sábado, agosto 4

Otra Orilla en Los Tubos


Otra Orilla, otra más
Por Paloma Caballero / AGOSTO 04, 2007
Los tubos (www.lostubos.com)


Será monotemática y se llamará Otra Orilla, fue el acuerdo al que hace cerca de un año llegaron José Luís Molina y un grupo de artistas. El colectivo, que propone unir las artes plásticas con la literatura, presentó su sexta edición: guerra.

El evento que se realizó el pasado miércoles, en el Centro Cultural Universitario del Colegio Civil fue presidido por Gabriela Cantú Westendarp y contó con la presencia de los escritores Víctor Barrera, Ofelia Pérez Sepúlveda y Mario Méndez como invitados especiales.

Falseando un periódico e impreso en una sola cara para tener una función de cartel, el resultado final del trabajo es una sorpresa, incluso para sus creadores, debido a su carácter artesanal que convierte los accidentes en parte de su estilo visual.

Otra Orilla es conformada por Óscar David López, Ytak Solavad, Fernando Mol, Dulce María González, Nancy Jeannette Garza, Gabriela Cantú Westendarp, Salvador Díaz, Rocío Cerón, Josué Barrera y José Luís Molina.

Un proyecto que involucra diseño, pintura y escritura, parece ponerse de pie frente a las tendencias actuales, prestándose sin reproche a las contingencias de su fabricación, provoca inevitablemente una confrontación y cuestionamiento con el medio que lo rodea.

Los 500 aromáticos ejemplares se repartirán en centros culturales, librerías y universidades de manera gratuita. La frase “Esta mano que presenta la palabra, sumergida en la aventura del cambio, del arte, muestra una realidad, inunda las paredes de las calles” es una constante en estas publicaciones, que desde el comienzo han sido realizadas en serigrafía.

Pérez Sepúlveda consideró Otra Orilla como una publicación con tintes familiares, extranjeros y artesanales; y refirió que “el reto en este caso no es valorar la belleza de los textos, ni las cualidades literarias de la publicación, el reto es confrontar cómo los signos son convocados, destruidos y vueltos a crear”.

“Le apostamos a dar todo lo que podemos dar y hacer una propuesta nuestra, original no se porque todo viene de algo, heredamos siempre, en la creación siempre se está heredando algo, pero bueno queremos estar ahí”, comentó Cantú.

Por su parte González, integrante del colectivo señala “que se entienda que es una propuesta más dentro de la diversidad, no la más arriesgada, no la mejor, no la más rara, una propuesta más, otra, en la orilla, entre la literatura y las artes plásticas”.

AQUÍ la nota

viernes, agosto 3

jueves, julio 26

Presentación de Otra orilla


Los esperamos este miércoles 1 de agosto
Centro Cultural Universitario
7:00 p.m.

Presentan:
Víctor Barrera Enderle
Ofelia Pérez-Sepúlveda
Mario Méndez
Carlos Ballester

Colectivo Otra Orilla:
José Luis Molina
Salvador Díaz
Óscar David López
Gabriela Cantú Westendarp
Fernando Mol
Nancy Jeannette Garza
Dulce María González

Ofelia Pérez-Sepúlveda en Versos Veraniegos


Jueves 2 de agosto
Galería Regia
8:00 p.m.


Andrómina la yegua y el verano en la cabeza

Por Ofelia Pérez-Sepúlveda

Esta ciudad tiene el rsotro adolescente, el muslo firme,
los senos de película.
Esta ciudad pasa frente al gran escaparate de una guerra
y a nadie pertenece.
Ninguno pidió una ciudad vieja, correctamente maternal,
en mangas de camisa.
Ninguno alzó su mano para solicitar una beca de creatividad,
un premio a la sumisión.
Ninguno firmó una larga carta, redactada con Disculpe,
Modernidad, Deber.
Ninguno ha puesto su trasero al servicio de la vieja burocracia
cultural.

Y lo haremos.
Y la ciudad lo verá con buenos ojos.

Esta ciudad está con ganas porque no hay quién la alcance
con su rostro adolescente, el muslo firme, los senos de película,
no es otra que la yegua que montaron
las voces que levantan la ceniza.

Nueva Canción Regiomontana


Noche de trova en el Teatro Monterrey
Con el grande, el único, el aclamado Gerardo Torres
Viernes 3 de agosto

De McAllen

Rodolfo de la Torre envía fotos del Encuentro en Reynosa-McAllen. Muchas gracias y saludos a los escribientes de la frontera.



Lo interesante de ésta es que parece que le quiero dar un besito de trompa a alguien que no se deja.


Muy contenta después de torturar a los presentes con mi no-tan-breve lectura (nótese mi brazo bicolor y atlético).


Con Rodolfo y Luis Aguilar, entre otros.

sábado, julio 21

El envío de libros y los prólogos

LITERESPACIO
Dulce María González
El Norte
21 Jul. 07


I. Un esfuerzo importante

Unos días después de que hablé en este espacio de los proyectos editoriales independientes en nuestra ciudad, Alexandra Botto, responsable de la Editorial Homo Scriptum, me envió un paquete con los últimos textos publicados.

Se trata de cuatro libros de diseño impecable y, aunque tampoco en este caso se hicieron los trámites necesarios para que las publicaciones tengan existencia oficial y puedan ser registradas, clasificadas e incluidas sin problemas en una biblioteca universitaria, por ejemplo, el esfuerzo salta a la vista.

Además, la gente de Homo Scriptum está relacionada con un grupo de escritores españoles que, encabezados por Uberto Stabile, publican una revista de poesía (Aullido) en Huelva, y esto posibilita que los libros circulen de manera un poco más amplia.

Entre los títulos que ha publicado esta editorial están "De la Piel que se Va" (2005), de María Elena Rodríguez Hernández; "Cien Días de Mayo" (2006), de Uberto Stabile; "Días de Viento" (2007), de Alexandra Botto; y, según me informaron, pronto saldrá a la luz un libro de Lucía Yépez.

También publicaron dos antologías, una de escritores regiomontanos ("Región sin Dónde", 2004) y otra de poetas españoles de Huelva ("Hablando en Plata", 2005), la selección de textos de ambas publicaciones corrió a cargo de Botto y Stabile.



II. La creatividad a flor de piel

Siempre me han llamado la atención los prólogos. A partir de ellos es posible rastrear infinidad de datos interesantes: historias entre líneas, afectos, estrategias para decir o no decir algo, etcétera.

En la antología de poesía española de Homo Scriptum, por ejemplo, encontramos un prólogo de Sergio Cordero, quien había criticado acremente la antología anterior (de poetas regios), cuestionando el criterio de selección de los textos. Una crítica muy común, por otro lado, ya que las antologías suelen conformarse con base en el gusto del encargado de la selección.

El caso es que Cordero se molestó y seguramente eso provocó que lo invitaran a prologar la segunda antología. ¿Y qué hizo Cordero para salir del apuro? Citó un comentario de Octavio Paz, anotó versos de los antologados y, finalmente, en dos líneas, dijo sentirse identificado con ellos porque, a pesar de que su expresión pueda parecer "cruda, prosaica, torpe o desaliñada", es evidente que quieren decir algo y pertenecen a su propia generación.

Por su parte, el regiomontano José Eugenio Sánchez escribe un prólogo al poemario del español Stabile que, sorprendentemente, es el mejor texto del libro.

Aunque lo titula "no prólogo", habla en todo momento de la poesía de Stabile, lo cual lo convierte en un innegable prólogo, es decir, en un texto que presenta a otro. Sin embargo, esta aparente contradicción no es tal.

El texto, impecable, escrito de manera que el ritmo se impone sin necesidad de puntuación, es la muestra de que el presentador es, en efecto, un poeta. En cuanto al otro, Dios lo asistirá en su infinita bondad.

Sucede que, a poco de empezar a leer, caemos en la cuenta de que Sánchez no habla de Stabile, sino de sí mismo: he ahí el "no prólogo". José Eugenio le endilga a Stabile un traje que difícilmente se ajusta a este último, pero al regiomontano le va a la perfección.

La preocupación por "varias de las inutilidades de la poesía"; la descripción del poema como "bufón y guerrillero", como "homenaje y traición"; todo ello habla del trabajo, no de Stabile, sino de José Eugenio.

Los de Homo Scriptum me recordaron otros prólogos, como el que hace Antonio Tabucchi al "Tríptico de Carnaval", de Sergio Pitol, donde el italiano se la pasa hablando de Gadda, de Cardoso Pires, de Bajtín, de Sábato, y al final, después de jamás hablar del texto que supuestamente presenta, sale con la ridiculez de una cartita: "Querido Pitol: Sabes bien que el final no se cierra. Y sabes también que tú seguirás escribiendo aún más...".

O la presentación de Vila-Matas de los cuentos de Pitol (pobre Pitol, qué suerte), consistente en un diario personal en el que comenta los elogios de Pitol hacia su persona, deja claro que pertenecen a la misma cofradía infranqueable y, cuando por casualidad habla del autor al que presenta, lo hace desde la fantasía: "Sergio Pitol está durmiendo en estos momentos en su casa de Xalapa y acaba de caer en las garras de uno de sus sueños más recurrentes...".

En fin, que en todo el mundo se cuecen habas en esto de sacar la vuelta al tema, evitarlo, dejarlo para después, o de plano olvidar al autor y ponerse a escribir sobre uno mismo, que bastante trabajo cuesta sentarse ante la pantalla.

Felicidades a la gente de Homo Scriptum por sus publicaciones.

viernes, julio 13

Los hermanos Dardenne y el mal di pancia del Miki


Pasé el día trabajando, sin despegarme de la mesa del comedor que, como el resto de la casa, está llena de papeles y de libros. De hecho, frente a la barra de la cocina hay un librero. Tener libros por todas partes provoca un ambiente acogedor en el depa, pero es difícil mantenerlo sin polvo. Y a la hora de la comida es un problema despejar el espacio. Hoy preparé hamburguesas con tocino. Una bomba. Andrés comió dos; Marijose y yo, una; Miki, una y media. Hace rato le dimos al pobre perro tacos al carbón de los que cenamos. En este momento está tirado en mi cama, el pobre. No se puede ni mover. ¿Por qué soy tan salvaje en esto de alimentar perros?, me pregunto. Si no mejora en un ratito, le voy a meter un poco de melox por el hocico con una jeringa. ¿Así trataba a mis hijos cuando eran pequeños? Cielos, no lo recuerdo.




