lunes, diciembre 24

Hoy

Los escritores neoloneses y la Navidad
Por Margarito Cuéllar
Milenio

Literatos del estado cuentan cómo viven estas fechas y cuáles son sus deseos para el próximo año

Hay quienes son partícipes de la época, hay los grinch y uno que otro despistado.

Si los habitantes de la república de las letras fueran gente normal, común y corriente, que pone su arbolito de Navidad, sus luces de colores toda la noche o ya de perdido un nacimiento, no tendrían caso estas preguntas: ¿Qué haces en navidad? ¿Qué significado tiene este día para ti? ¿Cuáles son tus deseos para el 2008?.

Las respuestas vertidas son suficientes para tener una idea sobre lo que hace un escritor en Navidad. Y como se verá, hay quienes son partícipes de las convenciones navideñas, abundan los espíritus grinch y uno que otro despistado.

Leticia Damm, anfitriona del taller literario del Barrio Antiguo, poeta y traductora, cena guajolote relleno con su familia, intercambia regalos con hijos y nietos, asiste a posadas y trabaja si le cae chamba. Para ella la navidad es una buena manera de terminar el año y para mesurar los gastos época “con exceso de e-mails con buenos deseos, pocos de ellos originales”.

En 2008 espera tener motivos para reír, “antídoto de enfermedades de cuerpo y alma.”

Rosaura Barahona come uno o dos días antes con hijos, yernos y nietos; dedica la Navidad a leer y arreglar la casa. “Para mí la Navidad no significa realmente nada. Pero sigo la corriente por mis nietos. Mis hijos ya saben que para nosotros cualquier día del año es Navidad, si de vernos y platicar se trata. Nunca me han gustado ni las celebraciones ni los regalos obligados”.

Y como en su casa paterna le enseñaron que sólo hay que pedir salud, lo hace, ya que “todo lo demás se conquista”.

“En Navidad me la paso asustado y me acuerdo de mi difunta esposa que estaba súper loca, si no, ¿por qué quererme a mí? Para mí, Navidad significa ser como un gato callejero acorralado que renuncia al recuerdo de la selva y juega con ratones de plástico para que la tristeza no arrase con su instinto salvaje, que en este caso equivale a inocencia. Mis deseos para 2008 son tener trabajo, que alguien se interese en montar la obra de teatro que escribí este año, mandar mi novela a concurso y que gane; el cuarto deseo es secreto”, expresa Zacarías Jiménez, narrador y dramaturgo.

Dulce María González, narradora y coordinadora de talleres literarios, planea cada año leer los libros pendientes, organizar maratones de “cine en su casa”, escribir en cafecitos sin problemas de tiempo y realizar largos paseos por las mañanas.

Termina dejándose llevar por el espíritu navideño de la ciudad: “Me embriago de alcohol, tiendas y conversaciones entre foquitos de colores”. Veo a la familia y paso ratos agradables platicando nimiedades.

La Navidad para Dulce María es “pasarla como si estuviéramos de vacaciones en un planeta exhuberante pleno de adornos, de inconsciencia; una especie de limbo sin reglas ni horarios”. Desea en el 2008, “volverme una persona más simple, gozar lo que ofrece el mundo (el mío) en tanto termina, al fin, de acabarse”.

La nota aparece publicada AQUÍ

sábado, diciembre 22

El espíritu navideño

Literespacio / El espíritu navideño
Por Dulce María González
EL NORTE
(22-Dic-2007).-

Llegaron las posadas y, con ellas, el espíritu navideño. Ahora que el fondo religioso del asunto se ha debilitado, pareciera que no hay diferencia entre una posada y una fiesta cualquiera. Pero la hay sin duda.

La atmósfera cambia cuando una se reúne con la familia o los amigos en espacios llenos de santocloses, flores de nochebuena y pequeños focos de colores. Con la atmósfera se transforma el espíritu y contagia el alma de quienes cantamos villancicos.

