichi es Cuba, su reconstrucción desde el alma y la memoria, un intento de traducir a palabras el origen y, a la vez, la tierra prometida.
Curiosamente, un poco después de hacerse a sí mismo tales declaraciones, Eliseo se puso a escribir una novela que al fin, efectivamente, ocurre en Cuba. Sin embargo, esa Cuba de “Esther en alguna parte” es también un lugar imaginario, un sitio construido y reconstruido por Lichi en su afán de crear aquello que añora, recuperar lo propio a través de la imaginación.
La de Eliseo es una escritura muy asentada en el dolor, muy consciente de la melancolía que la genera, del hueco. Cierta ausencia que lo obliga a sentarse ante el teclado, hablar de lo que desea con el alma, de lo que no quiere olvidar.
“Cuba está en ningún sitio y en todos”, dice enseguida. “Yo la visito cada noche. A veces en sueños, a veces en pesadillas. Amanezco sudando a mares. Mi país me amamanta. Adoro mi imperfecta nación de bolsillo.” Más adelante asegura que el novelista trabaja con sus obsesiones. “Lo que mas extraño”, dice, “¿quieres saberlo?, es que ya no vengan a interrumpirme mis dioses de vecindad- y, calro, ese calor de útero enamorado que envuelve La Habana cuando va cayendo la tarde.”
Al releer “Esther en alguna parte” vinieron a mi mente estas últimas palabras, puesto que lo que Eliseo logra con esta novela es que una se olvide del discurso y entonces palpe, huela, escuche ese calor de útero enamorado que es La Habana. Sin embargo, para que a una le suceda eso, olvidarse del lenguaje y al fin tocar lo que se dice, para eso es necesario que el autor maneje el lenguaje con maestría. Alguien nos cuenta una anécdota y de pronto desaparece el narrador, junto con las palabras de las que se vale al contar. ¿Cómo lo hace?, nos preguntamos. ¿Por qué motivo “Esther en alguna parte” nos provoca sentir que aquello que transcurre es vida pura, con toda su riqueza, su densidad? Magia, hechicería de la buena y un oficio tremendo, una maestría al decir. Crear lo invisible no es tarea fácil, provocar que el lector se ponga el traje y olvide que existen el hilo y las costuras, menos.
Hace un par de días hablé con un amigo que está en estos momentos en Madrid y le conté que presentaría a “Esther…”. “Una hermosa novela”, comentó, y agregó que le gusta porque en ella los personajes están demasiado en la carne. Nos pusimos a conversar sobre la sensación fuerte, concreta, de estar ahí mientras leemos, en esa ciudad a la que nunca hemos viajado y sin embargo la palpamos. Una “imperfecta nación de bolsillo”, dice Eliseo en su auto-entrevista. Un lugar construido a golpe de melancolía, decíamos mi amigo y yo en el teléfono. La Habana de “Esther en alguna parte” o, lo que es lo mismo, la Habana de Lichi, es un territorio concreto, oloroso, táctil. He ahí la magia.
Son demasiados los años invertidos, pienso, demasiado el esfuerzo de recrear las calles, la gente, y quizá por ese motivo el espacio de imaginación que es La Habana de Lichi, la de los personajes Lino y Larry Po explota en el libro como una fruta madura. Entonces se nos presenta real, cercana. Una Cuba de palabras que se abre a la vida, que se parece demasiado a la vida, que nos provoca vivir a través de su mar, su cocina, sus personajes. ¿Existe algún lugar más cierto que el interno, algún territorio más real que el de las lluvias y las conversaciones de “Esther en alguna parte”?

2. Elogio de la amistad

“Esther en alguna parte” es una novela escrita en dos actos con intermedio y epílogo. En ella, dos viejos que sienten haber vivido más de lo razonable y a quienes el lector no imagina que pueda sucederles algo más, se encuentran. Y el encuentro da lugar a una de las amistades más profundas que he leído.
En “La llama doble” Octavio Paz comenta que al preguntarle la razón de su amistad con Étienne de La Boétie, Montaigne respondió lo siguiente: “Porque él era él y yo era yo”. Justo eso advertimos en los protagonistas de la novela. Lo que une a Lino Catalá y Arístides Antúnez es precisamente que cada uno de ellos es, de manera inconfundible, él mismo.
El melancólico Lino Catalá, viejo aislado y taciturno, siempre atento a las formas de la urbanidad, generalmente desentendido de la vida que ocurre allá afuera por motivos de viudez, vejez y falta de utilidad en el mundo, encuentra su equilibrio en Arístides Antúnez, mejor conocido como Larry Po. Parlanchín estrafalario este último, actor enamorado de la vida y, por lo tanto, de la comida, de la música, de las conversaciones interminables y todo aquello que alguna vez, hace más de 2 mil años, Epicuro aseguró que eran el meollo de lo que llamamos felicidad.
El resultado de esta singular mancuerna es una amistad entrañable, una amistad que es un arte del compartir, del convivir, una profunda experiencia a dúo que es el tema central de la novela. No olvidemos que se trata de un texto con título doble: “Esther en alguna parte o el romance de Lino y Larry Po”.

Lichi

3. El deseo y la búsqueda

Más que a las escenas de acción en “Caracol Beach”, novela de Eliseo Alberto que leí hace años y cuya estructura presenta profundas similitudes con el discurso cinematográfico, “Esther en alguna parte” evoca el discurso exuberante de quien narra con placer, con el deseo de ser escuchado, comprendido, amado, un tipo de escritura presente en otras de sus novelas, como es el caso de “La eternidad por fin comienza un lunes” y algunos momentos de “La fábula de José”.
En “Caracol Beach” encontramos este discurso pleno en el cuaderno que escribe uno de los personajes, un pobre soldado a quien le toca hacer el villano y cuya desdicha nos lleva a reconocer la inocencia esencial de la raza humana.
Por otro lado, el recurso de pasar directamente al cuerpo del texto lo escrito por alguno de los personajes lo encontramos también en “Esther…”, aunque acá se trata de otra asunto: una lista de amantes que Arístides Antúnez, alias Larry Po, ha ido anotando en su cuaderno de pastas rojas.
No se trata de esa moda en la narrativa contemporánea de concebir personajes que se dedican a enlistar prostitutas en espera de una medalla, el cuaderno Larry es el testimonio de una búsqueda. Aquello que anota es en realidad un mapa o, más bien, un itinerario: una manera de documentar el largo camino que ha emprendido en busca de una mujer llamada Esther Rodenas, que es la mujer con mayúsculas, la única.
El paso de una mujer a otra es motivado por el anhelo de encontrar en ellas, o en alguna de ellas, a aquella joven de la que se enamoró en la adolescencia y a quién aún idolatra, y es, también o en última instancia, la búsqueda de un imposible, de una falta, de algo que Larry Po es consciente de haber perdido para siempre y sin embargo continúa buscando.

4. Palabras que colman a los personajes, que los llena hasta el tope y provocan que las palabras mismas se desborden

Hablé de las exhuberancias en el lenguaje de aquel diario en “Caracol Beach”, de ciertos momentos mágicos en “La eternidad comienza en lunes”, que es también una historia de amor. Sin embargo, no me canso de repetirlo, “Esther en alguna parte” es una novela en la cual el lenguaje, de hecho, sale a borbotones en su afán de narrar lo maravillosa que puede ser la vida cuando se manifiesta a través de dos personajes dispuestos a compartir el dolor y los recuerdos, pero también la esperanza de seguir adelante en su búsqueda.
Aparecen entonces los olores, las canciones, los sabores de los platillos, la humedad de la lluvia y el calor del sol. Todo ello en una avalancha de imágenes, voces, sensaciones que nos provocan sentir que, en efecto, estamos en La Habana o en Arrollo Naranjo, calladitos, muy cerca de Lino y de Larry, quienes paladean el presente al tiempo que realizan su recuento de amores, y desventuras, y de momentos hermosos. Entonces descubren ahí, tan cerca de nosotros, que la vida sigue andando en tanto seguimos vivos.

5. Cuba de nuevo

Al repasar la novela, una y otra vez, me pregunto si Esther, esa niña que siempre será una jovencita en el corazón de Larry, ese símbolo de lo añorado, de lo perdido y sin embargo recuperado en la memoria, no es la tierra prometida de la que hablaba al principio, el origen que buscamos todos, aún a sabiendas de que jamás lo tendremos por completo. Acaso podremos saborearlo en cachitos, de vez en cuando.
Esther en alguna parte” es uno de los trabajos más hermosos que le conozco a Lichi. Es, también, una pieza más en el rompecabezas de esa Cuba que Eliseo parece dispuesto a armar ladrillo a ladrillo, calle a calle. Sin descanso y durante toda la vida.
En esta gran empresa de reinventar lo perdido, de construir con palabras el espacio inabarcable de la imaginación, todo en torno a Eliseo Alberto es Cuba. Su casa es un trocito de la Cuba que lleva adentro, su música y sus libros también. Los platillos que cocina (Eliseo es un gran cocinero) y las anécdotas que cuenta y las fotografías colgando de las paredes.
Hay una imagen de Eliseo Alberto que guardo como un tesoro. No recuerdo el día de la semana, creo que era sábado. Lichi está frente a su computadora, escribiendo como un loco mientras leo un libro en el sillón de la sala. Es el hombre más sensible que conozco y el más inteligente, pienso, y aunque tengo hambre intento concentrarme de nuevo en mi libro. Lichi tiene alma de poeta, me digo, porque no me puedo concentrar en la lectura cuando él está escribiendo. Volteo a verlo, Lichi posee una capacidad innata para ver el mundo de manera sencilla y sin embargo profunda.
Hay una lámpara colgada del techo, debajo un frutero colmado de mandarinas, plátanos, naranjas. En el estudio, Lichi es un hombre que ha dejado el mundo para más tarde. Es hora de comer y sin embargo escribe con desesperación, sin descanso. De pronto se pone de pie y camina hacia la cocina, toma un trozo de pan y regresa a la computadora. Está empeñado en crear una noche dentro de la noche, como dice que dice Piñera, una calle dentro de la calle, alguna tierra dentro de la tierra que también sea Cuba, cierta Esther que las palabras hagan posible.