Esta noche vimos "L'enfant", de los directores belgas Jean Pierre y Luc Dardenne, película ganadora de la Palma de Oro en el 2005. Un filme lleno de silencios tensos. La atmósfera de frescura y despreocupación de los jóvenes padres que viven en un ambiente marginal, de supervivencia, se rompe de pronto cuando Bruno, el papá, decide vender al recién nacido. Ahí fue donde dejamos de comer y mejor le dimos los tacos al Miki. La realidad cerca a este niño grande, padre del bebé, hasta que no le queda otra salida que convertirse en adulto. Una pelicula hermosa, emotiva, que jamás, ni por asomo, cae en sentimentalismos. Las tomas simples, limpias. Los terribles, profundos, desesperantes momentos de silencio. El pobre Miki comiendo como degenerado, mientras sus amos se muerden las uñas.

miércoles, julio 11

Fantasmas

Dije algo y me desdije y volví a empezar. Qué lío. Hoy quisiera decir cualquier cosa. Que es de madrugada, por ejemplo, y alguien me empuja a escribir. Ese alguien (persona, máscara, personaje, animal o cosa) esta aquí con su mirada blanca, su boca blanca. Me empuja a hablar para, acaso, hablar él (o ella, o eso). Basta, le digo con enfado, no soy medium. A continuación, ensayo unas palabras: "Este día blanco", escribo (ahora mismo, se entiende), "como cualquier otro y sin embargo especial". ¿Satisfecho? (El de la cara blanca asiente) En fin, qué sueño.

sábado, julio 7

Rosario Sanmiguel


El ciclo Santo y Seña, organizado por el Cripil Noreste, tiene ya dos años acercándonos a la obra de los autores de la región. Mediante un par de mesas redondas, los escritores locales somos invitados a discutir y analizar el trabajo de nuestros compañeros.


Pero el objetivo último del Cripil es la investigación y la documentación. Esto ha provocado que las mesas del inicio se hayan convertido poco a poco en sesiones de filmación. En este sentido, María Belmonte se las ha arreglado para realizar esta labor buscando hasta por debajo de las piedras.


Y es que, a lo que afirmamos los participantes cuando hablamos de memoria, es necesario agregar documentos que avalen. Los escritores somos muy dados a la fantasía y ya se imaginará usted lo que sucedería si se diera por cierto todo lo que se dice ante los micrófonos.


El caso es que las mesas del 28 y 29 de junio estuvieron dedicadas al trabajo de Rosario Sanmiguel, narradora de Ciudad Juárez, autora de "Callejón Sucre y Otros Relatos", publicado en 1994 por Ediciones del Azar y Conaculta y reeditado en el 2004 por El Colegio de la Frontera Norte, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y New Mexico State University.


La otra publicación, una novela titulada "Árboles o Apuntes de Viaje", fue editada en 2006 por Puente Libre Editores, proyecto independiente dirigido por Sanmiguel, en colaboración con la UACJ.


Cuando empecé a escribir narrativa, allá por los 80 y rodeada de hombres, como he comentado antes en este espacio, tenía un par de referentes míticos. Patricia Laurent estaba en aquellos años fuera del País y todavía no entraba de lleno en la literatura, mucho menos Gabriela Riveros, Graciela España o Cristina Elenes, que iniciaron después.


Pero Rosaura Barahona mencionaba constantemente a Cris Villarreal, que para entonces se había mudado a no sé qué ciudad del sur de Texas, y Minerva Villarreal hablaba de Rosario Sanmiguel.


Cuando María Belmonte invitó a Cris Villarreal al ciclo, no pude asistir. Ahora debía hacer un esfuerzo para ir a lo de Sanmiguel, si no deseaba quedarme sin nada.


Esa noche, Mario Anteo y su esposa Graciela irían a mi casa a ver una película y cuando les dije que debían esperar a que yo regresara del evento, Mario preguntó por qué me interesan tanto las autoras poco difundidas.


Suelen ser las mejores, respondí, pensando en que si Sanmiguel ha dedicado su vida a escribir, aunque pocos la conozcan, algo muy fuerte debe sostenerla. A ella y a su escritura. Pronto advertí que no me equivocaba.


No es solamente que Sanmiguel logre profundizar en los deseos, los odios, las pasiones o las miserias que mueven a los personajes de la frontera. Tampoco el placer de penetrar sus atmósferas y navegar en ellas, lo cual provoca en el lector esa nostalgia tan peculiar durante la lectura y, en especial, al cerrar el libro.


Es, quizá, que después se nos aparecen los personajes a mitad de la vida diaria. La cantante de tugurio con su flequillo, su manera de hablar y caminar, su pasión por el escenario. La anciana del ejido, rígida y dominante que pasó la vida enamorada del hermano, ahora anciano.


Y a todas horas la presencia de ese río que separa y une. La mirada desde ambos lados de la frontera que, al final, es una misma. Los barcos y los barqueros, los campos de algodón, las casas de adobe, los pueblos terregosos, la nieve, el calor quemante y la pisca y el Sol.


Acostumbrada a relatos politizados donde el fenómeno de migración es un cliché, fue grato encontrarme con esa otra parte: una forma de vida singular donde el amor o el rencor suceden entre nubes de polvo, plantíos, sudores y esperas a ambos lados del río.


Los años de escritura se le notan a Rosario Sanmiguel. A pesar de que la novela, publicada 12 años después del libro de relatos, tiene una estructura muy compleja y un manejo del lenguaje en el que los términos eruditos se entretejen con el decir cotidiano, el lector fluye a través de la historia sin problemas.


Unos días antes de las mesas, Minerva Villarreal me comentó que Rosario Sanmiguel es una persona muy singular. "¿Cómo te diré?", continuó, "la vida es muy importante para ella". Un extraño comentario que no comprendí en el momento, pero confirmé en la lectura: una siente que aquello es pura pulpa de vida.


El caso es que hace un par de días terminé de devorar los libros y continúo instalada en la nostalgia, esperando más de Sanmiguel desde este lado del río.

Texto publicado en la columna Literespacio de la sección Vida. Periódico El Norte. Monterrey, México. (www.elnorte.com)

martes, julio 3

Universos en desaparición


Si alguien asegura que las tormentas que azotaron la ciudad la semana pasada son un castigo de Dios, muy probablemente lo dice en serio. Si otro argumenta razones científicas y se pone a explicar el fenómeno desde la meteorología, seguramente también lo dice en serio. Los humanos interpretamos el mundo desde nuestros particulares códigos de significación.

Cada persona es un universo de imágenes, fantasías, razones, en el momento mismo de voltear a ver la lluvia o una flor. En su mayor parte, ese universo se pierde con la muerte. Como si se borrara un valiosísimo disco duro. El registro de cada vida en particular: fotografías, cartas, diarios, libros, anécdotas, no significa gran cosa al lado de las experiencias reales, los recuerdos, las sensaciones grabadas en la memoria.

En “El tiempo que queda” (Le temps qui reste, 2005), de François Ozon (segunda cinta de su trilogía sobre la muerte), el protagonista toma fotografías de todo lo que ve durante sus últimos días de vida. No podrá llevar esas fotos a ninguna parte ni desea dejárselas a nadie, las toma porque es lo que le gusta hacer. Una fidelidad a su vida (se trata de un fotógrafo) hasta el último momento.

Como nos tiene acostumbrados, Ozon dice mucho más con imágenes que con palabras. La suya es una escritura sutil, planeada, de secuencias muy plásticas y cargadas de significación. La incomunicación de la familia, lo efímero de los sentimientos reales y las relaciones, el incesto, todos estos temas recurrentes en él son presentados por medio de una historia donde se ve la vida de frente. La secuencia final es bellísima: la aceptación de los ciclos de vida, la belleza de la desaparición.


***

PD: La gente suele reírse de quienes creen en fantasmas, en muertos que regresan y ese tipo de fenómenos. Basta echar una revisadita a las teorías sobre el tiempo, las dimensiones del universo, etcétera para que esa risa tan racional se congele. En todo caso, la vida en otra dimensión, o de otra manera (sin el peso del cuerpo, el hambre, el fastidio, los olores, el deseo), no resulta una idea tan atractiva.

De todos modos, está el hecho de que los humanos somos demasiado soberbios, creemos que nuestros aparatos de percepción (los 5 sentidos y sus extensiones tecnológicas) lo registran todo, pensamos que la realidad es, de verdad y sin lugar a dudas, como la ven nuestros pobres ojos. En fin. El caso es que todo desaparece y en este hecho inevitable hay una belleza extraña, sublime y a la vez aterrorizante.



(Es obvio: se acerca el día de mi cumpleaños)

Narrativas

Ya está en línea el número 6 de Narrativas.

Lo puedes encontrar AQUÍ

domingo, julio 1

Mal di pancia

En Italia le dicen así.
Las enfermedades son curiosas. Nos acomodan rico en el cuerpo, justo cuando éste no funciona tan bien. Disfrutamos la cama, nos tratamos con cariño, volteamos a vernos y descubrimos que nos teníamos olvidados. El malestar trae consigo este raro disfrute del cuerpo mal-tratado. Sólo entonces, en ese placer agridulce de las enfermedades no-tan-graves, nos da por tratarlo bien.
¿Por qué seremos así los humanos?
Ajum.

sábado, junio 23

El talentoso Herralde


Jorge Herralde, director y fundador de la Editorial Anagrama, estuvo en la Ciudad esta semana para firmar un convenio con la UANL, por medio del cual dará inicio una serie de presentaciones, talleres y conferencias a cargo de autores de la talla de Vila Matas, Pombo, Tabucchi, Pitol, Piglia, Bellatin y un largo etcétera incluido en su catálogo.

Además, se creó en conjunto la Cátedra Anagrama, dedicada exclusivamente a la literatura."¿Y tus autores?, ¿se difundirán en España?", pregunté a José Garza, nuestro editor del momento, quién, a través de la Dirección de Publicaciones de la UANL, promovió el convenio con Anagrama, además de que ha venido realizando una labor muy destacada que incluye la creación de colecciones editoriales impecables y el rescate de nuestra herencia literaria.

"Es el segundo paso", respondió Garza. Sin menospreciar la presencia de grandes figuras en nuestra ciudad, me parece que esto no es precisamente un rancho, y que nuestros autores se enriquecerían si el proyecto se encaminara poco a poco hacia el intercambio.