Alguna vez un amigo, filósofo hegeliano, me explicó la diferencia entre alma y espíritu. No estoy segura de haber entendido muy bien, pero me quedó claro que el alma es algo mucho más pegado a nosotros. Los estados anímicos provocan que a cada momento seamos una persona diferente, tal como sucede con los fenómenos de la naturaleza.

Para quienes caminamos a diario a una hora determinada, esto queda muy claro. Los pequeños detalles provocan que la Sierra Madre, por ejemplo, jamás se repita. Se nos presenta verde, azulada o acompañada de nubes. En ocasiones, oculta tras un muro de neblina, desaparece.

Hablando de la escritura, mi amigo filósofo me recomendaba que nunca dejara una idea para después. "El alma está en lo profundo de tu momento", decía, "es parte de esa idea, eres tú". Más tarde yo misma sería otra persona y la idea, sin mi alma sosteniéndola, se habría perdido.

Desde su punto de vista, el espíritu no nace de nosotros, sino que flota en nuestro entorno, contaminándonos. "El espíritu es un sí mismo", decía.

Vivir en una ciudad grande con una personalidad tan fuerte como la de Monterrey es experimentar continuamente el espíritu. La adornamos, la recorremos con prisas, la ensuciamos, la llenamos de música o de ruido.

Alimentada de esas pequeñas dosis de energía individual, la ciudad toma cuerpo en los edificios, las calles, los grandes centros comerciales. Y su espíritu, en este caso navideño, se pone a flotar entre nosotros, contagiándonos como un virus.

Ir contra el espíritu de una ciudad industrial es difícil, su tremenda fuerza productiva lo impide. Cuando mucho, podemos detenernos un rato. Salimos de la poderosa corriente y nos sentamos a observarla. Enseguida las aguas nos arrastran y ahí vamos, entre las calles, inmersos en el espíritu de la ciudad acelerada y eufórica con sus inútiles retenes intentando controlarla.

Los orientales entienden de manera muy clara estos asuntos. Un ejemplo de ello son las novelas de la escritora china Wei Hui. Tanto en "Shangai Baby" (2000) como en "Casada con Buda" (2005), Hui intenta atrapar el espíritu de Shangai, una ciudad tan poderosa como la nuestra o quizá aún más, y la manera como éste influye en las almas de sus habitantes.

Otro ejemplo de este tipo son las películas del coreano Kim Ki-duk, de las cuales se consiguen con facilidad "Las Estaciones de la Vida" (2003) y "El Espíritu de la Pasión" (2004). En ellas, Ki-duk echa mano de historias sencillas e imágenes poéticas de gran belleza para intentar decir lo que hay más allá de los cuerpos, aquello que nos alimenta, nos contamina y nos mueve en el mundo.

En "Las Estaciones de la Vida", un aprendiz de monje va templando su alma a partir de experiencias relacionadas con el amor, la compasión, la crueldad... La barcaza en que vive con su maestro a mitad de una pequeña laguna, como metáfora del cuerpo, se anima y cambia constantemente de acuerdo con sus emociones y a las estaciones del año en las que se refleja su alma.

En "El Espíritu de la Pasión", un joven se dedica a entrar en casas vacías, cuyos dueños están de vacaciones. Se prepara de comer, ve la televisión, duerme metido en las piyamas de los otros, lava su ropa. Enseguida se marcha y entra a una nueva casa.

Lo interesante viene cuando rescata a una mujer sojuzgada por el esposo. La historia de amor entre ellos sucede en las casas vacías que son como cascarones, cuerpos, espacios que de pronto son habitados por el joven que, de espíritu simplemente animador, pasa a convertirse en espíritu de pasión.

Pero la "pasión" no "pasa" sin hacer estragos ni dejar huella y por eso empieza a suceder de todo en la película. La muerte, la estancia en prisión y la violencia toman carne en el proceso espiritual de las casas y los cuerpos que, contaminados desde fuera, se transforman. Justo como nosotros en estas fechas.