lunes, octubre 16

Blog to be wild

Hoy participé en una mesa de la FIL sobre blogs. En realidad fui moderadora. Me invitó Nohemí Zavala y ahí voy como si anduviera desocupada, buscando a ver qué.
El título de las jornadas es "Blog to be wild" (¿será?). Y el de la mesa de hoy: "Crazy little thing called blog" (eso sí, para que veas).
Todo el mundo hablando de diarios electrónicos, de publicación inmediata, de edición personal. La energía de los escritores jóvenes apoderada de la atmósfera. El público, prendido.
Dice Jennifer Adcock que antes del internet tenía un diario que mostraba a sus amigos y habló de la necesidad de ser leída. He ahí una motivación literaria, pensé. (¿Será?)
Lo peor fue cuando Gaby Torres dijo que la primera vez que escuchó sobre blogs fue porque yo la invité a vistiar el mío. Recuerdo que tenía un nombre mamón el susodicho blog: "Apuntes rizomáticos". Me entró la nostalgia.
Escribir, escribir, escribir...
Ya basta.
Posdata: El miércoles presentaré la novela "Esther en alguna parte", de Eliseo Alberto. La cita es a las 5:30 pm en la sala A.
Por cierto, ya ni te extraño.
Bueno.
Fin.

domingo, octubre 15

Papeles repasados

1. Un repaso nostálgico y un registro
Después de leer el último libro de Fuentes, en el que intenta, en repetidas ocasiones, hablar como los jóvenes de ahora y termina haciendo el ridículo, mezclando, por ejemplo, la prehistórica palabra “borlote” con la contemporánea “antro”, fue muy reconfortante leer “Papeles repasados” último libro de cuentos de Mario Anteo, quien no teme a los “tocadiscos”, ni a los teléfonos de monedas, ni a la música de Zapa o de los Rolling Stones.
A los personajes mismos les entra la nostalgia y se ponen a hablar de su pasado. El vendedor de discos en la pulga que quiso ser roquero y nunca grabó un disco, el que saltaba de los camiones antes de que éstos se detuvieran y un día de juventud perdida cayó de panza en la banqueta, o la que, en un mundo anterior a los celulares, salió a la calle buscando un teléfono público y se encontró con el amor.
Las secretarias aporrean máquinas eléctricas en lugar de acariciar teclados de computadora y muchos, pero muchos de los personajes clasemedieros del libro, sin imaginar los créditos bancarios y demás facilidades futuras para hacerse de un auto, se transportan tranquilamente en camión.
Paréntesis: Mario fue el primero de mi generación en modernizarse. Recuerdo que tenía una máquina que no solo era eléctrica, sino que poseía una pequeña pantalla en la que era posible escribir hasta tres líneas de texto antes de darle al enter. Cuando íbamos a su casa, sede de un taller literario en el que también participaba Héctor Alvarado, Mario presumía su máquina y hacía demostraciones.
Entonces Héctor, a quien no le gustaba dejarse ganar, tomó sus ahorros y partió a Mc Allen con el fin de hacerse de una extraña máquina con pantalla de cerca de diez líneas. El extraño armatoste, Héctor no dejaba de aclararlo, no era precisamente una máquina de escribir, sino un procesador de palabras. Un par de años más tarde, Mario, a quién tampoco le gustaba dejarse apantallar, compró una computadora, ganándonos de nuevo a todos, pero principalmente a Héctor.
Comentario aparte: Mientras esa carrera en campos de la tecnología se llevaba a cabo, yo escribía en una pequeña máquina portátil, ya que nunca tenía dinero para comprar aparatos novedosos. Fin del comentario y del paréntesis.
El caso es que, aún cuando no todos los cuentos suceden en esa época, “Papeles repasados” me provocó recordar al Monterrey de los 80. No es sólo el hecho de que, a través de muchas de sus historias, Mario realice la documentación literaria de eventos importantes como el derrumbe del Cine Elizondo o la construcción de la Macroplaza, es, principalmente, la precisión con la cual logra retratar las atmósferas.
Al leer estos textos una se da cuenta de que ha olvidado demasiado pronto lo que era vivir en un mundo tan asfixiante cono el de entonces. La denuncia que hace Mario, por ejemplo, de la burocracia priísta, del poder de los funcionarios con sus brillantes placas a manera de permiso para hacer o decir lo que les diera la gana, o de las molestias que causaban los simulacros de campaña de candidatos que de todos modos iban a ganar, pasa a ser un registro, una huella literaria de ese extraño mundo en el que vivíamos y que estábamos habituados a sortear.
No obstante lo anterior, los textos poseen también la posibilidad de disfrutar el recuento de las calles, de las plazas, de los sitios de reunión de entocnes. Al leer los cuentos una se pasea por aquel otro Monterrey, evoca imágenes que estaban olvidadas o en las que nunca se detiene a pensar. No es solamente el paisaje o la atmósfera de ciudad no tan grande, es también cierta rebeldía por parte de los personajes, cierto deseo de romper con los moldes sociales y apropiarse de la vida y del mundo, cierto interés por construir una cotidianidad diferente, cierto estilo de ser joven en una época de idealismo.
Y enseguida el derrumbe, la caída de aquellos sueños, el enfrentamiento con la realidad de los treinta o los cuarenta años, el choque con el mundo. El recuento de lo que fue y de lo que no se pudo.
Me pregunto si en aquella atmósfera decadente en la que nos tenía sumidos el partido único, aquel mundo sin Internet en el que las cabareteras ocupaban el lugar de las actuales bailarinas extranjeras de los table dance, me pregunto si en aquella atmósfera provinciana tan alejada de las actuales chiflazones cosmopolitas los regiomontanos vivíamos lo humano de manera diferente y me respondo que con o sin computadoras, estos animales tan complejos que somos los humanos buscamos siempre lo mismo. Generalmente, y aunque no seamos capaces de advertirlo, eso que buscamos es algo muy simple y a la vez muy difícil de conseguir, gracias a nuestras neurosis y nuestras telarañas de siempre, más las que se van acumulando.

2. Una narrativa que se reconstruye a si misma

Todo indica que el repaso de los “Papeles repasados”, ejercicio de construcción y reconstrucción que Mario Anteo entrega en forma de libro, guarda relación con la conciencia de una narrativa que se observa a sí misma.
Lo anterior me asombró cuando empecé a leer el libro hace unos días, el cual no había podido ni abrir, por estar muy ocupada preparando la ponencia para el Encuentro de Escritores de la semana pasada.
Apenas iniciada la lectura, me percaté de que el libro de Mario era el mejor ejemplo de lo que yo intentaba decir en mi ponencia: el asunto del autor que, despojado de su identidad, digamos, real, irrumpe en el texto como narrador de la narración misma. Para explicar lo anterior, lo cual no resulta nada fácil, me apoyé en la propuesta estética de Elfried Jelinek, sin saber que en la actual narrativa de Mario, precisamente en su ejercicio de repaso y reconstrucción, el asunto resulta mucho más claro.
El cuestionamiento central de la ponencia es el siguiente: ¿Quién es ése, o ésa, que dice “yo” en lo escrito? “No es solamente el continuo salto entre mundos que debe realizar el que escribe”, digo en la ponencia, “es su presencia ante el teclado, su dudosa identidad”. “Situada en una posición intermedia entre la supuesta autora y la también supuesta historia”, continúo “Jelinek narra que narra a partir de una voz múltiple. Las voces de los personajes, del narrador y de la supuesta autora se mezclan y terminan conformando una sola voz a partir de una estructura, digamos, musical”.
Para ejemplificar lo anterior, digo lo siguiente: “Si yo intentara utilizar en estos momentos las formas de Jelinek, tendría que construir un discurso conformado de discursos. ¿Y cómo haría para que el resultado no fuera un caos ininteligible? Para empezar, tendría que elegir una especie de voz guía: la voz de la que escribe. Esa voz ordenadora no abordaría la ponencia de manera directa, sino que empezaría diciendo algo así como: “Se trata de una ponencia acerca de bla bla bla.”
Cierro la idea anterior diciendo que escribir una ponencia de esta manera significaría un enorme esfuerzo y por ese motivo renuncio al juego de identidades múltiples. O, por lo menos, a esa manera de hacerlo consciente en la escritura. En este tipo de escritura, agrego, “la ficción aparece no solamente en lo narrado, sino en la narración misma. No obstante, construir un yo tan quebrado, conformado de tantos yoes hablando, ¿no es acaso ajustarse a la realidad más concreta del narrador?”
Recapitulemos: más allá de cuestiones de carácter más bien filosófico, en este tipo de estética el asunto es que el autor aparece en el texto y se pone a narrar la narración misma, creando así un narrador por encima del narrador original. Veamos el ejemplo de Mario, presente en el texto titulado “Las ruinas de la Macroplaza” y también en “Hacienda y crédito público”, uno de los mejores del libro, el cual empieza así:
“Hace tiempo bosquejé un relato que nunca escribí. Recuerdo que enlazaba cuatro voces (una carta, un diario de viaje, un delirio y un cuento breve) en torno de un narrador que enfocaba al protagonista en el momento de rendir éste su declaración anual en Hacienda. Eran tres los personajes, todos biólogos. Juan, el protagonista, de lentes y sedentario…”
Después de este primer párrafo, y sin apenas darnos cuenta, el autor se funde con el narrador de la historia y estamos ya leyendo un cuento convencional. Continuamos así un par de páginas y de pronto aparece de nuevo la voz del autor: “El proyecto original narraba la partida y el viaje a Brasil”, dice este narrador de lo narrado, “pero para abreviar saltaremos hasta el momento en que los exploradores ya están en la selva.” Fin de la interrupción supuestamente autoral y nuevo chapuzón en la historia.
Pero, tal como sucede en la estética de Jelinek, a la superposición de voces narrativas se enlazan las voces de los personajes, que a su vez irrumpen en el discurso autoral: “La ley le ha dado como margen para cumplir con sus obligaciones el mes de abril, y hoy es 31 de abril. Por eso llena de prisa el formulario. Raro que, siendo tan precavido, lo haya sorprendido la fecha, se me olvidó de plano”.
En tra parte del texto, cuando leemos directamente una carta enviada por uno de los personajes, el narrador autoral hace ciertas aclaraciones, recurso que cualquier coordinador de taller literario reprobaría por no ceñirse al género: “La curiosidad lo mató”, dice la carta, “la enfermiza comezón de querer estar siempre en otro sitio. Raine, el guía, dice que la culpa fue de él, por confiado” En este punto termina el párrafo y al abrir el siguiente advertimos que de nuevo es el entrometido quien habla: “La carta continúa, aquí lo importante es la reacción de Juan ante la imprevista, terrible noticia: Roberto ha muerto.” Por supuesto, y como era de esperarse, el narrador entrometido nunca explica la reacción de Juan, la cual, supuestamente y tal como lo ha aclarado, es “lo importante”.
La manera tan eficaz en que la narración es transformada en bosquejo, sin que por ello deje de narrar la historia, fue lo que más me sorprendió de estos cuentos, en los cuales el bosquejo o, digamos, la supuesta maqueta del cuento es el cuento mismo. Por otro lado, el riesgo y la complejidad que implican contar algo de esta manera, mismo que señalo puntualmente en mi ponencia, aumenta si tomamos en cuenta que a Mario le da por la pureza en la construcción de frases.
En otros textos sucede otro tipo de narración igualmente interesante: el narrador se desdobla e, ignorándonos, se pone a hablar consigo mismo o con sus personajes. O sea: se dice y se responde. En “Fantasma de carne blanca”, un narrador convencional se parte en pedazos con el fin de interrogar a su personaje:
“Cuando con mano firme Elba rompió la relación, él sólo atinó a llorar como un niño. Tal llanto le supo muy mal a ella, lo supuso un grosero chantaje emocional. Enseguida, sin advertirlo, descargaba ella la furia pisando a fondo el acelerador, hasta que de frente se estampó en un muro.
Allá, en la banca, ¿seguías teniendo miedo? (pregunta de pronto el entrometido)
Sí (responde el personaje)
¿Podías sacudírtelo?