Si hay algo que distingue a Anagrama es el haber sostenido durante años la calidad de sus publicaciones. Además, antes de publicar en esa firma, muchos de sus autores eran desconocidos, marginales o de inclinaciones políticas contrarias a la dictadura de Franco.

Que un libro de Anagrama ofrezca una garantía de calidad o la posibilidad de descubrir a un gran escritor cuyo trabajo desconocíamos, es el enorme logro de Herralde.

Pero lo que me parece más interesante de todo esto es la manera en que dio inicio el proyecto. Herralde creó el espacio editorial independiente que su ciudad requería y ha trabajado en él sin hacer la más mínima concesión a la mediocridad, a los intereses creados, a los compromisos políticos o de cualquier índole.

A Herralde no le tiembla la voz al afirmar en su más reciente libro que publica a sus amigos, que incluso los anima a participar en alguno de sus concursos cuando ve que no hay textos de altura (y, por supuesto, les da el premio), prácticas que en nuestro entorno parecieran inadmisibles, pero a él le aseguran la calidad que persigue.

Anagrama nació en una ciudad pequeña que entonces albergaba a un grupo de pintores intentando realizar su obra en condiciones adversas, a autores de "vocación invencible" sin espacios para su obra, a cineastas que empezaban a filmar sus proyectos con recursos mínimos.

Sin los elementos de represión y de censura de la Barcelona de finales de los 60, en nuestra ciudad se empieza a configurar una atmósfera de trabajo arduo muy parecida a la que dio origen a la editorial de Herralde. Me pregunto, entonces, dónde está la semilla de nuestra propia Anagrama.

A estas alturas, a nuestra ciudad le urge una editorial de verdad. Es fundamental, por ejemplo, que las iniciativas y logros de José Garza a través de la Universidad, o los de Leticia Herrera en Conarte, se consoliden y busquen la manera de sobrevivir a futuros cambios de administración.

Es importante también, y de manera especial, que las actuales iniciativas independientes se sostengan y empiecen a dar resultados.

Hablo de proyectos editoriales como Posdata Ediciones, que recién presentó su primer volumen ("Bóreas y el Sol", de Francisco J. Serrano), o Ediciones Intempestivas, que este año editó su primer cuaderno. Se trata de textos muy buenos y de ediciones limpias y cuidadas, aun cuando en el volumen de Ediciones Intempestivas se descuida el diseño y en ninguno de los dos casos se tramitó el ISBN, indispensable en cualquier edición seria.

Está también la labor realizada por la gente de Harakiri Plaquettes quienes, antes de pensar en trámites formales, tendrían que atender a la calidad de sus textos y la limpieza de sus ediciones, y el grupo en torno a Homo Scriptum, que acaba de publicar un libro de Alejandra Botto. A este último, por desgracia, se le distingue por su falta de constancia, entre otros aspectos desafortunados.

Autores de "vocación invencible", como describe Herralde a los escritores que lo llevaron a consolidar su proyecto, los hay en Monterrey. Eso me consta, puesto que he trabajado con algunos de ellos en textos realmente buenos que difícilmente logran publicarse en espacios adecuados.

En lo personal, espero que las futuras visitas de la gente de Herralde se traduzcan en un estímulo real para la lectura y, sobre todo, en reflexión e intercambio con nuestros autores. Pero lo que más desearía es que estos nuevos proyectos inciten al surgimiento de las iniciativas editoriales que nos urgen.

Va desde aquí un reconocimiento a José Garza por su trabajo y felicitaciones a la Universidad por la nueva cátedra literaria.
Publicado en la columna Literespacio de la sección Vida del periódico "El Norte". Monterrey, México.

sábado, junio 16

Listo

Terminé de leer una novela profunda, emocionante, a un lado de la estufa. Eso sólo nos pasa a las mujeres. Ah, el mar, el mar.

El desayuno me supo a vacío: aunque ya no me desvelaré tanto, voy a extrañar a los personajes.

Hay también un sentimiento de paz. Las novelas de la Murdoch son así: golpes al centro del espíritu.

Me dispongo a regresar al mundo.

viernes, junio 15

Ya llegué

Aquí estoy de nuevo. Todavía me falta actualizar la lista de blogs, entre otras cosas. Terminaré de reconstruir en cuanto pueda. Hay cajas y desorden por todos lados. Aunque ya trasladé todas las entradas, falta trabajo.

Como si te sobrara el tiempo (lo dijo la otra, no hacerle caso).

Ajum, mi vieja casa.

jueves, junio 14

Todos me abandonan

Pues nada, que José Luis Molina se nos fue a sembrar frijol (o a oreñar vacas, no estoy segura) a un pueblito del Estado de México donde, según se ve en el google maps, no hay nada. Pues que le aproveche. Por su parte, Óscar corrió tras un nuevo amor al De Efe y amenaza con que el romance va para largo. Resultado: mientras nuestro par se divierte en lejanos páramos, aquí trabajamos como negros en la publicación. Así es la injusticia.

La que escribe se va, pero sólo a su cama.
Ciao, ce vediamo,

martes, junio 12

Martes

Una experiencia singular esta de encontrarte con gente de la infancia. Hoy me entrevisté con Eduardo, hermano de Tere, gran amiga de la secundaria a quien acabo de recuperar. El motivo era conversar sobre su tesis de maestría. Mientras hablábamos, no podía evitar el intento de hacer coincidir la imagen de aquel muchacho de cabello largo, inteligente, reflexivo, silencioso y de actitud contracultura, con el señor que tenía enfrente.

Me dijo que, cuando se recibió, le regalé un "anillito". Por más que intento no logro recordarlo. Más allá del momento, perdido en la memoria, intento verme a los 15 o 16 años, entregando un regalo a un chico mayor, cuya actitud me inspira curiosidad y respeto (eso sí lo recuerdo, cómo lo veía). ¿Quién es esa niña?, me pregunto, y se me dificulta aceptar que esa de la anécdota soy yo. Sé que yo soy muchos yos, muchas dulces que difícilmente pueden verse en la unicidad de lo que soy, que no existe. Pero esa de la secundaria es la que menos se me parece.

De acuerdo a Zizek, la verdad está justo en el hiato (en la grieta) en el que algo o alguien (yo en este caso) muestra la imposibilidad del acceso: dejarse conocer (una a una misma, por ejemplo) como algo total, cierto. O sea: la verdadera yo no es la niña del anillito, ni la que platicaba con Eduardo hoy a mediodía, ni la que escribe en este momento, sino que está justo en el paso de una a la otra, justo en lo que hace imposible verlas como una sola.

***

Aquí está una reseña del Encuentro "Voces de la frontera", escrita por Alejandro Rosales, poeta de Cd. Victoria, en el periódico Expreso.

lunes, junio 11

Ajum

Comer, dormir, regar las plantas.

Sumergirse en una mesa de trabajo donde cabe el mundo, el propio, la esfera de cristal.

Las diferentes realidades se confunden y fusionan ante una taza de café, con el aire acondicionado encendido mientras afuera hierven las calles.

Como cuando Nancy se pregunta: "¿Quién me lo comentó hace poco?" (entra en pausa para hacer memoria) "Ah, claro", dice al fin, "fue Sócrates". La voz de los libros se le confunde con la gente. Los vivos con los muertos. Todo eso junto en el café de los lunes.

¿El Devenir de lo Virutal y la repentina Actualización, señor Deleuze? Acaso.

Hoy mi perro está contento. Navegamos juntos en nuestro barco, entre los árboles del parque a través de la ventana. Nos mecemos sobre esas aguas, como de costumbre.

Qué cálido.

La que escribe ha entrado a casa (esta página) y dice lo siguiente: la que escribe está escribiendo (ahora mismo, se entiende). Y así.


domingo, junio 10

Estos días

1) Lluvia cerrada en la carretera a Reynosa. Luis Aguilar habla sobre Abigael Bohórquez y enseguida pone un cedé. La presencia del poeta sonorense, su voz como un canto en la carretera. Después del espacio poético, nos bajamos a comprar cochinadas. Cocas, rufles, cacahuates. Para esta nueva atmósfera, la música de Felipe: Mecano en el Ipod. Ah, qué vida.

2) La lectura en un hotel de Reynosa y enseguida a McAllen. Buscamos un bar abierto a las 2 de la mañana. Del otro lado no hay afters. Okey, entonces un café sin cafeína, plis. La aberración de tomar una sustancia sin sustancia. Beberse la ausencia a tales horas.

3) "En cuanto al número uno", dice Freddy. El temor y el cansancio. Esto tan raro de ser una misma y que no haya remedio.

4) Otra lectura por la mañana. Los escritores de Tamaulipas y los de Texas y los colados (Luis y yo).

5) Las cervezas del terror. Contar historias. También al escribirlas hay riesgos, lo que no hay es "testigos presenciales". Narrar es vulnerarse, aunque se digan mentiras. ¿Existirá la verdad?, ¿al menos alguna verdad? Quizá es justamente la mentira lo que la hace posible. De que aparece, aparece. Como un fantasma. De ahí el repentino quebrarse de los escritores. Crac. Hundida.

6) La colección de carteles y la silla y el teléfono. Esto que es una misma no está tan mal. A ratos no duele tanto y hasta se disfruta. Lo había olvidado.

7) Al llegar a Monterrey pregunto al chofer del autobús si me puede dejar en Colón y Féliz U. Gómez. "Sí puedo", responde, "pero no quisiera, es un lugar peligroso". "Vengo del peligro", le aseguro, al recordar las bodegas de McAllen.

8) Ah, mi casa.


sábado, junio 9

Leante, Murdoch y un poema de verano

I. Viejos amores


Sucede de pronto. Al estar inmersos en lo cotidiano aparece la sospecha de que el pasado oculta un secreto importantísimo. Entonces, a partir de una suspensión de lo que venía siendo la vida se emprende un viaje mítico. Es el deseo de verse en la mirada del viejo amor. Indagar quién se es al recuperar un trozo de lo que se ha sido.


"Mira si yo te Querré" (2007), de Luis Leante, Premio Alfaguara de Novela 2007, documenta este tipo de hazañas.


Tal como afirma el acta del jurado, Leante posee fuerza expresiva y la historia, situada en la lucha de independencia del Sahara, está, efectivamente, bien contada.