Y aunque no hay nada como dejarnos llevar por la vida sin pensárnosla tanto, novelas como las de Wei Hui o filmes como los de Ki-duk, nos ayudan a entender mejor nuestras propias estaciones anímicas y la manera como nos influye el espíritu de esta ciudad poderosa y contaminante.

sábado, diciembre 15

Ahora mismo

Marijose toca el teclado en piyamas. El sol penetra a franjas a través de las persianas, cae sobre el desorden de libros y papeles a un lado de la computadora. Es diciembre, son las dos con dieciséis minutos de la tarde.

Esta época

Mago Cuéllar envió una serie de preguntas para un artículo que publicará en su columna de Milenio. Mis respuestas fueron las siguientes:

¿Qué haces en navidad?

Cada año planeo leer los libros que tengo pendientes, organizar maratones de "cine en su casa", escribir en cafecitos sin problemas de tiempo, realizar largos paseos por las mañanas y otras actividades disfrutables. Termino yendo a fiestas en las que bebo de más, durmiendo la cruda en las mañanas, gastándome el aguinaldo en restaurantes, regalos y artículos que no necesito. En resumen, lo que hago es dejarme llevar por el espíritu navideño de la ciudad. Me embriago de alcohol, tiendas y conversaciones entre foquitos de colores y santocloses. Veo a la familia y paso ratos agradables platicando nimiedades, comiendo porquería, pensando en cómo sería la vida si fuera yo una persona así de simple el resto del año.

¿Qué significa la navidad para ti?

Significa romper con la rutina, enajenarnos, abrazar a los que queremos y pasarla como si etuviéramos de vacaiones en un planeta exhuberante pleno de adornos y de inconsciencia, una especie de limbo sin reglas ni horarios.

¿Cuáles son tus deseos para el 2008?

Volverme una persona más simple, disfrutar la compañía de la gente que quiero y gozar lo que ofrece el mundo (el mío) en tanto termina, al fin, de acabarse.

Y ya. Ahí termina la mini-entrevista. Supongo que otros proporcionarán respuestas más reflexivas e inteligentes.

(Fondo musical con canciones navideñas. En inglés, por supuesto: esto es Monterrey, señores.)

martes, diciembre 11

No. 7: MURO (Otra orilla)



"La propuesta del colectivo, Otra orilla, es resultado de la inquietud de un grupo de artistas regiomontanos por expresar sus acuerdos y desacuerdos ante lo Otro, su visión del mundo, sus anhelos, sus frustraciones, y su amor por el arte. A través de sus conocimientos, su creatividad e intuición, los artistas logran hacer de cada número un cuerpo único e irrepetible. La aportación de cada uno de los artistas está determinada por sus propias capacidades, su medio cultural, sus conocimientos y su experiencia de vida y literaria. El objeto en sí —la revista-póster— es una expresión cultural. La fusión de las 7 propuestas hace que el colectivo se distinga entre otros. Es un objeto en donde convergen al menos tres disciplinas: la literatura, la pintura y el diseño gráfico.

"En una época en que la tendencia apunta hacia lo electrónico y pasajero, Otra orilla se resiste: va hacia las texturas, los olores, lo permanente. En un mundo en que lo masivo inunda todos los ámbitos, este colectivo está dirigido hacia unos cuántos interesados. En un medio en el que el dinero lo compra todo, Otra orilla se reparte gratuitamente.

"El colectivo se resiste a ser como otros pero no por eso ignora o rechaza las tradiciones y el mundo que lo rodea.

"Otra orilla es una propuesta de resistencia. El margen, la orilla, la costa, forman su columna vertebral."

Gabriela Cantú Westendarp
Texto completo AQUÍ


Colectivo Otra orilla: José Luis Molina, Fernando Mol, Dulce María González, Salvador Díaz, Ximena Peredo, Óscar David López y Gabriela Cantú Westendarp.

sábado, diciembre 8

La ciudad y el deseo

Literespacio / La ciudad y el deseo
Dulce María González
EL NORTE
8 Dic. 07


I. La ciudad

Finaliza el año en Monterrey. Altanera y neurótica, nuestra Ciudad acelera su bullicio como un animal enfermo y a la vez maravilloso.