¿Por qué estás tan seguro?

¿Sí qué?
Sí a la chispa, al tropismo (dice el personaje, repentinamente consciente de que está siendo contado)
Está bien (dice el entrometido), puedes descansar.”
Hay otros cuentos, mucho más regidos por estéticas más bien convencionales, pero no por ello menos interesantes: estructuras dramáticas en las que el narrador desaparece con el objeto de que el lector escuche directamente las voces de los personajes, estructuras en las que se juega con los tiempos o en las cuales se va enlazando, como en un collar de cuentas, las realidades internas de quienes no se conocen, pero comparten el instante al coincidir en una plaza.
Entre los libros escritos por Mario Anteo que he leído, o sea, entre todo lo que ha publicado, éste es el que más me gusta. No sólo por el asunto de nostalgia que mencionaba antes, sino porque además de disfrutar la lectura de las historias, una puede encontrar opciones interesantes relacionadas con otro tipo de placer: el placer estético de las estructuras complejas y las formas de narrar, todo ello a partir de un manejo del lenguaje que nos provoca olvidar su carácter tan inhóspito, su naturaleza tan salvaje.

sábado, octubre 14

Sobre el Encuentro

Literespacio / La supuesta realidad
Por Dulce María González
El Norte

Durante el Encuentro Internacional de Escritores, celebrado del 5 al 7 de octubre, los invitados nos pusimos a discutir acerca de los bordes. Un tema a la medida del oficio para quienes la pasamos entre el aquí y el allá, entre el "to be or not to be" de los personajes y de la propia presencia en la escritura.
De las fronteras geopolíticas hablaron unos cuantos. Imposible hacer a un lado esta problemática, ante la inminencia del muro que construirán nuestros vecinos del norte y lo que esto significa a todos los niveles de interpretación.
Para el dramaturgo tijuanense Hugo Salcedo, por ejemplo, la migración es un "teatro de carne y hueso", la puesta en escena de la orfandad del hombre en el nuevo siglo.
No obstante, la mayoría decidió escribir sobre otros tipos de fronteras más relacionadas con el oficio. La preocupación por los límites del lenguaje, por las fronteras entre ficción y realidad, y las que dividen a los géneros literarios dio lugar a sendas mesas de ponencias y posteriores sesiones de diálogo con el público.
Senel Paz dejó claro que la realidad es un concepto filosófico. Su postura, relacionada con la imposibilidad de establecer fronteras, dado que nuestro sentido de realidad tiene como base lo que imaginamos del mundo, me recordó las afirmaciones de Slavoj Zizek, en el sentido de que aquello que consideramos real es en el fondo una fantasía.
Y aunque todos en las mesas estuvimos de acuerdo en que lo real es algo inaccesible, quedó claro que no sólo podemos imaginarlo, sino que además hablamos de ello, establecemos sistemas de referencia, escribimos sobre temas que nos inquietan e intentamos ponernos de acuerdo.
Hubo invitados que no pudieron evitar hacer lo que mejor saben: crear imágenes, mundos. En plena época conceptual, no sólo los pintores son capaces de provocar que aparezca en la mente de otro algún objeto intangible.
Felipe Montes, por ejemplo, habló del "modelo de los mundos posibles". Su ponencia, que recuerda el gusto del argentino César Aira por crear maquetas arquitectónicas al escribir, propone que el mundo real es un mundo ficcional, uno de tantos. En este sentido, el mundo real, junto con otros mundos posibles, se encuentra contenido en el lenguaje.
Un momento interesante del encuentro fue cuando Teresa Porzecanski habló del lenguaje periodístico. Dado el "espesor" de la realidad, sus aspectos indescriptibles, desde su perspectiva la nota periodística es sólo un recorte selectivo que, no obstante, pretende ofrecer transparencia.
Porzecanski aseguró que actualmente se da una uniformización de las mentes a través de los medios, lo que convierte a la información en un simulacro.
El tema propició que alguien del público hablara de la "ficción" del triunfo de Calderón, a lo que Pedro de Isla respondió comentando que la ficción no es exclusiva de uno de los actuales extremos políticos, sino que los incluye a ambos.
El asunto de nuestra situación política y la manera como esta "realidad" es descompuesta y en seguida reordenada por los medios, o sea, "ficcionada" por el discurso periodístico, abrió una discusión interesante que era imposible agotar en ese momento.
Al ver lo que sucede en Oaxaca, la manera como un grupo de maestros desesperados, muertos de hambre, se enfrenta a las autoridades. Al releer el informe de la SEP sobre el bajo nivel académico en las escuelas, y escuchar las quejas de la opinión pública, para la cual, si los maestros tienen una vida digna o no, es lo de menos.
Al observar cómo un grupo político se aprovecha de la situación, y la manera como se desvía la atención de las protestas que originaron el problema.
Al advertir el temor general en relación a la ruptura del orden y el estado de derecho, no puedo menos que aceptar que Porzecansi tiene razón: el espesor de la realidad es enorme.

miércoles, octubre 4

Encuentro Internacional de Escritores Monterrey 2006

Encuentro


Va una atenta invitación a las mesas de mañana por la tarde (4:30 y 6:30 pm) en las cuales participaré. La cita es en el auditorio del Museo de Historia Mexicana. La programación completa está aquí:

Programa

Posdata: Nuestro querido Ricardo Yáñez habla de reciente reunión etílica con Una Servidora en su columna de hoy en La Jornada.

martes, octubre 3

Nadie es profeta en su tierra

No puedo decir que la película "Así", de Jesús Mario Lozano, haya tenido mala acogida en Monterrey. Tres semanas en cartelera demuestran lo contrario. Sin embargo, la crítica de nuestros paisanos fue más bien desfavorable.
Agrego aquí un artículo de Rafael Aviña, aparecido en el periódico "Reforma" el domingo pasado, y un comentario del conocedor y crítico regiomontano Pepe Quintanilla:
'Así' se hace cine
Para los que apuestan por un cine mexicano distinto e inteligente
Rafael Aviña
Ciudad de México
(29 septiembre 2006).-
El debut del joven cineasta regiomontano con Doctorado en Filosofía Jesús-Mario Lozano, es, endefinitiva, una de las más gratas sorpresas que el cine mexicano ha deparado en este 2006. Su película-experimento, titulada simplemente Así (2005), es así de contundente en la exploración de una juventudasfixiada en las cuatro paredes de una sociedad de doble moral y valores confusos que impone y comercializa sexo, imágenes y cualquier asomo de esperanza.
Lo que más sorprende no es tanto su compleja y al mismo tiempo sencilla puesta en escena: la gran mayoría de las escenas suceden en planos fijos de 32 segundos que ocurren justo a las 23 horas con 32minutos en la vida de Iván (Roberto García Suárez, toda una revelación), que rematan en un fundido en negro, sino la universalidad de su propuesta argumental, en donde aparentemente no sucede nada ¿Qué tanto se puede vivir en 32 segundos?, y, sin embargo, resulta un fiel y doloroso reflejo de una juventud, cuyos intentos de introspección chocan contra un muro saturado de falsedad y basura visual.
La traición, la amistad, el desconcierto, el miedo, el deseo y la incertidumbre que viven los adolescentes son el microcosmos de Iván, quien trabaja en una librería y cuyo mejor amigo es un entusiasta invidente (Cantú) que estudia Literatura –Iván lee para él–, que le regala una cámara de video, que no sólo le sirve para conectarse con el mundo exterior, sino con una pareja de performanceros callejeros (David González Zorrilla y Almaguer), que lo introducen en un extraño triángulo de sometimiento y caos sexual.
Así es una película dura, difícil, arriesgada, valiente y original. Un ejemplo de que puede hacerse cine en México con recursos mínimos y sin apoyos, pero con inteligencia y contundencia dramática. Un relato que nos enfrenta y perturba, y a su vez es capaz de mover emociones y encender debates.
Así
Dirección: Jesús-Mario Lozano
Con: Roberto García Suárez, Oliver Cantú, Berenice Almaguer.
Copyright (c) Grupo Reforma Servicio Informativo
* * *
Rafael Aviña es uno de los mejores críticos de la ciudad de México, muy informado y excelente investigador.
Su opinión, la cual respeto mucho y con frecuencia coincidimos, es también altamente valorada.
Sus comentarios sobre ASI han sido excelentes y justos.
Pepe Quintanilla

domingo, octubre 1

Domenica (el extravío)