Después de todo un periplo que incluye el matrimonio, el divorcio y la muerte de la hija, la doctora Montserrat Cambra deja Barcelona y se marcha al África en búsqueda de su primer amor.


Al terminar la lectura, en la que se entrelazan la historia de amor y la lucha independentista, queda la sensación de que faltó demasiado. Más allá de una técnica efectiva y de la acumulación de datos, da la impresión de que los personajes de Leante permanecen en la superficie.


La casualidad de haber leído "El Mar, el Mar" (1978), de Iris Murdoch, inmediatamente después, confirmó su mediocridad. Al lado del trabajo de Murdoch, la novela de Leante pareciera un simple apunte.


En lo que coinciden ambos textos es en la tesis de que quien busca, es raro que encuentre. Montserrat busca a su antiguo amor y no advierte que lo tiene enfrente. Por su parte, la trama de Murdoch aborda la otra posibilidad. Un famoso director teatral, que se ha pasado la vida buscando, decide retirarse a una pequeña aldea para escribir sus memorias.


Entonces la encuentra. Justo cuando no la buscaba reconoce a aquella joven en una aldeana avejentada que en nada se parece a su recuerdo. El hallazgo, espantoso en un primer momento, se transforma en encuentro consigo mismo y con su historia.


Las reflexiones de Murdoch en torno al cuerpo, al amor, al sentido de la existencia, parecieran empequeñecer en cada página los vanos intentos de Leante.


¿Qué sentido tienen la limpieza de la prosa o haber ganado un premio importante cuando el autor no es capaz de crear y sus textos carecen de sustancia?, ¿cuál era el objeto al sacar a Leante del anonimato? Los Alfaguara parecen alejarse cada vez más de la literatura. Así es el mercado.


Pienso en autores que, como Murdoch, no se conforman con contar una buena historia y penetran hasta el último resquicio de lo humano; también en quienes, desentendidos de la historia, juegan con las formas o con el lenguaje, o develan el mecanismo oculto de la narración. ¿Ganarían ellos un Premio Alfaguara? Lo dudo.


II. Nuevos poetas


Es jueves por la noche y en la Galería Regia está a punto de arrancar, por cuarto año consecutivo, el ciclo "Versos Veraniegos", organizado por la Dirección de Cultura de Monterrey y Conarte.


Después de las palabras de bienvenida de los organizadores, Nancy Garza lee un texto en el que realiza un recorrido de motivos, imágenes y preocupaciones presentes en lo escrito hasta ahora por Gabriela Cantú, quien es la poeta invitada esta noche.


Siempre es grato atestiguar los primeros pasos de una escritora, la manera como empieza a construir lo que serán su universo creativo y su obra.


Pero esta noche sucede algo más. Gabriela lee un poema de imágenes delicadas como si no estuviéramos presentes y estuviera ella sola, leyendo en su casa. El público guarda silencio y la atmósfera se llena de sus palabras. Cuando termina de leer, el hechizo se rompe. ¿Cómo fue que sucedió?, ¿en dónde estábamos?


Acostumbrada a eventos en los que el público habla en voz alta o se sale a mitad de lectura, el del jueves me recordó que la palabra posee una fuerza que en ocasiones, a pesar de la falta de respeto, con todo y la avalancha de libros mediocres y de premios inútiles, se impone.


Esto mismo sucede con el film "Iris" (Recuerdos Imborrables, 2001), donde Richard Eyre retrata a una Iris Murdoch bonachona, al tiempo que morbosea con el asunto del Alzheimer. Basta leer alguno de sus libros para entender que la Iris de la película no tiene nada qué ver con la escritora.


La palabra nos salva del intento de las grandes empresas fílmicas y editoriales de simplificarlo todo, nos ubica y nos restituye las verdaderas dimensiones de lo humano, se impone en un evento de poesía o en la soledad. Como la imagen del primer amor, integra lo aparentemente perdido.


Publicado en la columna Literespacio, sección Vida, del periódico El Norte. Monterrey, México



domingo, mayo 27

Qué paciencia, bendito Dios

Sucede que me metí de lleno a leer "La Santa" (FCE, 2007), de José Javier Villarreal, y asistí a la puesta en escena de "La Casa de las Paredes Largas", de Gabriel Contreras y el grupo "La Percha", que inauguró la edición 17 del Encuentro Estatal de Teatro. "Qué paciencia, bendito Dios".


Empiezo por comentar que la de Villarreal es una apuesta arriesgada. Los poemas muestran el oficio de un creador regiomontano en plena madurez que entrega una colección de textos casi temeraria, un intento de llevar la expresión poética al límite de sus posibilidades.


Contrario a algunos de los comentarios que escuché durante la noche de la presentación, no encuentro "poemas tristes". Tampoco veo el "barroquismo" o "neobarroquismo" del que se habló. En mi lectura hay tristeza, claro. También dolor, epifanía. Y complejidad. Pero eso no significa que los poemas sean barrocos o tristes.


La imagen que sí me ayudó en la lectura fue la de las muñecas rusas que comentó Óscar David López. En efecto, los poemas abren a otros poemas y cada palabra, cada imagen resuena como una campanada que nos lleva a pasajes de la Biblia, de la mitología griega y, en general, de la tradición literaria de Occidente.


No hay poemas tristes o dolorosos. No los veo. Lo que veo es un intento de decir la tristeza en sí, los infinitos gestos de dolor que conforman el dolor del que formamos parte.


Pienso, por ejemplo, en el dolor de pierna en "Infiernos", donde él mismo, el concreto dolor de pierna, pretende hablar de sí mismo a través del poeta:
"...La pierna también en mí quiere cantar / con su ardor de sábanas, / sus ojos fijos, / su ratón pendulando / por esa mugre de muertos que baja por mi pierna / y ella en mí rascándome la razón...".


Lo anterior parece ser una constante, una manera de proceder de los poemas. Las "Cirses" no parecen ser metáfora de los motivos que llevan a alguien a abandonar la aventura y asentarse en un lugar aislado, son la estancia misma en lo asilado, el abandono mismo del viaje que se actualiza en el poema.


En este sentido, no es que el poeta aluda a la tradición en sus textos, sino que, haciéndose a un lado, abre la posibilidad de que el poema mismo convoque la presencia pura y múltiple de la tradición que en él se renueva. De ahí la aparente acumulación de elementos que llevan a pensar en barroquismos.


Nada se logra al intentar buscar en "La Santa" la tersa piel del poema, puesto que el cuerpo del poema se transparenta de pronto y muestra sus órganos, los múltiples estratos que lo conforman en el presente de su realización.


Como si cada poema hubiera sido escrito en un palimpsesto (libros medievales que fueron escritos sobre otros, que a su vez fueron escritos sobre otros), o como si observáramos las estrellas en una noche sin luna. Los poemas de "La Santa" permiten que veamos lo que hay detrás o, mejor dicho, lo que son en realidad.


Todo poema de verdad es así. La literatura es un ente orgánico en el que la palabra no sólo se alimenta del origen, sino que lo actualiza en la acumulación, en la repetición.


La virtud más notable que encuentro en los poemas de "La Santa" es este intento de vencer la aparente opacidad de la palabra, de manera que se haga realmente visible "en la oscuridad del cuerpo, / en la bombilla que descubre / los óxidos y arroyos...".


Un cuerpo transparente, repetido, múltiple en su presencia, no es algo triste o hermoso. Es, simple y sencillamente, un cuerpo. Imponente y terrible.


En lo personal, la mejor manera de acercarnos al trabajo de José Javier está en las repeticiones al inicio de los versos del fragmento final de "La Santa", poema que da nombre al libro y a la vez lo cierra. A partir de este recurso, el poema (el libro mismo, la poesía) queda suspendido en el eterno renovarse de la repetición.


"La Santa" se sienta (se asienta) una y otra vez a la orilla del camino, cada vez de nueva cuenta, como un latido que hace posible la eterna (ojalá) presencia de la palabra.


Quizá fue esta experiencia (enfrentarme en la lectura a la repetición orgánica y renovadora de la palabra), lo que provocó que la representación de "La Casa de las Paredes Largas" resultara tan enriquecedora.


La puesta en escena de La Percha, hermosa, absolutamente disfrutable desde cada ángulo, me recordó que la realidad mexicana (cualquier cosa que signifique la palabra "realidad" en esta frase) es, también, una repetición de muertes y renaceres que renuevan y conforman su presencia múltiple y repetida, de la que formamos parte. "Qué paciencia, bendito Dios".

Publicado en la columna Literespacio de la sección Vida del periódico El Norte. Monterrey, México.


domingo, mayo 20

¿Y su vida?

La vida de los otros

La vida de los otros. Das Leben der Anderen (Florian Henckel-Donnersmarck, Alemania, 2006) Una película hermosa, de ritmo sostenido, con recursos de lenguaje muy clásicos, pero efectivos. Me recordó la Trilogía de Nueva York de Paul Auster, las novelas de Pamuk, a una amiga de la secundaria. El complejo proceso de identificación, la empatía. Cuando alguien observa a otro de manera obsesiva y empieza a no existir, a vivir a través del observado. Los límites de la identidad. La manera como el observador desaparece en la película y también el momento en que se recupera como sujeto: la última frase.


Ser uno o ser otro.
Ser uno en el otro.
Ser uno mismo (¿uno?) (¿mismo?).


Pienso en lo que dice Pamuk en relación a que el deseo de empezar de nuevo es el eterno deseo de no ser uno mismo y al mismo tiempo ser el de antes. Nada qué ver con la película esto último. En fin, qué lío la identidad.

sábado, mayo 12

El dulce cuerpo

Tunick


I. La libertad de los sometidos

¿Por qué tantos humanos se sintieron "libres" al unirse a una masa de cuerpos, habiendo dejado atrás no sólo la ropa, sino también los celulares, las llaves del carro, las plumas, las palms y demás artefactos que integran nuestra identidad?

Lo paradójico en relación al evento masivo convocado por el fotógrafo Spencer Tunick es que para sentirse libres, los participantes tuvieron que someterse a las órdenes de un líder y ajustarse a sus reglas.

¿De qué se liberaron entonces? O, dicho en otras palabras, ¿cuál es la gratificación al participar en un acto que borra por completo al individuo, convirtiéndolo en una parte ínfima, casi invisible, de una enorme masa que alguien manipula a su antojo?