Su espíritu nos contagia y ahí estamos, iniciando la compra de regalos, asistiendo a los eventos del Fórum que habíamos dejado para más tarde, despidiéndonos de esta época cargada de actividad, de descontento y satisfacciones.

Recibo un correo electrónico invitando al encendido del pino navideño del Museo de Historia Mexicana. Me anuncian que se celebrará mañana a las 6:45 de la tarde en la Plaza 400 Años.

"Insistieron en establecerse junto al fecundo ojo de agua y el resultado fue una gran ciudad industriosa", dice el volante electrónico, como para que se entienda que se trata de nosotros, de un evento más en nuestra historia.

En la exposición "Buda Guanyin, Tesoros de la Compasión", una de las más relevantes del Fórum que hoy finaliza, hay un mapa temporal que señala fechas importantes de la historia de la humanidad.

El nacimiento del Buda, la construcción de la Acrópolis, la fundación de Roma, el apogeo de Teotihuacán, la fundación de la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey. ¿Por qué no habríamos de incluir esto último?

Con la soberbia a flor de piel, la ciudad corrupta, hipócrita, arrobadora, abre los ojos y se coloca en su sitio. Aquí estamos. Con nuestra bancada panista impulsando una misógina propuesta de ley plagiada del Vaticano; con nuestra comunidad judía, italiana, francesa, alemana; con nuestra comunidad gay y nuestros gremios artísticos; con nuestros museos, nuestros grandes centros comerciales y nuestro deseo de ocupar un lugar destacado en el mundo.

La apertura a otras culturas y a otras líneas de pensamiento de las manifestaciones culturales y artísticas, la cerrazón de quienes no ven más allá de lo que sucede en San Pedro, el activismo de los que convierten la función del filme de Mandoki en una manifestación tan light como la imagen del Che Guevara en las camisetas de los consumidores del capitalismo imperial.

Y los jóvenes, esa marea deslumbrante conformada de cuerpos que, plenos de alcohol y de música, inundan las calles del Barrio Antiguo antes de ser extorsionados por la antialcohólica. Y esos mismos cuerpos en los corredores y las aulas de nuestras universidades, soñando con el futuro de esta ciudad destructiva y seductora, industrial.



II. El deseo

El escritor regio Óscar David López convocó a los visitantes de su página de internet para que enviaran peticiones en forma de plegarias. El evento cibernético, titulado "Plegarias Disponibles 2008", arrancó el martes pasado y hasta ahora han llegado textos de Toluca, Ciudad de México, Barcelona y Monterrey.

¿Qué desean quienes acostumbran leer bitácoras electrónicas relacionadas con la literatura, el arte y la cultura?, ¿cómo es esta singular comunidad de voyeuristas y exhibicionistas virtuales interesados en las lecturas, las obsesiones y la vida privada de los otros? Al parecer, cuerpo y espíritu preocupan a los participantes.

En una de las plegarias, el firmante desea que los eventos sencillos de la cotidianidad "sigan llenándonos de felicidad en los momentos exactos" y que las "células durmientes se transformen en carne sobre los huesos".

A este deseo de vivir con plenitud se une el de otro participante, quien acaso influido por la oleada de orientalismos que ha invadido a últimas fechas la ciudad, anhela cuidar su "cuerpo sagrado", el cual pretende dedicar en adelante a "la búsqueda de la visión".

Otro más, quejándose de haber perdido "el arte de escribir con belleza" y de que "uno mismo se vuelve viejo al verse reflejado", pide para el año próximo "un corazón enfermo", amores que "como tijeras" lo acaben de destrozar.

Hay uno en especial interesante. El suplicante se dirige a su cuerpo, rogándole que se aprecie, que vaya a tiempo "al encuentro del otro" y construya un discurso propio ante el mundo. "Que eres / soy cuerpo, recuerda", declara al final, como si, en lugar de una lista de deseos para el año nuevo, se tratara de un recordatorio existencialista.

Yo pediría lo mismo para nuestra Ciudad: los momentos exactos, la carne sobre los huesos, la visión, el corazón destrozado de amor, el aprecio por lo propio y el encuentro con los otros a partir de un discurso basado en su singularidad contradictoria y fascinante.

domingo, diciembre 2

¡Qué karma!