Rara experiencia la de imaginar, fantasear, creer que hemos perdido algo o a alguien. Una muerte. Y sin embargo todo sucede aquí, dentro de la que llamamos Yo Misma. En lo profundo de esta multiplicidad. En el espíritu que de pronto se desarmoniza, alejándose del cuerpo. También en el cuerpo. Ahí sobre todo.
Perder es perderse, desdibujarse, desubicarse: la brújula desaparece, el contorno. Yo Misma no sabe quién es, se derrama sobre el piso. ¿Cómo es este ánimo?, me pregunto porque deseo aterrizarlo y enseguida explicárselo a alguien, alguien, alguien. Un trozo de humanidad.
Sabes que la cocina está a unos metros de la recámara, estás totalmente segura de que, si das un paso detrás de otro, llegarás allá en un segundo. Pero una fuerza contraria te lo impide. Y si sucede esto es porque no estás en la recámara, sino perdida.
Decidí ponerme a leer la tercera entrega de Narrativas que recién había enviado Magda por mail. Necesitaba pensar otra cosa. Y buscarme. Lo hacemos siempre aunque en ocasiones no lo advertimos: nos buscamos. Y a veces, como sucedió hace un rato, nos encontramos. Una respuesta venida de sabrá Dios dónde. Un repentino encuentro con Yo Misma. ¿Eres ésta?
Es un texto de Cristina Rivera Garza, se llama “La vida, extraviada”. Cito un fragmento:
Perderse para producir el contexto desde el cual es posible atisbar el yo.
Perderse para encontrar una isla de óxido en el tiempo.
Perderse para encontrar, unos treinta años después, el momento de la pérdida.
Perderse para cumplir una misión.
Perderse para encontrar lo que no se buscaba.
Perderse para restar.
Perderse para vivir dentro del Gran Aro del No.
Perderse para desvariar y discurrir y disgregar.
Perderse para perder.
Perderse para decir la vida, extraviada.
-Nos encontramos y enseguida nos perdemos de nuevo -opino.
-Así es esto -agrega Yo misma.
-¿Será el Renacimiento de Leonardo o el mío? -se pregunta La Otra, esa pequeña rata despistada.
-Ambos -murmura Yo Misma y se aleja entre los árboles.
Qué raro todo.

sábado, septiembre 30

De gira

Literespacio / Letras por NL
Por
Dulce María González
El Norte
gira inter-ranchonal 1
Cuando Jaime Villarreal me invitó el año pasado a participar en el programa "Giras de autores de Conarte" me negué, pensando en lo difícil que sería ausentarme del trabajo durante toda una semana.
Este año decidí hacer un esfuerzo, viendo que todo el mundo regresaba transformado. ¿Qué les darán?, me preguntaba, cuando mis amigos escritores comentaban sus experiencias con cara de haber alcanzado la iluminación.
Este programa, promocionado en el Estado con el eslogan "Creadores de Nuevo León en tu municipio", tiene como propósito el fomento de la lectura a través de charlas impartidas por quienes nos dedicamos, precisamente, a leer y a escribir.
La idea es que seamos los propios creadores quienes pongamos nuestro granito de arena, intentando mostrar a la gente de las comunidades un ángulo diferente, tal vez más fresco, o más raro o, digamos, menos rígido o escolar, en relación al placer y los beneficios de la lectura.
Durante esta semana, en la cual anduve de municipio en municipio, descubrí que el entusiasmo de mis compañeros a su regreso se debía en gran parte al sentido de servicio de las presentaciones, conocidas por la comunidad literaria como "giras inter-ranchonales".
En estas giras organizadas por Conarte, muchos de los escritores locales caemos en la cuenta de que a veces pecamos de lo mismo que criticamos por otro lado. Hablo del centralismo, esa idea tan común de que nuestra ciudad es el Estado entero, una perspectiva empobrecedora que nos impide observar la multiplicidad de expresiones culturales de nuestras propias comunidades.
Lo primero que nos sucede en la gira es que nuestro pequeño mundo, formado por jurados de certámenes, personajes del mercado editorial, compañeros escritores o artistas y funcionarios culturales, es dimensionado ante la evidencia de que, en efecto, hay seres humanos dedicados a un sinnúmero de oficios para quienes lo que hagamos o dejemos de hacer los creadores carece de importancia.
Inmediatamente después de este tremendo golpazo al ego vienen los cuestionamientos: si esta gente no tiene la menor idea de nuestra existencia, si difícilmente advertimos nosotros la existencia de ellos, ¿para quién escribimos entonces?
La sorpresa es que la gente de las comunidades está ávida de este tipo de actividades, que los muchachos de las secundarias y preparatorias se interesan de verdad, participan, dialogan, que los maestros piden consejos acerca de autores y libros. Todo un proceso de aterrizaje en relación a nuestra realidad, a nuestras posibilidades y necesidades, y carencias.
En lo personal, me tocó compartir la aventura con Coral Aguirre que, como buena narradora y tal como me sucede a mí misma, no batalla a la hora de ponerse a platicar con la gente de sus anécdotas como creadora y de sus experiencias de lectura. Una mancuerna muy conveniente. Al grado de que muy pronto advertimos que, como a Batman y Robin, a Coral y a mí se nos da salir adelante por medio de la acción a dúo.
Si a ello agregamos las oportunas intervenciones de Jaime Villarreal, experto en sacar del hoyo a creadores empantanados en sus propias elucubraciones, el resultado fue, al menos desde mi perspectiva, alentador.
Los días de gira inter-ranchonal, agotadores, cargados de experiencias, de diálogo enriquecedor con la gente de las comunidades, de conversaciones sin fin en los trayectos por carretera, llegaron a su fin el viernes. Una verdadera confrontación en el sentido de nuestra labor como creadores, sobre todo a la hora de abrir el periódico y enterarnos de los movimientos políticos en el área de cultura, las estrategias y manipuleos protagónicos, la preparación de los grandes eventos, etcétera.
Lo anterior me recuerda una secuencia de la película "Contacto", cuando después de viajar y arribar a un lugar muy lejano (creo que a otra galaxia), la protagonista toma un grano de arena y lo observa con asombro. En ocasiones el sentido de lo que hacemos se nos presenta en lo más cercano a lo que somos, en lo sencillo y pequeño, en lo propio.

domingo, septiembre 24

Domenica

Ando de fodonga. Me la he pasado leyendo y durmiendo, para variar. La inspiración brilla por su ausencia y la disciplina se resiste como cada domingo. Nada interesante en el periódico. Setenta exámenes por revisar. Monterrey, lluviosa. Silvia Plath, más deprimida que de costumbre: desalentadora. Mejor me voy al cine. Ajum.
PD: Mañana empiezo la gira por municipios ("inter-ranchonal", le llama Óscar).
"¿Vas a ir a leer poesía a los narcos?", preguntó mi hermano anoche. Y agregó: "Que yo sepa, en los pueblos de Nuevo León sólo hay eso".
Ya veremos...

sábado, septiembre 23

Malincolia

Bordano
Marijose me pegó la melancolía. Tiene un par de días extrañando Italia, hablando de Italia, buscando imágenes de Bordano en internet. Ayer pasaron El Padrino en A&E y lo vimos por centésima vez. Como nos desvelamos, no fue a su clase (de italiano), pero se puso a enviar mails y a planear desde ahora sus vacaciones de invierno. Para eso sí sirve la nostalgia, le digo, y enseguida la amenazo con lo de siempre: si no cumples con tus obligaciones, olvídate de tu famoso Bordano. Al rato me ganó la flojera (siempre me sucede con los castigos) y nos pusimos a cocinar un espagueti, escuchando música italiana o que tuviera qué ver con. Empezamos con Nat King Cole, a propósito de El Padrino: "That's amore". Enseguida Battista, Battiato, Nomadi, etcétera. Comimos con cocacola (ella) y vino chileno (yo, sorry pero no tenía italian wine) y nos echamos una siestesota.
¿Qué voy a hacer cuando le de por largarse con sus amigas (o novio) por motivos de nostalgia? Supongo que largarme con mis propias amigas (o novio) por motivos de abandono. Así es la maldita vida. Snif.

Una función muy regia

Me encantó la foto en el periódico de hoy. Gente tirada en el pasto durante la función de Aída. Supongo que algunos de ellos etsban realmente dormidos. A esos los llevaron a la fuerza, pensé. ¿Qué habrán soñado?
Alguien por ahí comentó que ese tipo de espectáculos es mejor presentarlos en lugares "formales". Opino lo contrario. La mejor manera de aterrizar el arte, de hacerlo nuestro, es sintiéndonos libres de hacer con él lo que queramos. Dormir un rato no está mal. Tampoco está mal comerse unas hamburguesas al carbón en el intermedio. El problema es la gente cerrada. Más que correcta, me parece gente peligrosa. Son ellos quienes matan las expresiones vivas, las acartonan y las meten a los museos, a donde pocos van.

viernes, septiembre 22

Qué envidia

Mexican style

Mientras en mi colonia los transformadores de luz truenan a diario, dejándome sin computadora y -oh catástrofe- sin internet, mis amigos se encuentran en un bar de Madrid y se la pasan genial. Vivir tan cerca de la futura sede del Forum es lo peor que me ha sucedido en años: se toman toda la corriente para construir sus puentes y sus cochinadas. Oh destino cruel.
Hoy comí otra vez como si viniera regresando de un campo de concentración, será el otoño.
El exceso de trabajo no me ha permitido disfrutar de mis deliciosas e inspiradoras siestas. ¿Cómo quieren que escriba entonces? Si el mundo sigue así, me largo a otro planeta.
Okey, basta.