Los participantes no sólo se despojaron de la ropa, sino también de la voluntad (de la que otro se hizo cargo), de la responsabilidad, de los rasgos que singularizan su individualidad y, en última instancia, de lo humano. Descansaron de ellos mismos al desaparecer en la multitud. Qué dicha.

II. Gansos sin plumas

"Carece de sentido", dice Slavoj Zizek, "imaginar a un ser humano como entidad biológica sin su compleja gama de instrumentos, noción que equivaldría, por ejemplo, a la de un ganso sin plumas."

Desde este punto de vista, los humanos contemporáneos no estamos contenidos únicamente en el cuerpo, sino que habitamos también una exterioridad que nos constituye junto a lo orgánico. Las computadoras, los automóviles, los celulares y, principalmente, el lenguaje, son nuestro dominio propio.

Nos hemos construido un mundo a la medida, hemos creado una segunda naturaleza, una "sustancia artificial" opuesta a la "sustancia natural". Sin embargo, tal "formación de mundo" resulta cada vez más una carga inmensa.

A los gansos no les pesan las plumas. Quizá por eso nunca les da por quitárselas y experimentar la sensación liberadora de no ser gansos en absoluto.

III. ¿Para qué complicarse?

Al reflexionar sobre las masas hitlerianas, Teodoro Adorno interpreta su formación como una "regresión" en el sentido freudiano. En lugar de volver a los sujetos conscientes de su inconsciente (el humano se emancipa así del dominio de sus propios demonios, lo cual supone cierta libertad y autonomía personales), la masa los convierte en autómatas dependientes del líder.

Pero Adorno va más allá al afirmar que en el fondo, los integrantes de la masa fascista no se identifican con el líder, sino que actúan esta identificación, fingen. Y el sujeto que finge ser cautivado, seguramente está vacío bajo esa máscara.

Ese tipo de espectáculos y de distancias internas, Zizek lo advierte una y otra vez, dan lugar a la violencia más atroz, puesto que el sujeto no se siente responsable de nada. Pero ése es otro tema.

En el caso de los encuerados del Zócalo no hubo necesidad de tantas complicaciones ni dobleces ideológicos para llegar a la desaparición gratificante. A partir de una convocatoria que no los invitaba a otra cosa que no fuera vaciarse (y dejarse fotografiar, claro), se vaciaron. He ahí el dulce cuerpo sin otra sustancia que la carne.

IV. El insoportable paraíso

Si es tan gratificante borrarse en la masa, entonces cómo explicar el terror, la angustia de quienes han experimentado regímenes totalitarios.

La igualdad extrema (todos somos hijos de Dios o del Estado), la imposibilidad de adquirir rasgos que singularicen al sujeto, el acceso vedado a la diferencia, que en los regímenes de extrema derecha e izquierda se venden como la imagen del paraíso, se experimentan en lo cotidiano como infiernos.

Quizá el secreto de las formaciones de masas que se experimentan con placer liberador sea su carácter momentáneo. Ser un cuerpo entre miles sobre la plancha del Zócalo es una desaparición similar a la del sexo, cosa de un rato.

V. Restos culturales

En su crónica sobre los eventos del Zócalo publicada en el periódico digital "Los Tubos", Elia Martínez Rodarte comenta que en el momento de arranque la gente mostraba un singular orgullo nacional. Si los mexicanos no ganamos mundiales de futbol ni sobresalimos en nada, al menos rompemos récords extravagantes.

En cuanto al epílogo, se queja de la mugre en las grietas del pavimento, lo cual nos indica que, por más que intentemos vaciarnos, algún resto cultural quedará siempre adherido a los puros cuerpos.

Publicado en la columna Literespacio del periódico El Norte. Monterrey, México


viernes, mayo 11

Otra orilla

Otra Orilla es una publicación situada en el cruce entre las artes plásticas y la literatura. El proceso de creación es así: se propone un tema para cada número y el pintor Salvador Díaz entrega una imagen. Los escritores (Gaby Cantú, Óscar David López, Fernando Mol, Nancy Jeannette Graza, Ytak Solabad y Una Servidora) elaboramos un texto breve cada uno. Enseguida, la imagen, que es una página de periódico intervenida con óleo, es intervenida de nuevo al integrársele los textos. Al final todos firmamos el resultado en conjunto, por lo cual se deduce que somos un colectivo. El proceso de impresión es mixto: inicia de manera digital y finaliza de manera manual en serigrafía. El responsable de tales mezcolanzas es Fernando Mol, que hace unos corajes espantosos en el taller de Toño. Se imprimen 500 ejemplares. En el número 2 tuvimos como artista invitado al fotógrafo Oswaldo Ruiz. Acabamos de sacar el número 5, cuyo tema es "Mapas", y ya basta de explicaciones que nadie pidió. Okey, una más: las imágenes que aquí presentamos están a la mitad del proceso (la parte digital). La pieza final tiene peso, textura, olor a tinta. Lástima que internet todavía no llegue a tanto. En todo caso, lo que sigue es una muestra solamente.


A continuación, damas y caballeros, la estrella de esta noche. Con ustedes, Otra Orilla:

Número 5: Mapas
OtraOrilla n.5 MAPAS

Número 4: El banquete
OtraOrilla n.4 EL BANQUETE

Número 3: Desidia
OtraOrilla n.3 DESIDIA

Número 2: Olvido
OtraOrilla n.2 OLVIDO

Número 1: Anónimo
OtraOrilla n.1 ANÓNIMO


jueves, mayo 10

Maternidad

(a propos de la sagrada fecha)

Celebremos la servidumbre, el contenedor. Me canso de contener y sigo, continúo, hay mucho encore. Y sin embargo se mueven (se desprenden, se van).
Esto de ser pecera.

viernes, mayo 4

Narrativa ella, indiscreta

Un pie detrás del otro al andar. Las cucharas en los extremos y a un lado el descorchador. Todo elude al caos, a la ausencia de sentido. Por eso me da por crear formas, secuencias, ritmos de objetos en el encuadre imaginado de un paisaje al que se le ponen límites (mi casa, esta página). Los libros en el librero, las camisas en el armario y los calcetines en ovillo dentro del cajón. Pulir, lavar, dar acomodo a las cosas y a los signos. Camino, corro, narro incansable. Del verbo: narrar. Aquí estoy. Escribo, pongo orden en la página. Okey, listo, bye.

Cuando el entusiasmo nos alcance...
La escoba, el agua y ese objeto de la mente: el ordenador.
Toco el piano ahora mismo.
Es un teclado de signos, una voz.
Y sin embargo no se escucha ni soy yo.
Pero está y está a punto de marcharse.
Esa que narra y desaparece.
Hay que verla cuando da la espalda.
Bye.

Ahora mismo camino la secuencia imaginada
(el ritmo en la mente, en los brazos, en las plantas de los pies).
¿Y la historia?, ¿el cuento?, ¿la anécdota?, pregunta ella.
En primer lugar, narro, digo cosas, le respondo.
En segundo, continúo narrando, y así.
Uno, dos, tres (narro).
Que esto y que lo otro, que por acá y por allá (sigo narrando).
Hasta que me canso (ya me cansé).
Basta de tanto orden, de tanto hablar de una misma en el blog (¿eso quién lo dice?).
Ya se va.
Bye.

sábado, abril 28

Monterrey news, los logócratas y los ñoños

Como suele suceder, me dio por aceptar la recomendación de la columna "Hojeando" y me fui a comprar "Los Logócratas", de George Steiner. Un libro hermoso.

Aquí abro un paréntesis para mencionar la colección de poesía de la Dirección de Publicaciones de la Universidad, que convierte la lectura en un placer doble. En cambio, el diseño de la colección de narrativa no invita tanto. Hablo específicamente de la reedición de "Monterrey News", de Hugo Valdés. Pero vayamos antes a Steiner.

Partiendo de las dos teorías del origen del lenguaje, la natural o "positivista" y la "trascendente", Steiner se coloca del lado de esta última y apuesta por los autores interesados en el "logos" que, dice, parten del pensamiento teológico o de su negación, o bien, de la rebeldía ante el Canon.

George Steiner

Pensadores como Heidegger, Benjamin, Marx o Freud, poetas como Celan o Hölderlin, pasan aquí por el tamiz de su relación con lo divino.

El judaísmo, dice, con su interés por el texto sagrado, por el origen del lenguaje y de lo humano, por la relación del mortal con Dios, ha dado lugar a "nuestra modernidad" al secularizarse.

De acuerdo con Steiner, detrás de conceptos como la autonomía del pensamiento, del lenguaje o del texto (Habla, Pensamiento y Escritura), seguimos pensando nuestra relación con Dios y su intervención en nuestras creaciones.

Es lógico que, desde esta perspectiva, la deconstrucción derrideana no sea otra cosa que una rebeldía ante la herencia del pensamiento religioso judío. Si decimos que el texto se abre a interpretaciones sin fin, que no tiene un significado absoluto, es por un berrinche ante su divinidad.

Sus reflexiones no sólo resultan brillantes, sino que nos llevan a entender un tipo de pensamiento, digamos, conservador, de derechas, ante el cual difícilmente tenemos paciencia y que, no obstante, es importantísimo revisar.

Creamos o no en la "muerte de Dios", declarada por Nietzsche, esa "movida" a través de la cual Occidente dejó la infancia y entró a la edad adulta, de quien actúa independientemente de lo que el Padre ordene o deje de ordenar, o sea, estemos conscientes o no de que en determinado momento tuvimos que empezar a elegir quiénes somos o cómo deseamos ser, encontrarnos con la presencia divina en las reflexiones de un pensador actual resulta extraño a estas alturas.

No podemos negar que lo teológico subyace a nuestro pensamiento, cómo detrás de nuestras acciones adultas está la educación que recibimos en casa. Pero de eso a tener que interrogar al Padre en todo momento, olvidando que nosotros mismos somos padres y madres de nuestros hijos, es para algunos y algunas de nosotras una actitud un tanto infantil.

El caso es que al leer a Steiner entendí un poco más la ñoñez de nuestra derecha mexicana y de nuestra sociedad regiomontana tan conservadora, tan apoltronada a la comodidad de seguir las reglas del canon, tan creyente de los valores e interpretaciones absolutas, tan perezosa a la hora de tomar decisiones que comprometan su consciencia personal.

"Aquí no se va a aprobar la despenalización del aborto", comentó una amiga, "porque hay mayoría panista en el Congreso".

