Es la nostalgia de lo perdido para siempre, ese hueco que nunca nadie llenará. A veces, cuando alguien llega, se reacomoda el mundo. La cercanía contigo, este sentirte casi en la piel, me provoca perder un mundo que nunca existió, pero en mi imaginación me sostenía. Lo que se pierde está adentro, nada cmabia en realidad y al mismo tiempo todo se transforma. Lo que se pierde estuvo siempre perdido. ¿Por qué tendremos esta necesidad de imaginar por un instante que nunca perdimos lo que perdimos desde el principio? Nadie, nunca, nos llenará. Nadie. Sentirte cerca es recordar que hay un hueco dentro, enorme. Que escribo para sustituir esa ausencia y te deseo como llenando la falta del origen. Que trabajo mis textos para satisfacer mi necesidad de ti (de eso) por otra vía. Que nada nunca nos salvará. Eres mi objeto petit a, el que momentáneamente sustituye la completud que perdí cuando al fin pronuncié mi nombre y supe que yo era yo y que jamás volvería a estar unida a lo que me rodea. Eres la belleza que nunca poseeré, la actualización de lo imposible. Y aún así, te escribo con la esperanza de tocarte, de tocarnos en lo profundo. Penetrarnos. Mira este cuerpo de palabras (el cuerpo del texto que te escribo para alcanzarte) y tómalo. Es tuyo. Destrózalo. Abrázalo. Abrásalo con la nostalgia de lo que sucederá.
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miércoles, julio 14
domingo, junio 27
Hola, extraño
El dolor de una herida profunda y culpable abre de pronto una rendija de luz. Sucede en ocasiones. Es un hueco diminuto en donde caben las verdes plantas de la terraza, la música, las vasijas humeando en la cocina. Si por curiosidad una se asoma a esa rendija puede verse a sí misma leyendo o escribiendo un texto en la computadora. Una se descubre viva, sostenida de una fortaleza interna que había olvidado. Quizá al perderlo todo, o casi todo, lo que queda es la desnudez de nuestro cuerpo y nuestras emociones. Quedamos nostros. Hay dolor, pero somos. Estamos ahí con todos nuestros sueños, nuestra carga de locura y las fallas y todo aquello que nos fastidia y significa un peso para quienes nos rodean. Si pudiera irme de mí misma, decimos. Pero no podemos. Hénos ahí tal como somos. Sin remedio. O sin otro remedio que estar. Es entonces cuando sucede: encontramos de pronto unos ojos capaces de iluminarnos y regresarnos la confianza. Donde menos esperábamos sucede el prodigio de la mirada del otro que nos provoca, nos abre las puertas, nos lleva al descubrimiento del alma humana que nos está mirando y nos habla desde su acantilado personal. He recuperado la esperanza. Y todo por una simple mirada. Ya sé, ando cursi.
martes, noviembre 16
O tal vez la escritura es del otro
Quizá sucede que mientras duermo en la escritura, Lector
escribe. Dicho en otras palabras: otro escribe mientras pretendo hacerlo en
sueños. Otro señala acaso el camino. Y sin embargo, escribo.
¿Y para quién, o para qué, Lector mío? ¿Quién escribe en realidad?, ¿yo?, ¿tú que me provocas hacerlo?
Todo esto me recuerda los juegos de Jacques Derrida en “La tarjeta postal”: Es Sócrates quien escribe, Platón está detrás de él, mostrando el camino o dando una orden.
Platón siempre estuvo detrás, eso se sabía, pero no se pensaba que de esa manera. De acuerdo a Derrida, Platón hace escribir a Sócrates (¿qué no era al revés?), lo hace escribir lo que él quiere, y luego finge que todo lo ha recibido del otro. "Es el secreto de la reproducción”, dice Derrida.
Yo digo (con humildad, claro) que es también el secreto del rizoma, de la escritura en (la) red: de muchas maneras una re-producción.
POSIBLE COMENTARIO DEL LECTOR:
“Apenas se estaba poniendo buena y sana cuando cayó de nuevo en su desorden de siempre, la monserga del palabrerío que me pone enfrente”. Eso dirás ahora.
Otra probable opinión tuya: “Ella siempre en los extremos: si es invierno, que sea en Copenhague”.
O quizá te preguntas simplemente adónde diablos se ha idola Mujer Loba , si acaso
está de vacaciones.
¿NO SERÉ YO MISMA QUIEN ESCRIBE MIENTRAS DUERMO?
¿Y para quién, o para qué, Lector mío? ¿Quién escribe en realidad?, ¿yo?, ¿tú que me provocas hacerlo?
Todo esto me recuerda los juegos de Jacques Derrida en “La tarjeta postal”: Es Sócrates quien escribe, Platón está detrás de él, mostrando el camino o dando una orden.
Platón siempre estuvo detrás, eso se sabía, pero no se pensaba que de esa manera. De acuerdo a Derrida, Platón hace escribir a Sócrates (¿qué no era al revés?), lo hace escribir lo que él quiere, y luego finge que todo lo ha recibido del otro. "Es el secreto de la reproducción”, dice Derrida.
Yo digo (con humildad, claro) que es también el secreto del rizoma, de la escritura en (la) red: de muchas maneras una re-producción.
“Apenas se estaba poniendo buena y sana cuando cayó de nuevo en su desorden de siempre, la monserga del palabrerío que me pone enfrente”. Eso dirás ahora.
Otra probable opinión tuya: “Ella siempre en los extremos: si es invierno, que sea en Copenhague”.
O quizá te preguntas simplemente adónde diablos se ha ido
¿NO SERÉ YO MISMA QUIEN ESCRIBE MIENTRAS DUERMO?
El
cuerpo tiene sus cosas, sus felpudos, sus peluches y telarañas. Una está medio
dormida en el mundo, o ante la pantalla, y no se le ocurre que pueda existir
tal cosa: el cuerpo con toda su carne.
Y sin embargo unos ojos (los tuyos, por ejemplo), son la mejor manera de sanarlo (hablo del cuerpo del texto, del cuerpo del poema).
Ahora mismo duermo en mis palabras.
Pienso: a pesar de los pesares, sin importar lo que suceda, una sigue deseando. Con toda la carne imperfecta, o la realidad de esa tierra que es el cuerpo enfermo (el texto sin palabras). Una sigue anhelando los territorios de la nada. Como si durmiera, como si no fuera una de este mundo, como si el texto abierto en dos: vulnerado.
Dejemos que fluya este silencio pleno entre los párrafos
Y sin embargo unos ojos (los tuyos, por ejemplo), son la mejor manera de sanarlo (hablo del cuerpo del texto, del cuerpo del poema).
Ahora mismo duermo en mis palabras.
Pienso: a pesar de los pesares, sin importar lo que suceda, una sigue deseando. Con toda la carne imperfecta, o la realidad de esa tierra que es el cuerpo enfermo (el texto sin palabras). Una sigue anhelando los territorios de la nada. Como si durmiera, como si no fuera una de este mundo, como si el texto abierto en dos: vulnerado.
Dejemos que fluya este silencio pleno entre los párrafos
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cartas al lector,
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