sábado, septiembre 16

Días de lluvia

Literespacio / Días de lluvia
Por Dulce María González
El Norte

Lluvia

¿Por qué será que con la lluvia nos ponemos nostálgicos? Eso me pregunté el jueves pasado. Por primera vez en los últimos días el Sol asomaba a ratos y el perro estaba desesperado por salir. Si los perros se fastidian tanto en la época de lluvias, pensé, es porque no saben leer.
Tampoco parecen tener la fuerza para salir adelante en semejantes momentos adversos: mientras todos en la casa nos entretenemos viendo alguna película, ellos voltean hacia la ventana, ven caer la pesada lluvia en medio de su depresión. Si los perros supieran manejar, si tuvieran que cruzar la ciudad inundada en plena hora pico, seguramente habría cantidad de suicidios caninos.
El caso es que los humanos del Siglo 21, incluso los muy lectores, por lo regular le sacamos la vuelta a los volúmenes extensos. Y es en los días de lluvia cuando recordamos el placer de los novelones: meternos a leer un libro durante semanas en las que el mundo desaparece de nuestra cabeza, que anda en otra parte, inmersa en otro universo que, al paso de las páginas, se nos convierte en cotidiano.
Para quienes pasamos la vida leyendo es muy común el ejercicio constante del "cambio de mundo". Salimos de un libro el domingo para entrar al próximo el lunes. Vamos con la semana. Estacionarnos en un solo texto nos resulta difícil. A los humanos del Siglo 21 no nos gustan los estacionamientos. Lo anterior significa una gran contradicción, ya que por lo regular nos provoca tristeza terminar los libros que leemos.
El año pasado vi una película que me encantó: "The door in the floor" (Estados Unidos, 2004), de Tod Williams. El lenguaje cinematográfico, muy hollywoodense, dejaba mucho que desear, pero el manejo de la trama resultaba en momentos asombroso.
En su visión pragmática de la interpretación, el teórico estadounidense Richard Rorty nos aconseja hacer a un lado el intento de saber cómo es realmente un texto y nos anima a utilizarlo para nuestros propósitos. En el fondo, lo anterior es solamente una palmadita en la espalda para quienes, como yo, nos andamos buscando en lo que leemos.
Sin embargo, asegura Rorty, hay textos que no se dejan usar. En vez de ayudarnos a conseguir lo que deseamos, nos llevan a "cambiar los propios propósitos". El extraño encuentro con estas historias, con estos personajes, nos reordena, nos reacomoda en el mundo.
John Irving
El caso es que me sorprendió enterarme de que el film de Williams estaba basado en "Una Mujer Difícil" ("A widow for one year", 1998), de John Irving, escritor estadounidense a quien siempre había considerado muy menor, literariamente hablando. Aún así, busqué el libro. Me topé con un novelón de cerca de 700 páginas, mismo que terminé de leer durante las lluvias, feliz de la vida mientras mi perro se moría de tristeza.
Rodrigo Fresán, periodista y escritor argentino y gran admirador de Irving, asegura que sus novelas no se pueden reseñar y que, como sucedió con "El Mundo Según Garp", uno de sus primeros éxitos editoriales también llevado al cine, sólo podemos afirmar que las historias resultan muy "irvingianas".
Por mi parte, puedo decir que "Una Mujer Difícil", cuya primera parte (en la cual se basó la película de Williams) resulta muy superior a la segunda, contiene tres relatos infantiles y sus comentarios, deliciosos recuerdos de la niñez, un viaje a Ámsterdam, un manual de manejo, varias biografías trágicas, una historia de amor, un paseo por el barrio chino de Hamburgo y una serie de consejos para ganar al squash, entre otras cosas extrañas y no menos disfrutables.
Contiene, también (cómo olvidarlo), un terrible momento de angustia: cuando uno de los protagonistas, Ted Cole, le cuenta a su hija Ruth, mientras maneja por primera vez el automóvil de su padre, la forma en que sus dos hermanos murieron en un accidente automovilístico antes de que ella naciera.
Al final, la polémica de si Irving es o no un autor comercial pasa a segundo plano cuando afuera llueve y una se echa a caminar entre esa gente a la que le suceden eventos extraordinarios, felices o terribles que nos cambian los propósitos y nos provocan sentir que, para los humanos del velocísimo Siglo 21, todavía es posible estacionarse en un libro.

miércoles, septiembre 13

La otra es una taza vacía

Ella, la otra, anduvo buscando a sus antiguos amigos. Yo estaba dormida.
Partió del Coleccionista de huecos hacia Rizomas, ahí leyó un par de entrevistas a Félix Guattari, algo sobre la contracultura a través de la historia y salto a la página del Perro Cansado, que esta semana habla de música y de viajes. Después el Puerto Asterix, el Aldán y descanso en Apostillas. Enseguida Lefty y de nuevo al Coleccionista. Uf, qué viaje.
Mientras tanto, yo soñaba en los textos que me alimentaban antes y me provocaban escribir. Preparar un cafecito antes de encender la computadora. Beberse los diarios de otros. Descubrir en ellos ese brillo tan común y corriente de lo cotidiano. Yo me retorcía entre las sábanas mientras ella, la otra, comía un sándwich de queso fresco con germinado de alfalfa (anda en su época saludable).
Pero ella, la que no duerme, no encontró a nadie. ¿Será que el vacío lo lleva dentro?
La otra, la que no duerme y siempre está escribiendo, anda buscando la manera de que su sándwich le llene el vacío de la panza. Es muy romántica y muy cursi en esto de la literatura. No despega nunca. No aterriza. Como hoy leyó a Guattari, anda con la idea de que es una máquina deseante, la muy ingenua.
Fue en julio cuando encontró alguna forma de amplitud. Durante una semana no salió ni a la esquina. Comía pescado a la plancha acompañado de una copa de vino. Veía las películas que nunca quiso ver. Leía. Entonces se puso a escribir y la sensación era la misma de cuando cocina. Todo el gozo en el verde de las hierbas con las que sazona los platillos, en los cortes precisos sobre el tomate o la zanahoria. El mundo compacto en las palabras. Los olores de la vida intensos sobre la estufa.
Pero nada dura para siempre, la prueba es que muy pronto se vació de nuevo y aquí está, buscando reinventarse mientras yo duermo.
Que la otra le pare de una vez a sus manías, a sus intentos de llenarse de algo. Yo estoy cansada, dormida.

domingo, septiembre 10

Domenica

Abrir las persianas para que entre el sol. Música, un cafectio, pedir cigarros a la tienda. Ignorar el desorden que se va a cumulando alrededor. El Miki se echa a mi lado, me observa, me sigue a todas partes. De pronto, cuando lavo los platos o abro el refri para sacar la leche, me doy cuenta. Y es como si la puerta hubiera estado siempre ahí.
Hace un par de noches me quedé hasta muy tarde. Estaba en otra parte. Mis dedos se movían en automático sobre el teclado. La puerta no se cerró. Apenas me quedé dormida, la novela siguió. Soñé con los personajes. Los domingos esas realidades se confunden padre y acaban muy fusionadas.
Bueno, ya.
Hoy cumple años Jesús Mario.

sábado, septiembre 2

Comentario de la que escribe (o más allá de la política) (o más acá en lo literario)

Es un hecho singular que los creadores, aún los muy solitarios y supuestamente independientes como yo, ocupamos coordenadas. Tú eres mi norte, C, la mirada que me provoca no sólo escribir, sino hacerlo lo mejor posible. Siempre hay por ahí una admiración, el deseo de que un par de ojos se detenga en nuestro texto. De otra manera nos perderíamos. Sí, ya sé, es una declaración de amor. Son años con lo mismo. Hoy ando cursi.

Y encima lo de Plutón

Literespacio / Y encima lo de Plutón
Dulce María González
El Norte
Últimamente ando como llanta desinflada y no es para menos. A las ofensas habituales por parte de escritores fracasados fue necesario agregar el desencanto de ver cómo el proyecto de cambio político se va convirtiendo en aberración.
Los reclamos de los primeros días, signo de impotencia y necesidad de defenderse de alguna forma ante el presunto fraude electoral, se transformaron en declaraciones disparatadas, locura, descontrol y, finalmente, en amenaza a la estabilidad del País.
Muchos de quienes teníamos esperanzas en AMLO vemos con tristeza quién era él en realidad: una persona impositiva, irrespetuosa de las instituciones que lo llevaron hasta donde se encuentra ahora. Una se avergüenza de haber argumentado a su favor por todos lados. Sin embargo, ¿qué logros pensábamos obtener de una democracia inaugurada hace seis años?
Era de esperarse que intentar el equilibrio de poderes, que implicaba el debilitamiento del ejecutivo en un sistema político habituado al presidencialismo, aunado al derrotismo e incapacidad de nuestro actual presidente, darían por resultado el vacío de poder en el que tan quitado de la pena se acomodó AMLO, representante venido a menos de nuestras esperanzas.
Para muchos de nosotros la decepción es profunda, ya que seguimos pensando que nuestro País necesita un cambio de rumbo. El viraje democrático, desde y hacia dentro de las instituciones que, al parecer, en AMLO era puro discurso, puras ansias de poder, en la realidad sigue siendo una necesidad urgente.
La tremenda desigualdad social, la discriminación, la falta de oportunidades para la gran mayoría exigen una reflexión profunda de nuestra parte y un consecuente cambio de actitud.Y mientras este reconocimiento de nuestra realidad y esta apertura hacia nuevas opciones no se den en la conciencia de la mayoría, los cambios que requiere el País nunca se llevarán a cabo en los hechos.
¿De qué le sirve a México el "fake show" al estilo lucha libre que actualmente tiene tan ocupados a nuestros políticos? Por mi parte, la idea de continuidad me revuelve el estómago y la actitud de AMLO me enferma. Pura decepción, pura sensación de impotencia. Y encima nos salen los científicos con lo de Plutón.
No se trata únicamente de que los niños tendrán que poner "una pelotita menos" en sus maquetas del sistema solar, como se ha comentado en los medios. El problema es que, encima del caos político de nuestro País, de las guerras y los abusos de poder en el mundo, la imagen que tenemos en la cabeza de nuestra ubicación en el universo se ha movido de pronto, dándonos un pequeño pero efectivo revolcón. ¿Para qué otra cosa sirve una maqueta, o un mapamundi, sino para que el niño entienda dónde está parado?
Los científicos intentaron aminorar el golpe diciendo que se trata de un planeta enano, argumento con el que no todos ellos están de acuerdo. Y para calmar la angustia de los amantes del orden universal (me incluyo), algunos comentaristas de la televisión salieron con la novedad de que un sol enano es de todos modos un sol y un enano no deja de ser una persona. Se ve que no tienen idea de lo que es políticamente correcto y lo que no.
Por su parte, a los apasionados y dinámicos terrícolas nacidos bajo el signo de Escorpión les sucedió lo que a muchos de los mexicanos que votaron por AMLO: se quedaron sin planeta regente.
En descargo de todo lo anterior, la tragedia griega nos muestra que las piezas caóticas del rompecabezas terminan siempre reacomodándose en un nuevo orden. ¿Y qué hace una cuando las piezas con que cuenta son indeseables todas, piezas de segunda? Supongo que reacomodarlas de todos modos. El cómo hacerlo es ya otra cosa, un caso para La Araña.
Por lo pronto, y en tanto el caos político se nos viene encima, me marcho a escribir mis órdenes y desórdenes imaginarios. Otros tendrán que marcharse a la escuela, a la fábrica o a la oficina. Mientras no terminemos de acabar con él, el mundo sigue rodando y no hay de otra.

viernes, septiembre 1

Todo se desinfló, afortunadamente

Parece ser que el país sobrevivió a los eventos de hoy. Nadie llevó las cosas a sus últimas consecuencias. Ni López Obrador se aventó a tomar medidas verdaderamente radicales, ni los panistas respondieron a las agresiones de la bancada del PRD en el Congreso.
Lo que no deja de dar coraje es la actitud de Fox. Los panistas son así, ñoños, mochos, creen tener la verdad en la mano. ¿No se da cuenta el Señor Presidente que la gente está desesperada, que se iría con el primero que le ofreciera algo? La actitud de AMLO deja mucho qué desear: tiradote en el estrado, diciendo: "que se queden con sus instituciones, con sus soldados". Más que preocupación, el señor ya da risa. Pero creer que el único problema de México es AMLO es lo peor de la ceguera de Fox. El verdadero problema es la situación de pobreza extrema de la mayoría de los mexicanos. No se podía esperar más de un panista ex director de Coca Cola.