La traducción vendría a ser: "aquí todos somos obedientes de las reglas de papá y nadie las discute". Es decir: "aquí no pensamos, sólo obedecemos".

Derrida

Sin embargo, Steiner, con todo el respeto a su herencia judía, con toda su consciencia de lo canónico y del valor del "logos", no deja de admirar, por ejemplo, la supuesta rebeldía de Derrida en su denuncia e intento de descentrar el pensamiento logocéntrico o falogocéntrico.

Y no sólo eso, sino que advierte que el pensamiento de los logócratas ha estado aliado a las políticas de autoridad, incluyendo al rebelde y malcriado Marx. Y aunque interpreta el intento de independencia de la consciencia humana como una caída, la piensa a profundidad.

Al final, reflexionar sobre los fundamentos del pensamiento fuerte, en términos de Vattimo, nos ayuda a entender de dónde venimos y, en términos de Steiner, contra qué nos rebelamos en el intento de "ser".

Quizá por eso, porque en el fondo ya ni los ñoños creen en los valores absolutos, me gusta tanto la idea de que Hugo Valdés ande reescribiendo sus libros.

"Monterrey News Reloaded" nos recuerda que todo puede ser traducido a una nueva circunstancia, a una nueva consciencia del lenguaje. El texto que se rehace es el que descree de absolutos, el que se compromete, una y otra vez, con un código incierto y una escritura jamás definitiva.

Texto publicado en la columna Literespacio del periódico El Norte. Monterrey, Mex.

sábado, abril 14

Ciudad Juárez y las nubes

Pues nada, que me fui a Ciudad Juárez en plan familiar y con ánimos de descanso. Unas de esas vacaciones que te cargan las pilas, te sacan punta como a un lápiz y te dejan lista para lo que sigue.


Antes de salir, ya con todo empacado, me planté frente al librero hecha una interrogante: ¿Cuál libro llevo?


Me decidí por "Nubosidad Variable", de Carmen Martín Gaite. El título combinaba a la perfección con mi estado de ánimo y el olor de los libros de Anagrama me encanta.
Minutos antes de subir al avión, abrí por primera vez la novela y entré como Juan por su casa. Eso tiene la literatura de Martín Gaite, te provoca sentir cómoda desde la primera página.


Mariana y Sofía, protagonistas de la novela, empezaron a escribirse cartas cuando mi avión despegó y continuaron a lo largo de mi estancia en la frontera, cómodamente instalada en la casa de mi hermano que, junto con el resto de su familia y como haciendo competencia a la escritura de Martín Gaite, no canta mal las rancheras a la hora de hacerte sentir el saborcito cálido de la convivencia.


Los momentos inolvidables son así: la literatura y la vida se acomodan y encajan.
Pero vayamos a la novela. ¿Qué pueden tener en común una psicoanalista y un ama de casa metida en las letras? Antes que nada, y esto va también para mis amigotas, la escritura. Hablo de ese placer tan, digamos, literario, de contarnos la vida a través de poemas, lecturas, cartas.


Mariana y Sofía escriben, se escriben, y eso provoca que la historia se convierta en un continuo contar que cuentan. La vida se presenta entonces como un caos, una avalancha de experiencias que es necesario poner en orden.


Meter en cintura a la vida no es fácil. Sofía llega de madrugada, ve el desorden en la cocina y se siente plena al saber que sus hijas disfrutaron. Hay platos con pedazos de pizza, botes de cerveza, colillas. Da las buenas noches al marido, se sienta a intentar escribir lo que recién experimentó y no duerme en toda la noche.


Carmen Martin Gaite


Adicta a los amores atormentados, Mariana envidia la capacidad de Sofía de sacar jugo a lo que le pasa. Ella necesita adrenalina y por eso su vida es como un deporte extremo que, sin embargo, también se resiste a ser escrito. Igual se desvela intentándolo.


Por ahí de la mitad de la novela y viendo que la historia avanzaba a paso de tortuga en los raros casos en que avanzaba, aun cuando los personajes escribían sin parar, me pregunté para dónde iba Martín Gaite. Me sucede también con las novelas de Clarice Lispector, te meten en cierta atmósfera de la que no deseas salir, aunque a la historia no le encuentras pies ni cabeza.


Sin embargo, si algo seduce de este tipo de escritoras, entre quienes habría que mencionar también a Cristina Rivera Garza, es que cuentan a su manera lo que les da la gana.


A ver, me dije una noche, vamos a ver. Esperé el momento adecuado, busqué un lugar cómodo y me hundí en mi novela. Casualmente, Sofía había amanecido de buenas y se sentía tan a gusto como yo. Entonces advertí que de eso se trataba el asunto: de escribir estados de ánimo.


"Nubosidad Variable" es una novela que cuenta, no una historia (la de los eventos que provocaron el alejamiento y posterior encuentro entre dos mujeres), sino la manera en que ellas van construyendo esa historia a partir de sus estados anímicos.


Recordé entonces a un amigo de Tijuana, quien insiste en que no sólo somos muchas personas, sino que el mundo no es todos los días el mismo y nuestra propia historia cambia a partir de la manera, siempre diferente, de ir acomodando las cosas.


Martín Gaite hace de la variación de las nubes (las protagonistas están siempre intentando entender sus formas) una metáfora de la complejidad que somos y lo inciertas que resultan nuestras apreciaciones de la realidad que, sin embargo, queda atrapada en los libros.


Aunque el resultado sea más un rescate del ángulo desde el cual observa alguien. Lo importante es que queda una huella: la marca de una mirada que de pronto nos asombra. Es entonces cuando cerramos el libro y nos ponemos a ver desde ahí lo que nos rodea. Y nuestro propio mundo nos parece extraño, diferente, nuevo.

Publicado en la columna "Literespacio" de la sección Vida del periódico El Norte. Monterrey, México

jueves, abril 12

Diálogos marcianos

Marijose y su amiga conversan en la recámara. Tienen la computadora y la televisión encendidas. Marijose teclea; su amiga está tirada en la cama, viendo un programa de música.

Marijose: ¿Te quedaste conectada en tu casa?

Amiga: No sé, ¿por qué?

Marijose: Es que te estoy viendo.

Amiga: Ah, pues a lo mejor sí. A ver, háblame.

Marijose: Ya te hablé varias veces, pero no me respondes.

¡Si mi abuela se levantara de su tumba!

Mercedes trasatlántica

De la lejana Suecia llega un comentario de la Luminosa. Todo fresco, interesante. Chispas, me encanta.

sábado, marzo 31

Sacrificio y mercado

Al caminar hacia los elevadores advertí que en el estacionamiento había solamente un par de carros. Regresé para confirmar que había cerrado con llave y subí a la primera planta del mol. El sonido de mis pasos retumbaba en muros y cristales.

Como era de esperarse, en la taquilla no había cola y al entrar a la sala de proyecciones me recibió un desierto de butacas. El título, "La Fuente de la Vida" (The Fountain), no me resultaba atractivo, pero se trataba de un film de Darren Aronofsky, que en 1996 había iniciado su trayectoria con la enigmática cinta "Pi, el Orden del Caos" y en el 2000 adquirió celebridad con "Réquiem por un Sueño".

Unos años antes, el cortometraje "Supermarket Sweep", tesis con la que Aronofsky concluyó sus estudios en Harvard, al lado de "Protozoa" (1993), producido por el American Film Institute, lo habían convertido en una promesa del cine de arte norteamericano.

El inicio del éxito llegó en el Festival Sundance de 1996 con "Pi, el Orden del Caos", largometraje que logró finalizar pidiendo 100 dólares a todas las personas que conocía y haciendo mil malabares más entre familiares y amigos. El resultado fue una película en blanco y negro de atmósfera asfixiante y enigmáticas secuencias que abordaban cantidad de cuestionamientos místico-matemáticos.

Faith in chaos

Un trabajo sorprendente en el que se contaba la historia de un científico obsesionado con encontrar el patrón de la naturaleza, consistente en una serie de números. Se trataba nada menos de la búsqueda del mayor de los tesoros: la lógica absoluta.

Y aunque la tesis de que tal patrón puede encontrarse detrás de los números de la Bolsa de Valores está presente en novelas como "The Spanish Prisoner", de David Mamet, o "Cosmopolis", de Don DeLillo, el giro místico que aporta Aronofsky al relacionar el tema con los misterios de la Cábala judía aporta una extraña singularidad al film.

En "Réquiem por un Sueño", una historia trágica acerca de la adicción a las drogas, el cineasta pulió su lenguaje y lo llevó al límite de sus posibilidades, pero se alejó de los temas enigmáticos. Lo que consiguió fue, por un lado, un enorme éxito en las salas comerciales; por el otro, un gran logro formal acompañado de empobrecimiento temático.

Requiem for a dream

Lo que vino después fue una reacción normal, tomando en cuenta sus pretensiones artísticas. Los grandes estudios le ofrecieron filmar una nueva historia de Batman, cuyo guión escribiría al lado de Frank Miller, y una nueva versión del manga japonés "Kozura Okami", que en los 70 había vendido millones de copias en aquel país. Aronofsky rechazó todo, argumentando que antes debía filmar "The Fountain", para la cual había conseguido un presupuesto millonario y en la que trabajaría durante seis años.

El final de esta larga historia es la película que vi esta semana en una sala vacía. "La Fuente de la Vida" es un buen ejemplo para la tesis de que el mercado es capaz de estropearlo todo. Muy por debajo de "Pi", que muchos consideramos su trabajo más logrado, "La Fuente" retoma el ángulo místico-científico para contar una nueva búsqueda imposible: la inmortalidad.

Situadas en la época presente, la de la Conquista en América y un momento atemporal en lo profundo del universo, las historias que conforman la estructura del film logran enlazar el sacrificio en la eucaristía cristiana de Occidente a la reencarnación en Oriente y al sacrificio humano de las culturas prehispánicas. Todo ello a partir de una anécdota mínima en la que un científico intenta salvar a su esposa de la muerte.

Fountain

Sin embargo, a la belleza de las esferas flotando en dirección a un sol a punto de morir, o de las tomas en las que la piel humana y la corteza del árbol muestran en su textura la huella del tiempo, se une el efectismo de otras secuencias que remiten a lugares comunes holywoodenses.

¿Cuál era el propósito real de Aronofsky en esta cinta?, ¿se dejó manipular por los productores o deseaba realizar una especie de pastiche entre el cine erudito y las producciones chatarra?, ¿es la cinta misma un sacrificio artístico?, ¿no hubiera sido mejor sacrificar el presupuesto?