"Cada mañana, al despertar, pienso en qué cosa extraordinaria hacer para llamar la atención de la gente. Me imagino el día en que me elevaré por el cielo de la ciudad estallando en un espléndido ramillete pirotécnico; ése es el único ideal de mi vida, mi única razón para existir".

Wei Hui
Shangai Baby

jueves, noviembre 29

La música, la mañana

Para descansar esta soledad
que nos lleva mar adentro...
Gerardo Torres


Hoy vino Gerardo, muy temprano. Yo paseaba al perro (la hierba húmeda en el parque, el sol que apenas calienta) y cuando él ya subía a su carro para marcharse, lo vi. Corrí a detenerlo. Al llegar a la puerta del depa, leí el mensaje que había dejado después de tocar sin que nadie abriera. Era una hoja pautada con cantidad de notas y ninguna palabra, ni una sola. Tomamos un café en el calorcito de la sala, con las persianas abiertas. Yo, en piyamas; él, muy bañadito y dispuesto a trabajar en sus cosas.

La casa estaba vuelta al revés cuando fuimos hasta la coputadora para escuchar una de sus últimas canciones (toallas sobre un banco de la barra, cobijas arrebujadas sobre las camas, periódico abierto en la mesa del comedor).

Entonces, como una bocanada de aire, de lluvia, de soledad que se diluye mar adentro, brotó la magia de su música en las bocinas de la computadora.

A veces mi primo Gerardo es como el sol.

sábado, noviembre 24

Andar por los aires

Literespacio / Andar por los aires
Dulce María González
EL NORTE
24 Nov. 07

Con Coral Aguirre me sucede lo mismo que con mis amores. La admiración y el cariño se confunden y ya no sabe una cuál de las dos emociones es la más grande. La diferencia es que, al leer un texto de Coral, ella desaparece. Olvido que es la autora y me quedo en soledad, acompañada de palabras que me voy apropiando en la lectura.

Decidí iniciar la lectura de "Andar por los Aires", nuevo libro del proyecto Ediciones Intempestivas, con el cuento "Guernica", ya que el título coincide con ese Picasso que me encanta. Una entra a los cuentos de Coral como entrar a un museo, a una sala de conciertos, a un teatro. La historia del arte occidental es su paisaje más próximo.

El caso es que esa mañana, después de dejar a mi hija en la escuela y regresar a casa, puse a hervir la cafetera y me senté en la sala con el libro de Coral en las manos. Entonces sucedió: la sala, el café, los árboles a través del ventanal se dilataron y yo me fui de viaje. Es curioso viajar hacia un cuadro, pero cuando una lee ese texto es como si caminara entre las imágenes.

"El Código de Turín, el Vuelo de los Pájaros", cuento que abre el libro, lo leí en un café al día siguiente, durante uno de mis momentos de espera. Si tienes un libro entre las manos, las esperas se convierten en espacios provechosos y evitas la desagradable sensación de entrar en pausa. Los llamados "tiempos muertos" suelen ser los más vivos o, al menos, los más nutritivos que conozco.

Ese mediodía, el aroma del café y el humo del cigarro me provocaron sentir muy cerca a la extraña pareja del cuento. El personaje insultaba a su amiga en su interior. Ella trataba de molestarlo con sus teatros. "Nora lo sabe, la muy cretina", murmuraba él, "sabe que estoy terminando mi novela y quiere arruinarme el final".

Entre tanto, ella se acercó al ventanal, dispuesta a representar una escena de suicidio. "Se ha plantado frente al ventanal", exclamó él al advertirlo, "al espiarla atisbo una línea de sombra de apenas veinte centímetros de ancho por uno setenta de alto, desembocando en una suerte de globo con pelos". Y concluyó: "es ella a contraluz".

Era un mediodía espléndido y ahí estaba yo, leyendo ese cuento de Coral que me provocaba sonreír continuamente; no sé si por un sentimiento de complicidad o por el profundo amor que solemos sentir hacia las historias, los personajes y todo aquello que de nosotros mismos encontramos en ambos.