Crónica de una tarde de verano

La niña estaba contenta.

Viaje en la ciudad (a gusto)

La mamá, enojada.

Viaje en la ciudad (mal humor)

El día, raro.

Viaje en la ciudad (día raro)

Mientras tanto, en casa,

Vida de perro (ajum)

ajum...

miércoles, agosto 30

Mañana

Exposición

Fotografía

Carlos Flores, Dulce Lozano Pepi, Lucero Montes

Jueves 31 de agosto
8:30 pm
Galería El Zaguán, Jardón 915 Ote.
Barrio Antiguo

sábado, agosto 26

Gallina desplumada

Leticia Damm envió el discurso con el cual Albert Camus recibió el Nóbel. Dice, entre otras cosas, que "el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren". ¿Será que de verdad es posible poner la literatura al servicio de algo o de alguien?, ¿quién en este momento tiene la fuerza para manipular algo que no le pertenece del todo?, ¿no es una obviedad decir que la literatura no está del lado de los que hacen la historia? Qué cerrazón y qué soberbia.
Cuando leo este tipo de declaraciones, cuando veo de qué manera los escritores de mediados del siglo pasado se ponían a "definir" asuntos como "el papel del escritor", me alegro de no haber participado de ese tiempo. Afortunadamente, nací el año en que le dieron a Camus el Nóbel. Para cuando tuve uso de razón, como dice mi mamá, ya se cuestionaba el dogmatismo de los sesenta, gracias al cielo.
Y luego ahí está Günter Grass, confesando estupideces que hizo a los 17 que a nadie le importan excepto a él, que anda viendo la manera de vender su nuevo libro, ya que nadie voltea a verlo. Mucho más terrible me parece la felicitación de Borges a Díaz Ordaz después de lo de Tlaltelolco. Bien calladito que se lo tenía. Y sin embargo sus cuentos y poemas siguen siendo geniales. También los monstruos escriben, señor Camus, nadie ocupa sus definiciones. Si todavía viviera, ya se lo hubieran comido vivo los posmodernos. En fin.
En cuanto al tema del gallo, no es tan fácil cantar, mucho menos cuando una es gallina y, para colmo, desplumada.
Algo tendré que hacer al respecto...

A propósito del tema

Salvador Díaz acaba de escribir esto en su nick: “Siendo las 00:17 hrs del sábado 26 de agosto doy formalmente terminado Anónimos a través de 3 años, 3 países, una embajada –y falta barniz.” Pues ¡¡Felicidades!!
Eso me recuerda que tengo que seguir cantando al sol y adelantarle a lo mío.
Bueno, bye, kikirikí...

Viernes (cantarle al sol)

Hoy a medio día comí pescado y arroz blanco. Estaba muy rico y quizá por eso no paré hasta que me dolió la panza. Como quería escribir en la noche, dormí una siesta de dos horas. Para recuperar fuerzas.
Soñé en lo de en medio. Ni el principio ni el fin. Cuando desperté me di cuenta de que la vida y las novelas son así: lo de en medio.
Me volví a dormir y soñé que me andaban buscando, como para darme algo. Pero cuando me encontraron se dieron cuenta de que era una "bárbara", o sea, un ser nada civilizado. Como que el jefe les dijo por radio que no importaba. ¿Me andaré psicoanalizando en sueños o será que a mi inconsciente le dio por echarme porras?
Este es un caso para La Araña.
Más tarde vino Pache y dejó muy claro lo siguiente: lo que hace que alguien siga viviendo es la vida misma. También me contó la anécdota de siempre sobre los gallos. Es de Jung:
Los gallos cantan al sol y no saben por qué lo hacen. Un buen día toman consciencia y se preguntan: ¿por qué canto al sol? Hay un impulso que los lleva a hacerlo, algo que está en su naturaleza, y además les gusta, les provoca sentirse bien. Para justificarlo, inventan una explicación medio zafada. Después la consciencia provoca que los gallos se organicen en sociedad y eso, a su vez, provoca la prohibición de que canten al sol, ya que es una pérdida de tiempo y no tiene sentido práctico hacerlo. Entonces los gallos empiezan a soñar que cantan al sol.
Conclusión: hay que cantar al sol.

viernes, agosto 25

Los minúsculos pecados del antojo o el deseo es un viaje en la poesía de my dear Óscar

Fue toda una experiencia volver a leer los primeros poemas de Óscar. No los primeritos, sino los que siguieron a éstos. Paréntesis: los primeritos son los poemas con los que ganó su primer premio, el de la Uni. Los recuerdo llenos de fantasías eróticas (qué raro) y por debajo, por detrás, por un ladito el amor como un misterio. O quizá sucede que el amor como un misterio se colaba entre las grietas de palabras, entre las imágenes.
Me gustan los poetas que te meten imágenes a la cabeza y después no hay cómo sacarlas de ahí. Saltan de pronto como sapos, como arañas peludas a mitad de lo cotidiano. Una imagen que no puedo borrar de esa primera serie es la de un hombre desnudo, colgado del techo con unas cuerdas. Tengo entendido que había otro por ahí, torturándolo. Daba la sensación de que el colgado no estaba sufriendo tanto que digamos.
El caso es que después de aquella serie del premio de la Uni, a Óscar le dio por el circo. Literalmente. Recuerdo que fue un cambio drástico. Imágenes de leones saltando a través de aros de fuego, payasos golpeándose alternadamente con un martillo, trapecios y trapecistas, redes por todas partes, el público silbando o aplaudiendo y todo aquello por la necesidad primeriza de decir la pasión, de contar el viaje que ocurre casi siempre sobre una cama.
Hace un par de días los volví a leer. ¿Los trabajaste mucho?, le pregunté. No, respondió, así los dejé, como quedaron en ese tiempo. La verdad, no los esperaba tan claros al decir. Los recordaba más abigarrados, más caóticos. Entonces advertí que era por el giro que había dado Óscar en aquel momento y quizá, también, porque ahora estoy mucho más familiarizada con su estilo, esa manera que tiene de llegar a la emoción por caminos extraños que generalmente echan mano de lo absolutamente sensorial, de la imagen táctil. “Como equilibrista mi sombra sostiene tu cuerpo / una navaja entre los labios / el sudor golpea a mitad de la cuerda / y caemos. / El placer es una red abriéndose con los poros.” O este otro, donde el abandono hace su aparición: “Recorrí las butacas en busca de mis pasos / Saqué todas las jaulas / las bocas de los animales / y ese hocico que formó la multitud / Pero tengo que mi sombra / no está / Ni las plumas ni el alambre”.
Un poco más adelante Óscar inició una época, digamos, canina. Un perro callejero recorría la ciudad en sus textos y por supuesto que vivía sus aventuras, sus cogederas, su temor de que se lo llevaran a la perrera o lo mataran. El mundo visto desde esa altura, a partir de ese ángulo. También de esa época tengo mis imágenes. Óscar provocaba que viéramos con los ojos del perro, que anduviéramos por ahí, olfateando en la basura, deleitándonos al meter el hocico entre los condones o las medias de las putas. O que hiciéramos nuestros corajes cuando la dueña de una perrita de casa nos descubría en la movida y nos agarraba a escobazos.
¿Por qué ese dolor en los textos?, me preguntaba entonces, ¿por qué tan hondo? “Caminé la ciudad. Las montañas. El hambre entera. Atravesé el abandono una y otra vez y justo en el pico del atardecer volvía a encerrarme. El miedo. La suite cancelaba sus puertas y ventanas y por entre las comisuras brotaba. / Crecía entera esta duda. / Esta promesa maldita de camionetas recogiendo vagabundos. Inyectándoles la muerte. / Toda la sangre en un momento coagula su mal, su fluir preso de la transparencia.”
Al releer, después de estos años, los poemas del perro, entendí el motivo por el cual la lectura de “Desgracia”, de Coetzee, le pegó a Óscar tan duro. Son los perros de Coetzee, me decía al repasar los poemas, los mismísimos perros callejeros. Qué cosas.
Después llegaron los contrastes. En “Poemas para subir una escalera”, por ejemplo, es la sencillez, las palabras claras como una gota de agua. Se trata, citando a Óscar, de “gotas de sudor que se alargan como trenes”. Sin embargo, un poco más adelante las atmósferas explotan de nuevo. En “Poemas para terminar friqueado”, Jean Cocteau dialoga con Basquiat y Jacques Derrida aparece en esa fotografía del periódico.
Uno de los momentos que más me gusta de esa serie es cuando, afuera del MOMA en Nueva York, frente al carrito de hot dogs, al poeta se le antoja una imagen. Hay otros textos en los cuales, como sucede en el titulado “Cois”, se logra un equilibrio interesante: la velocidad se une a la experiencia del momento, a la movilidad que de pronto se detiene en una imagen final que lo abarca todo y lo suspende: “largas mujeres / de cabellos lacios / llenas de cal / endurecidas / subían por tus bosques / junto a tu lago / estallaban / los peces / las aves / y los blancos corales / rechinaban / se hacían astillas / el grito de saliva / retorcía el barro / y se hundían / las sombras enlodadas / en tu orilla”.
En la producción más reciente de Óscar David el erotismo ha ganado profundidad. Hay momentos en que estalla la claridad del instante, esa manera en que la poesía de Óscar logra que las emociones se desprendan de la carne. La sensación, táctil, abre grietas hacia los espacios internos a donde huye el sujeto en la exploración de sí mismo. Como si se tratara de una aventura cuerpo adentro: “y es tu sombra mi deseo, / una parla husmeando tu fundillo / abriendo el jugo / para tocar / la aceituna entre tus llamas…”
Los cuerpos son puentes entre las almas separadas, una manera de acceder a lo otro, a lo absolutamente desconocido, al misterio de quien se desea poseer: “Quizá ya sin ropa / los cuerpos sean una plataforma / una mesa de centro…” Y sin embargo, el secreto se resiste y el otro permanece en su calidad de sombra, de fantasma: “Soy el rey erguido / sobre mi propio antojo. / Y aún así, me saltas. / Huyes del tablero.”
El perro reaparece de nuevo, pero ahora es una manera de moverse en el deseo, un asunto de estrategia a mitad de esa guerra de conquista de los cuerpos: “incluso ahora / avanzo en la búsqueda / temeroso de su mordida / incidental contagio: / perro haciéndose el dormido…”
Hay en estos últimos poemas un deseo de que el deseo mismo quede ahí, detenido, eternizado. Y detrás la angustia, el temor de que algún día pueda suceder el fin del deseo, la necesidad urgente de que no se acabe nunca, que permanezca como alimento, sostenido ahí, suspendido en las palabras que suspenden el momento: “nuestro delito un tumor en el ovario del deseo, / una mancha eréctil en la sonrisa, / en la aprehensión / de no tocar / de no amanecer / de no liberarnos…”
Y siempre en los cuerpos, más allá de los cuerpos esa búsqueda del amor como respuesta a la soledad, o acaso como huída del cautiverio de permanecer siempre con uno mismo, en el aislamiento interno más absoluto, donde no hay respuesta posible, ni compañía posible, ni amor que valga. De ahí el arranque de uno de los poemas más logrados de Óscar hasta el momento, un texto en el que es posible advertir que hay ya, aunque breve, un camino recorrido, una experiencia con la palabra, acaso con aquello que es necesario sacar a la palabra a como dé lugar. Hablo de el poema: “El buscón quiere flotar (y no flotar)”: “es por amor que el buscón indaga en las grietas de la fiesta, / en el sudor del vaso / y en la mancha del terrón: / su solapa es el costado de un camino donde el ángel avanza, / el espejo / su hit; / es un pasión de coca que no lo habita, / que no lo señala cual clave del frío: / él permanece de bruces / y con la mirada / se vuelve arpón / sobre los rosales: / sabe de las espinas que para él aguardan, / el jardín que no está a su lado / es una vulva / una noche adonde él entra / traicionado por su sombra / atraviesa la ciudad / en epidemia / y regresa una vez más / solo…”
Y sin embargo, el buscón a veces encuentra, como sucede en el poema “Enamorado en Kylie”, que se interna en el instante del deseo y hace una síntesis de las realidades que conforman ese instante: la Minogue en la pantalla, la quimio, la ausencia de su seno izquierdo, las múltiples ventanas del chat como metáfora de tantas realidades empalmadas, superpuestas, mientras en la disco, dos se enamoran. Extraña atmósfera la del cáncer para entrar al deseo. El amor como abanico.
Por último, en “Niño embarazado”, más allá de la alusión a Julio Galán, o quizá más adentro en la lectura personal que realiza el poeta de esa imagen, el amor provoca el deseo de un tercero, algo o alguien naciendo desde el corazón, una prolongación de uno mismo desde el primer escenario edípico y a partir de los recuerdos de la infancia.
¿Por qué existe la poesía, la necesidad de escribir?, ¿por qué motivo nos embarcamos en esto y ya no lo soltamos, ya no podemos, así nos agarren a patadas?, ¿por qué dedicar la vida, tan valiosa ella, la única que tenemos, a escribir, como si no hubiera otra cosa en el mundo, otra actividad, otro camino?, ¿por qué gastarnos los días, los años?, ¿por qué arriesgarnos a tanto, si bien sabemos que, lo dijo Pessoa, la lengua en la que escribimos desaparecerá sólo un poco después que nosotros, y las cosas de las que hablamos no tendrán sentido? Seguramente esto es una enfermedad, me dije cuando preparaba este texto, y de pronto recordé uno de los poemas de Óscar, “Los contagiados”. Sí, pensé, en efecto, si regresamos una y otra vez a la escritura, si lo hacemos a pesar de todos y de todo, a pesar de nosotros mismos, ha de ser porque sufrimos algún tipo de contagio: “vuelven callados / porque saben que en un vaso de agua / en una ventana / está el desprendimiento / la fuga / bajo los árboles / el verbo / iluminando / su rostro / ánfora repleta de monedas / sin embargo / siempre / entre las piernas / el sudor / y las bestias / exprimiéndolos / directo / al paladar / como quien vence / y a la vez muere / intermitente / detrás de las cosas / de este mundo / de esta boca…”