Aunque es difícil tomar una decisión ante un trabajo tan extraño, hay en este filme signos muy claros de la confusión que puede surgir dentro de un artista cuando ha sido tocado por las, éstas sí, mortíferas manos del mercado.

Publicado en la columna "Literespacio" de la sección Vida del periódico El Norte. (Monterrey, México)

lunes, marzo 26

No hay quinto malo

Ya está en línea el número 5 de Narrativas.
AQUÍ la liga.

sábado, marzo 24

Las del norte del norte y las de acá

La antología de escritoras mexicanas y alemanas Compartir el señorío con las mujeres (Die halbe Herrlichkeit den Frauen) se presentó el mes pasado en el marco del Festival Cultural Perspectivas Femeninas 2007 (Kulturfestivals Frauenperspectiven 2007) en la ciudad de Karlsruhe. Participan en la publicación: Carmen Alardín, Eva-Maria Berg, Katha Beherens, Anne Brik, Graciela España, Dulce María González, Ursula Jetter, Regine Kress-Fricke, Isabel Medrano Pérez, Elena Poniatowska, Emma Rueda Ramírez, Beate Rygiert, Sandra Sabanero, Graciela Salazar Reyna, Silke Scheuermann y Vera Zingsem.

miércoles, marzo 21

Para existir (simulacros de los simulacros del norte)

Después de las famosas bodas de la primavera y de que los poetas de Tijuana y Monterrey se vistieron de novia y se besaron hasta el cansancio (ah, la poesía, el vestido blanco, el amor y su espectro, la puesta en escena de la felicidad)...
Premiación del Concurso Regional de Poesía Carmen Alardín.
Mañana jueves 22 de marzo, vestíbulo del Antiguo Palacio Federal, 20:00 hrs.
Ganadora: Minerva Reynosa (NL)
Menciones: Óscar David López (NL) y Ramón Gerónimo Olvera (CHIH)

El rompimiento lúdico de las letras y su cierre oficial: he ahí la paradoja.
¿Como en el Tao?
Felicidades a nuestros poetas del milenio.

sábado, marzo 17

La violencia insportable


“Sucio, sucio es el mundo; pero respira. Y tú entras en la habitación como un animal resplandeciente”.

Antonio Gamoneda


El video, que dejé correr unos segundos e interrumpí de inmediato sencillamente porque no era capaz de ver más, muestra el trato que se da a los animales con el fin de extraer su piel e industrializarla.

Hay una toma en especial. Después de que el hombre toma al pequeño zorro por las patas y lo golpea contra el suelo con el fin de romper sus huesos e inutilizarlo, la cámara se acerca a sus ojos. Con el hocico destrozado, la mirada del animal transmite una mezcla de dolor e impotencia infinitos. Hay algo más: no sabe lo que está pasando. Inmóvil, incapaz de defenderse, mira a la nada y sufre en el vacío.


Enseguida lo cuelgan de un gancho y, después de abrirle la piel entre pataleos inútiles, lo despojan de ella y lo arrojan a un tambo, encima de otros tantos animales que, con el cuerpo en carne viva, se retuercen.


El VIDEO en cuestión, exhibido en la página de la organización PETA, “People for the Ethical Treatment of Animals”, permanecía archivado en mi disco duro. A partir de la lectura de “Kafka en la Orilla” (Tusquets, 2006), de Haruki Murakami, consideré que era tiempo de enfrentarlo.


La novela está estructurada en base a dos historias paralelas que, en determinado punto, se encuentran, y a través de las cuales el autor aborda lo humano pensándolo en su relación con lo animal.Kafka Tamura, joven de 15 años a quien su madre abandonó desde pequeño, escapa de casa acosado por lo que llama “la profecía”: su padre le ha asegurado que lo matará y se acostará con su madre y su hermana.


Las aventuras de este Edipo contemporáneo avanzan junto con la historia de Satoru Nakata, un viejo que perdió la capacidad de leer y escribir (lo humano) a partir de un accidente en su infancia y que, consecuentemente, es capaz de comunicarse con los gatos.


Situados en el Japón de la tercera revolución industrial, ambos relatos se complementan en su afán de contar el llamado “fin de la historia”; entendido como una época final de redención, de reconciliación entre el ser humano y la naturaleza y, por lo mismo, entre las relaciones que el humano establece entre su propia animalidad y humanidad.


A partir de ello, y acaso en un intento de decir el estrecho espacio que compartimos y a la vez nos separa del resto de los vivientes, la novela de Murakami avanza kafkianamente por las orillas y se adentra en terrenos del absurdo. Sin embargo, no hay tal, o quizá sucede que la realidad de la historia y del hombre es así: absurda.


En este sentido, el que Nakata sea capaz de provocar lluvias de peces o de sanguijuelas no es tan absurdo, puesto que su lugar está fuera del mundo humano y de la conciencia del yo. Alelado, absorto en lo animal, no hace sino moverse en otro mundo del que participa y resulta incomprensible para la razón.


Kafka Tamura se encuentra absorto en lo trágico, situado en el núcleo de lo humano. Teme enamorarse de su madre y, por lo mismo, la busca por todas partes. Teme matar a su padre y lo mata en sueños.


En la novela de Murakami, las constantes irrupciones entre un mundo y el otro a partir de lo que Heidegger llama “desinhibidores” (estímulos que llevan al animal a la acción) y el constante velar y desvelar humano del objeto a partir de la sexualidad, dejan al descubierto una verdad aterradora.

Mientras en el animal hay un estímulo hacia la sangrienta acción de supervivencia, en el hombre hay un deseo y un placer de hacer sufrir. “No podemos imaginar que un animal no sufre…”, dice Derrida, “sabemos lo que es el sufrimiento animal, lo experimentamos”.


Lo puramente humano se expresa en la novela a través del personaje simbólicamente llamado Johnnie Walken, quien disfruta al matar gatos con crueldad para, encima, sacarles el alma y obtener dominio sobre la vida y la muerte.


¿Y qué otra cosa hacemos los humanos al utilizar la vida de los animales, ignorando su sufrimiento?, ¿cómo se acomodan nuestra conciencia, nuestro sentido de la ética?


“La violencia infligida a los animales no dejará de tener repercusiones profundas sobre la imagen que se hacen los hombres de sí mismos”, afirma Derrida, “esa violencia, creo, será cada vez menos soportable”.


Justo esto es lo que impulsa a Nakata a buscar su redención como animal y, a la vez, como humano. Cuando le preguntan por qué busca rescatarse, responde: “Johnnie Walken entró dentro de mí… me hizo derramar una sangre que no debía ser derramada”.


Publicado en la columna Literespacio del periódico El Norte. Monterrey, México

Palabras

De noche la casa, las películas, los libros abiertos sobre la mesa y el ruido del viento más allá de los árboles. De día el sol iluminando la sala, el verde de las plantas y el calor sobre la hierba crecida del parque. Ella come palomitas y toma coca cola, yo mastico huevos duros y bebo té de limón. Entonces llegan ellas: se escurren por debajo de la puerta, avanzan al mediodía o entre la luz oscurecida de las lámparas.

sábado, marzo 3

Pink Floyd y nuestras técnicas para hacer ladrillos




Cuando escucho que alguien menciona al legendario grupo Pink Floyd, y últimamente lo he escuchado por todos lados debido al concierto de Roger Waters, no puedo evitar acordarme de uno de los primeros videos que, por allá de finales de los 80, tomamos a nuestro hijo mayor cuando éste inició la escuela primaria.




En el video, que provocaba carcajadas a los amigos y a mí me sigue pareciendo estremecedor, la pequeña criatura está sentada ante su cuaderno de tareas. Hay continuos acercamientos a su rostro y a la página, en la cual traza una y otra vez la letra "a", al tiempo que escuchamos "Another Brick in the Wall, Part 2", de Waters.


El pequeño había iniciado su domesticación. Un objeto de consumo había sido colocado por sus propios padres en la línea de producción de la singular fábrica de empleados del, para colmo, tercer mundo.




En un poema dedicado a su hija, José Jaime Ruiz aborda la entrada al mundo de lo simbólico como un bautismo que, lejos de liberar, atrapa: "Mira, niña, el chorro santificado que te baña. Escucha el haz de voz que te nombra. Presencia con tu llanto cómo eres condenada a la palabra".




El texto me llevó a "El Informe ante la Academia", famoso cuento de Kafka en el que un simio atrapado por el hombre busca su libertad imitándolo. Aprende a ser hombre y logra salir de la jaula, pero es al irrumpir en la cultura cuando queda definitivamente atrapado.




"El hombre es el animal que no puede irse", dice Peter Sloterdijk, su existencia significa no sólo caer en la trampa, sino habitarla como mundo. El asunto es que en el mundo occidental contemporáneo el adiestramiento del animal humano se ha sofisticado al extremo y es precisamente de ello que habla la famosa canción de Waters.




Ya ni siquiera se trata de establecer estrategias para habitar el cautiverio. Los seres humanos somos ahora formados para pensar cómo debemos pensar, o sea: para no pensar. El mundo queda dividido entonces en dos bandos: los poderosos (administradores del zoológico) y los científicos (poseedores del conocimiento práctico, el único que vale actualmente) por un lado; por el otro, los empleados, medio-empleados o desempleados, cuya única aspiración, previamente programada, consiste en el acceso al trabajo.




Para asegurar calidad en este preciado bien y transformar al niño en empleado, las instituciones educativas deben documentar sus procesos a través de las famosas acreditaciones.




En lo personal, elegí lo que consideraba menos peor: escuelas tradicionales que, para empezar, no fueran bilingües y que, por el amor de Dios, no ofrecieran novedades sofisticadas acerca de cómo iban a manipular la conciencia de mis hijos con el fin de que pudieran acceder a la mediocridad autosatisfecha y semidepresiva del hombre "realizado".




Para mi desconsuelo, las escuelas tradicionales cayeron pronto en la moda y se pusieron a controlar y acreditar. Basta leer "El Ejército Iluminado", última novela del escritor regiomontano David Toscana, para situar el fenómeno en nuestro entorno.




En una escuela tradicional de hombres, muy del estilo de los colegios normalitos de antes (ahora cualquier changarro educativo se acredita), un alumno ejemplar, felizmente alineado al sistema, acusa de subversivo a un vehemente profesor de historia enamorado de la enseñanza y obsesionado con el tema de la guerra contra los Estados Unidos.




Su salida de la institución da inicio a la aventura de un grupo de idealistas desalineados, niños con demasiada imaginación, seres alejados de la razón y del sentido común, pero entusiasmados con una loca empresa que, como cualquier acto heroico, saben que terminará en tragedia.




Desadaptados, monstruosos, babeantes, este grupo de anormales nos remite el sustrato de dignidad y nobleza del más auténtico humanismo, aquel deseo del hombre de dar lo máximo de sí, de embarcarse en empresas riesgosas y superarse.




Por su lado, el alumno ejemplar, digno espécimen de la industria educativa acreditada, logra el éxito. "Hoy Arechavaleta trabaja para una empresa textil", dice Toscana en su novela, "donde se hace llamar gerente de operaciones y relata con satisfacción que tiene más de 300 empleados".




En cuanto a su vida privada, este ejemplar "está casado con una mujer a la que llama mi vida y que le dio tres hijos, ninguno de los cuales asiste al Colegio Francomexicano. Es que ahí no enseñan inglés, explica, y hoy por hoy es más importante que el español, es el idioma de los negocios, y pronuncia la frase con suficiencia de sabio, como acostumbraba hacerlo cada que decía estupideces en el salón de clases".




"El asunto es que los alumnos lleguen, ellos solitos, a las conclusiones esperadas", me dijo una pedagoga hace poco. ¿Que ellos solitos deseen lo que deben desear?, me pregunté. Desde entonces no me quito de la cabeza la canción de Waters, aunque él mismo declare a la prensa cantidad de frivolidades.


Publicado en la columna Literespacio del periódico El Norte. Monterrey, México

lunes, febrero 19

Invitación

Encuentro invitación

Presentación de la novela "Encuentro con Antonio"
de Dulce María González (yo mera)
Miércoles 21 de febrero de 2007
20:00 horas
Vestíbulo del Antiguo Palacio Federal
Presentan:
Gabriela Cantú Westendarp
Nancy Jeannette Garza y
Minerva Margarita Villarreal

sábado, febrero 17

Cucarachas de papel

Literespacio / Cucarachas de papel
Por Dulce María González
El Norte


La semana pasada asistí a una reunión donde se hablaba del arte, la literatura y los nuevos medios. Me llamó la atención que una fotógrafa extranjera de reconocida trayectoria se lamentara de ser "antigua", ya que, aseguró, no se siente a gusto trabajando con material digital.

Cuando me pidieron mi opinión, comenté que en mi terreno no hay tal conflicto, puesto que para un escritor no existe nada como un libro. Todos coincidieron entonces en que, al igual que la fotógrafa, soy una creadora de ideas antiguas.

Nunca ha sido mi intención parecer moderna; sin embargo, esa noche me dio por explicar la manera en que las nuevas tecnologías, efectivamente, han transformado los procesos de producción, promoción y difusión literaria e, inevitablemente, salí en defensa del libro.

No se trata solamente de la sensación de textura y grosor del papel al pasar la página, ni siquiera del olor de la tinta o la belleza estética del diseño y el tipo de caracteres. El libro es un objeto simbólico importante, la evidencia de una conquista.

Sabemos que la invención de la imprenta dio lugar a una revolución en la cultura. A partir de Gutenberg, leer y escribir dejó de ser un ejercicio reservado a una minoría para convertirse en la posibilidad de adquirir conocimiento para la mayoría.

Ya entrada la modernidad, o más bien su decadencia, empezaron los malos augurios. Con la invención de la radio se predijo el fin de la música viva; con la televisión, el fin del cine. Como en una gigantesca conspiración, todo ello acabaría con el libro.

Sin embargo, éste último no murió, como tampoco la magia de la música en un concierto o de la proyección cinematográfica en una sala pública.

Más allá del pensamiento de ruptura que caracterizó al Siglo 20 y que aún arrastramos en nuestro desdén hacia la tradición, en este mundo posmoderno de la "next generation" cualquier cosa de hoy es ya "antigua" y, por lo mismo, susceptible de ser aplastada como cucaracha. No obstante, todos conocemos la resistencia de las cucarachas.

En efecto, y como explicaba la noche de la reunión, las nuevas tecnologías han transformado las dinámicas de producción y difusión literaria. Para empezar, porque los creadores nos hemos habituado a los procesadores de palabras, al grado de que nos es difícil prescindir de ellos al escribir un texto, el cual presentamos ahora de manera impecable, sin las ancestrales tachaduras y correcciones a pluma.

Los contenidos viajan de manera instantánea a través del correo electrónico y el intercambio de textos e ideas se ha ampliado gracias a los foros de discusión y listas de correo alrededor del mundo.

Tenemos además la posibilidad de publicar en la red textos singulares, complejos o arriesgados en los que ninguna editorial grande se interesaría por su escaso valor comercial.

Paradójicamente, todo lo anterior no ha provocado la desaparición del libro, sino su difusión.

En el terreno de la literatura, la posibilidad de leer las opiniones de lectores especializados que escriben desde rincones alejados nos lleva a descubrir a autores a quienes el mercado ignora y de cuyas obras, por desenvolverse en ámbitos reducidos o locales, nunca hubiéramos tenido noticia.

La búsqueda de libros "raros" y autores desconocidos, así como la aparición de sitios especializados en la red es resultado de esta dinámica. Sin olvidar el fenómeno Amazon, consistente en la venta de libros de autores de consumo masivo a través de librerías virtuales.

Desde mi punto de vista, la enorme posibilidad de producción, venta e intercambio de opiniones y textos en la red significa, no una amenaza al libro, sino una posibilidad de difundir a autores "raros" y proyectos editoriales alternos, así como de poner límites a las grandes empresas que, si antes equilibraban su producción entre los textos propiamente literarios y los de lectura fácil, ahora publican casi exclusivamente estos últimos.

En la mayoría de los casos, y contrario a los pronósticos, el consumo de objetos literarios seudoconcretos (lectura de textos en la pantalla) por lo general estimula y promueve la producción y difusión de objetos concretos, ancestrales, resistentes como las cucarachas, llamados libros.

Así sea.

sábado, febrero 3

Seguir la pista


I. La memoria

Después de leer "El Libro Negro", de Orhan Pamuk, una no puede pasar la página como si nada hubiera sucedido. Su vastedad nos obliga a regresar constantemente, a intentar comprender los detalles, el sentido de las anécdotas.


Una compañera del taller de lectura volvió a leer el libro para subrayar los enlistados de objetos, calles, oficios; otra fue enumerando las historias, una más leyó de corrido los artículos que uno de los personajes publica en el periódico y que se insertan en la novela.


Por mi parte, la he pasado identificando personajes literarios y la manera como sus historias determinan la del protagonista. El autor nos contagió su obsesión de entender el universo a partir de las interconexiones de objetos, identidades, anécdotas. Estamos "empamucadas".


Si la memoria de un escritor contiene una cantidad infinita de memorias, si a través de su voz escuchamos las voces de todos los autores que éste ha leído y que a su vez leyeron a múltiples autores, entonces, ¿cómo saber quién escribe en realidad? O, dicho en palabras de Pamuk, ¿cómo hace un hombre cualquiera para ser él mismo?


En este sentido, la importancia de la lectura no consiste solamente en ampliar nuestro conocimiento del mundo, sino en la posibilidad de apropiarnos de la memoria de los otros y vislumbrar, al fin, de qué materia estamos hechos y cuál es el sentido de nuestros actos.


De las leyendas de las Cruzadas a las terroríficas anécdotas de nazis hitlerianos, de las aventuras por obtener el cofre de la muerte en "Piratas del Caribe" a los diabólicos proyectos de "Pinky y Cerebro", en las imágenes e historias que hemos creado los humanos todos somos Mehmet el conquistador y el mundo, nuestro mundo construido de mundos, nos aguarda.


II. Las señales

El protagonista de "El Libro Negro" se la pasa buscando señales. ¿De dónde vienen sus palabras, sus gestos, sus ideas, los personajes literarios que ha leído y los que él mismo cree haber inventado al escribir? La indagación lo lleva a abrir una puerta que conduce a otra, y así hasta el infinito.


Tenemos, entonces, que así como el protagonista de Pamuk descubre que detrás de los artículos que escribe un periodista están las palabras de un místico hurufí, detrás del tigre de bengala que aparece en los sueños de guerra del protagonista de "Caracol Beach", de Eliseo Alberto, está la pantera sanguinaria de los sueños de un niño en "La Pantera", de Sergio Pitol.


Detrás del intento de acceder a un mundo previo al lenguaje en "Lo Anterior" de Cristina Rivera Garza, está la historia de "La Pasión según GH", de Clarice Lispector. Y detrás de esta última, la "Metamorfosis" de Kafka.
Detrás de la imagen de los bosques de alminares de cemento, con la que Pamuk describe a Estambul está la de los bosques de mármol, con la que Gabriele D'Annuncio describe Venecia en "El Fuego". Y detrás de ella la vegetación de mármol con la que Taine describe esta misma ciudad en "Viaje por Italia".


Leer es una llave para abrir puertas y entrar al infinito juego de espejos del lenguaje.


Colegio Civil

III. Nuestra memoria regia

Es claro, entonces, que en el proceso de apropiarnos de las memorias que conforman nuestra memoria necesitamos pistas, señales. Acaso elaborar nuestros propios listados de objetos, libros, personajes, edificios.
De ahí la importancia de la labor de rescate que en últimas fechas viene realizando la UANL. No hay mejor destino para un monumento tan valioso, tan cargado de nuestra memoria como lo es el antiguo edificio del Colegio Civil, que convertirse en centro cultural.


De la misma manera, la colección "Lecturas Universitarias, Nuestros Clásicos", de la Dirección de Publicaciones de la UANL, nos da oportunidad de apropiarnos de autores nuevoleoneses como Raúl Rangel Frías, Pedro Garfias o Felipe Guerra Castro.


No se trata de tomar la herencia local como lo más importante de nuestra memoria, sino de completar este ejercicio en el espejo donde lo propio y lo ajeno van tomando su lugar en nosotros o, dicho en palabras de Pamuk, donde ser otro y ser uno mismo nos va llevando a entender la memoria infinita que somos.


Publicado en la columna Literespacio del periódico El Norte. Monterrey, México