lunes, agosto 21

Este jueves

Lectura de poesía de Óscar David López.
Lugar: Galería Regia.
Fecha: Jueves 24 a las 8 pm.
Presenta: Yo mera.

Óscar David

domingo, agosto 20

Así

Tiene 'Así' nutrida función
Por Héctor Rosas
El Norte
En una sala completamente llena y con gente en los pasillos, la película regia Así tuvo su primera exhibición en México después de haber estado en la selección oficial de la Semana Internacional de la Crítica del Festival de Venecia.
La noche del viernes, el director Jesús Mario Lozano, acompañado de sus productores y elenco, presentó la cinta, que tuvo una exhibición especial en el Festival Internacional de Cine de Monterrey, que concluyó anoche.
"Muchas gracias por estar aquí, es un día importante para nosotros", expresó el realizador, quien antes de hacer más comentarios presentó a los protagonistas de su historia: Roberto García, Óliver Cantú, David González y Berenice Almaguer, y a los productores Óscar Montemayor y David de la Peña.
Antes de la proyección, la ceremonia fue breve, ya que los realizadores prefirieron esperar a que concluyera la función de las 21:00 horas para hacer una sesión de preguntas y respuestas al final.
En el momento en que el nombre de cada uno de los actores fue mencionado, el público respondió con ovaciones y gritos, pero los más estruendosos fueron para Óliver Cantú.
Ante el lleno que registró la función, algunas personas prefirieron esperar en el lobby del cine a que terminara para felicitar a los realizadores.
Aunque estuvo fuera de competencia, Así fue la película que mayor asistencia registró durante el Festival Internacional de Cine de Monterrey.
Así entrará a la cartelera comercial a partir del 25 de este mes.

sábado, agosto 19

Pequeños seres humanos

Literespacio / Pequeños seres humanos
Por Dulce María González
El Norte
La vida secreta de las palabras

El jueves pasado llegué a la taquilla sin una idea en especial, dispuesta a ver lo que hubiera. En la Ciudad se realiza el Festival Internacional de Cine y no había tenido oportunidad ni de asomarme.
Me encontré con que ese día se proyectaba en esa sala el largometraje "El cielo dividido", de Julián Hernández, que estaba en competencia y, por lo que había podido enterarme, había causado gran expectativa. La otra opción era "La vida secreta de las palabras", de la catalana Isabel Coixet, y con producción de Agustín y Pedro Almodóvar. Me decidí por la segunda.
En primer lugar, porque se trataba de una directora de quien había escuchado comentarios interesantes y no había tenido oportunidad de ver su trabajo. Además, la cinta está protagonizada por Sarah Polley y Tim Robbins, quien nació el mismo año que yo y cuyo trabajo como director, actor y escritor me encanta.
Por último, el título alude a las palabras, lo cual resulta muy atractivo para una escritora fetichista como yo.
El caso es que "La vida secreta de las palabras" resultó ser toda una experiencia. La historia es sencilla: una mujer es llevada a una plataforma petrolera para que cuide de un trabajador accidentado que ha perdido temporalmente la vista.
El accidente ha provocado que esa plataforma situada a mitad del océano sea habitada por unos cuantos. El cocinero, el mozo, dos o tres trabajadores, un oceanógrafo, dos pequeñas plantas sembradas en latas de metal, una oca. Todos los personajes se han alejado del mundo por algún motivo de peso y permanecen aislados en ese pequeño espacio, golpeado por 25 millones de olas.
En medio de aquella atmósfera de soledad, de desamparo, las vidas de esos solitarios se van comprendiendo a partir de gestos mínimos, detalles que en otras circunstancias hubieran pasado desapercibidos.
La sensación sobrecogedora de que el mundo es demasiado vasto para el ser humano, lograda a partir de tomas abiertas de la pequeña plataforma bajo la tormenta, solitaria en la inmensidad del mar, me recordó cintas como "Metrópolis", donde los pequeños humanos semejan hormigas al subir una escalinata de dimensiones titánicas.
O aquellas películas de ciencia ficción como "2001 Odisea del Espacio", de Kubrick, cuando la pequeña nave espacial es apenas un insecto en la esquina de la pantalla, ocupada en su totalidad por la extensión insondable del universo, al tiempo que escuchamos música de Stravinsky.
Es en esa atmósfera de abandono, y una vez que se ha dimensionado el verdadero tamaño del hombre, donde las palabras hacen su aparición. Tanto la historia del hombre accidentado, como de la mujer que lo atiende, aparecen detrás de las palabras que pronuncian de pronto, a partir de un gran esfuerzo y de una situación de intimidad inevitable.
El texto es manejado de manera muy inteligente por parte de Coixet, quien logra mantener la historia en la frontera, de manera que la cinta jamás cae en el melodrama o la manipulación.
No es que las palabras logren curar las heridas o aminorar el dolor de un alma atormentada, es simplemente que se convierten en un puente, un lazo capaz de conectarnos con otro ser humano y compartir lo incompartible, lo que no se dice al decir, y que el otro, no obstante, es capaz de comprender.
El caso es que, desde que leí hace un par de años "Velódromo de Invierno", de Juana Salabert, no me daban un golpe tan fuerte y tan certero. Con este tipo de obras una recuerda dónde está parada. Y de pronto una ve el propio camino ahí, hermoso y terrible, y una toma conciencia de que es necesario caminarlo.
Caminar nuestro camino. Porque a veces, esa obsesión por las metas no nos permite ver ni qué piedra estamos pisando, mucho menos nos deja advertir el paisaje o de qué color amaneció el cielo.
Y mientras, aquí ha terminado el Festival de Teatro y transcurre el de Cine, mientras a Monterrey viene tanta gente, tantas obras y películas a recordarnos la complejidad de lo que ocurre en el mundo y en nuestra existencia personal, el país entero se debate entre el negro y el blanco, dependiendo del punto de vista de cada quien y a partir de un fanatismo en el que los extremos se vuelven idénticos.
En medio de la locura y el desorden acaso sea bueno para nuestras almas distanciarnos un poco, acudiendo al cine o al teatro.

viernes, agosto 18

Así

Hoy, en el planeta Tierra

Estoy escribiendo.
Hoy es viernes y el sol se ve medio asesino desde mi ventana.
Seguramente hace calor afuera.
Ajum.

Las fotos salvadoras

Todo el día tuve ganas de suicidarme, de esas veces.

Fui a ver una película del Festival y me dieron más ganas.
Después fui a dar una charla sobre herencia cultural y enseguida a tomar una cerveza con un amigo: la urgencia se volvió insoportable.
Entonces vi unas fotos que Malena publicó aquí y pensé: mejor mañana.

Hace años, cuando me venían esas ideas, Pache soñaba que se lo comía un tiburón. Anoche Marijose soñó que me iba para siempre de la casa. El caso es que se pasan a mi cama y no me dejan dormir.

Aquí estoy con Luis Aguilar:

Luis y yo

Bueno, ya, basta de tragedias baratas.
Mañana es viernes.

miércoles, agosto 16

Este viernes

Así

"Así (32 segundos)"
de Jesús-Mario Lozano


Este viernes 18 de agosto en MM Cinemas Tec (Av. Garza Sada)
Funciones: 4:00 6:30 9:00 pm
Festival Internacional de Cine de Monterrey

martes, agosto 15

Los límites de la interpretación

¿Cuáles son entonces las fronteras que permiten que un texto nos diga algo? Una de ellas es el contexto. En la descripción objetiva de una calle, por ejemplo, lo más seguro es que la palabra "tráfico" se refiera a los carros y no a las influencias políticas o al narco. He ahí una frontera semántica.
En una de las generaciones del Centro de Escritores con las que me tocó trabajar, los becarios se pusieron a crear sus propios términos, de manera que en el contexto del taller, "luisaguilarear", por ejemplo, significaba complicar la estructura de las frases, ya que uno de los becarios, mi querido Luis Aguilar, suele escribir así. Fuera del contexto de esa generación de becarios, el término no significaba nada.
Por cierto que, cuando alguien se salía de contexto en su escrito, los demás lo señalaban con el término: "tirar pal monte".
El caso es que moverse dentro de ciertos límites o reglas es uno de los retos de la creación artística. Curiosamente, el segnificado se abre a lo universal, a lo amplio y válido para una gran mayoría, cuando logramos profundizar en lo personal, en lo local.
Bueno, ya.
Bye.

Escribir es un misterio hermético

Umberto Eco

Nunca se me había ocurrido pensar en la relación que existe entre la herencia gnóstica y hermética, y nuestras ideas acerca de los textos literarios. Hasta ahora, cuando me puse a leer un libro que tenía pendiente: “Interpretación y sobreinterpretación”, de Umberto Eco.
Siempre me ha gustado la crítica (de teatro, de cine, literaria), precisamente porque me pone a descifrar signos. Escudriñar en el texto como si éste fuera un misterio por develar, algo que ni el mismo autor sabe que escribió, que el teatrista ni se imagina que dijo.
La “lectura” de signos es labor de investigador. Me gusta tanto, que si no hubiera sido escritora seguramente me hubiera dedicado a la criminología o andaría leyendo las cartas del tarot. Leer es algo que me encanta: nos mete al centro del misterio.
Cuando estoy del otro lado, escribiendo, no puedo evitar pensar que no tengo idea de lo que digo. Me imagino escribiendo en códigos que desconozco y de pronto siento que me convierto en médium. A veces hasta me alucino que escribo "en lenguas".
Humberto Eco asegura que en esta manera tan compleja de pensar la lectura y la escritura hay una raíz gnóstica, hermética, que nos provoca conceptualizar los procesos partiendo de la idea del secreto en esas doctrinas y nos lleva, entre otras, a la conclusión de que el autor no sabe lo que dice, porque el lenguaje habla en su lugar.
Por otra parte, para salvar al texto (su significado infinito), “el lector tiene que sospechar que cada línea esconde otro significado”, ya que las palabras, “en vez de decir, esconden lo no dicho”. Por lo tanto, “la gloria del lector es descubrir que los textos pueden decirlo todo, excepto lo que su autor quería que dijeran".
Por último, “el lector real es el que comprende que el secreto de un texto es su vacío.”

Qué hermosas ideas las nuestras, pienso, qué complejas e interesantes. Me gusta que los pensadores se pregunten qué fregados es el pensamiento o por qué pensamos como pensamos. Al contrario de muchos de mis colegas, me encanta el siglo 21, los pensadores posmodernos, la deconstrucción, los filósofos marxistas-lacanianos, los marxistas-nietzscheanos, este libro de Eco que, de manera tan clara, nos recuerda que no hacemos otra cosa que reproducir las ideas de siempre.

domingo, agosto 13

Dijo el destino que siempre no

(Toma de conciencia de la que escribe)

* No he forrado los libros de Marijose.
* No hay nada en el refri.
* La casa está patas pa arriba.
* No hay ropa limpia.
* Tengo pilas de trabajo (del remunerado).
* El carro está a punto de echarse (no lo he llevado a la afinación).
* Se descompuso el clima.
* Nadie me llama por teléfono (no contesto).
* Nadie me escribe mails (mismos motivos).
* No tengo comments a las zonceras que escribo en este espacio.
* Andrés soñó que era una especie de bruja y la impresora estaba viva, escupiendo hojas.

Creo que es hora de bajarle a mis humos.

Escribir mientras se pueda

Escribir es la mejor manera de aterrizar para quienes andamos siempre en las nubes. Aun cuando, de alguna manera, te marchas a otra parte, de pronto adviertes que vas tomando peso, que te vas transformando en una persona concreta y fuerte: la que escribe.
Recuerdo que en un principio no entendía por qué la Orlando de Virginia Woolf tenía tantas vidas, por qué podía ser a veces hombre y a veces mujer. Hasta que escribí la primera novela.
En Orlando, el personaje vive sus aventuras y de pronto se sienta a escribir. Entonces la vida se detiene y ella se convierte en una persona de verdad: la que escribe.
Es curioso cómo los humanos cargamos de sentido a la vida. Si el sentido es escribir, lo que nos sucede carece de verdadera importancia. La vida se convierte en caldo de cultivo para una posible novela. Y en cuanto una se pone a escribir, generalmente le da a la vida tremendo patadón. El mundo, la gente, las circunstancias que unos días atrás nos quitaban el sueño, dejan de existir.
¿Y para qué?, me pregunto.
A principios de año pase más de un mes sin comer ni dormir, me urgía terminar una novela. Era como si me anduvieran persiguiendo. Finalmente acabé y ahora la tengo arrumbada en un cajón. ¿Cual era la prisa?
Casualmente, en estos momentos ando con una urgencia tremenda de escribir lo que escribo.
¿Y para qué?, repito.
Pos sabe, misterios del mundo.

miércoles, agosto 9

Muy temprano en las palabras

No crean que estoy aquí, eso sería un error. Ando por allá, lejos. En donde estoy es aún muy temprano y se siente el fresco de la mañana. Hay muchos árboles y a través del follaje penetran hilitos de sol que se mueven sobre la mesa donde aguardo a alguien (hay viento). Estoy esperando a una mujer hermosa. Me urge hablar con ella, pero curiosamente estoy tranquila. Ahí viene, caminando, acaba de aparecer en la curva de la carretera (todo indica que estamos en Chipinque). ¿Dónde habrá estacionado el carro? Sorry, está a punto de llegar. Después les cuento...

martes, agosto 8

Departamento de desaparecidos

Se busca amigo perdido.
Viste de saco y corbata durante el día y por la noche es una facha.
Le gustan los videojuegos y es fan de la número 6.
Come cajeta marca La Lechera.
Tiene en su refri cerveza con y sin alcohol (guácala).
Hace unos corajes horribles por culpa de las que ganan más.
Le encanta ordeñar orejas de gatos.
Si alguien sabe de él, favor de reportarse aquí mismo.
Recompensa: no hay.

(Esto es un volante)

domingo, agosto 6

Danza, cebollas y pecas

Fui a que me leyeran las cartas y en la lectura salí trabajando. Así estoy, todo el día. Dice my dear witch que ando con luz. Pos alabao. Estaba contenta (ella). Le llevé café y nos fumamos un friego de cigarros. Hoy desperté con un gripón. ¿Y la luz? Seguramente no tiene relación con los mocos.
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Durante la noche del viernes 4 al sábado 5 de agosto del 2006, a sus 12 años, Marijose vio el primer amanecer de su vida.
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Ayer anduve toda la tarde de teatro en teatro. En el ínter, Óscar, Eduardo, Marijose y yo fuimos a cenar unas ricas Mc Donalds. Después, en el espacio al aire libre del teatro de la ciudad, el viento nos revolvía el cabello y yo imaginé que estaba en otra parte. Sentir que estás "allá", en lugar de "aquí", es algo que pone de buen humor a la gente. Además, veíamos un extraño espectáculo de danza y Marijose comentaba cosas como "se me hace que están contando algo sobre la evolución". ¿Cómo sabe la Jojo que al bailar se cuentan cosas?
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Hoy vino mi vecino fotógrafo a tomarle fotos a mi mamá. Dijo que eran para una exposición. Le hacía preguntas y ella se ponía a platicar y entonces él tomaba las fotos. Muy pronto veré su carita hermosa, llena de pecas, en algún museo.
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Hoy le escribí a Carlos y le conté de la travesti que sale en mi nueva novela. Cuando la conozcas, le dije, te va a encantar. Y le hablaba y le hablaba de ella al escribir. Contar que contaste lo que cuentas en la novela es padre, porque tiene muchas capas narrativas. Como si contar fuera abrir una cebolla.
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Hablé con Eliot, dice que terminó su ensayo sobre Paul Celan. Pues muchas congrats.
Bueno, ya.