¿Quién no ha vivido ese tipo de relaciones salvajes?, ¿quién no ha experimentado una amistad grande, monumental, con un compañero al que detesta y, al mismo tiempo, necesita y ama?

En "Merecer a Schubert o la Tentación de la Pureza", Coral aborda el arte más abstracto, el más alejado de la tierra, y lo enlaza a la bestialidad más burda. Una pieza de Schubert y la tortura de un pobre muchachito afgano. La autora toma esos mundos, tan aparentemente distantes, y los entreteje con palabras.

La violencia concreta, tan concreta como la tortura de un hombre inocente, avanza con la música. Como si el cielo y la tierra se anudarán. Y es que en el origen es así, puesto que el cuento trata de una pieza por medio de la cual Schubert intentó representar los horrores humanos.

Curiosamente, leí este cuento mientras Marijose tomaba su clase de piano. Junto al ventanal de la Sala Bethoveen escuchaba los acordes de mi hija y, al mismo tiempo, leía la abstracción de esa abstracción que es la música. ¿Cómo hace Coral para abstraer algo tan abstracto?

Los cabalistas unen los números a las palabras para atisbar más allá, para que números y palabras desaparezcan y entonces, sólo entonces, seamos capaces de ver lo imposible. Coral pasa de los números (o sea, de la música) a las palabras y de nuevo a los números, pero lo que intenta revelar es otra cosa: la realidad de la tortura que dolorosamente se hace concreta en la mirada de un muchachito inocente, un hijo, un hermano, uno que podría ser cualquiera de nosotros.

Mi hija tocaba el piano y yo leía. Más allá del cristal la calle se iba quedando sola. Anochecía. Y en el sonido del piano que en ese momento escuchaba, enlazado al de los cantos de Schubert, un chico inocente me miró desde las palabras de Coral Aguirre. Eran la música, el adolescente afgano, mi hija adolescente y un anochecer cualquiera en Monterrey.

Hay quien dice que, cuando nos concentramos en la lectura de un libro como el de Coral Aguirre, el mundo desaparece. Yo no lo creo. Una se enfrasca en un texto y el mundo sigue ahí con sus olores, sus sabores y sus imágenes. Una grieta se abre de pronto en la realidad y entonces el mundo se dilata y se vuelve luminoso, apetecible.

***
Nota de Abraham Vázquez en la sección Vida! de El Norte AQUÍ

"Merecer a Coral o la escritura de la ambrosía", artículo de Óscar David López sobre este mismo libro en el periódico digital Los Tubos, AQUÍ

martes, noviembre 20

Martes

La Mujer Loba bosteza, ve a la cámara con intensidad, se lame las patas. Sigue a la cámara hasta el baño y alguien le da con la puerta en las narices. Cuando el personaje desconocido ya se enjabona bajo el agua (imposible saber si se trata de un hombre o una mujer), la vemos rondar en las habitaciones de la casa, impaciente. Se escuchan rugidos.

Ahora vemos la cabeza de La Loba en close-up. Abre el hocico como el león de la MGM. Con voz grave y poderosa dice: good morning.

La frase de hoy: "Nuestra democracia es como una reunión de tres lobos y una oveja, intentando ponerse de acuerdo acerca de a quién se van a comer". Pache.

domingo, noviembre 18

Otra invitación de la Loba:


"Cuentos, poemas y comentarios filosóficos", de José Francisco Gómez Hinojosa
Miércoles 21 de noviembre, Nave Generadores frente al Horno 3, Parque Fundidora. 8:00 p.m.
Presentan:
Rosaura Barahona
Felipe de Jesús Rodríguez
Jorge Ángel Díaz
Lucía Garza
y Yo Mera

La Mujer Loba invita:

Ediciones Intempestivas presenta:
"Andar por los aires", de Coral Aguirre;
Jueves 22 de noviembre, Casa de la Cultura de Nuevo León, 8:00 p.m.
Presentan:
Hugo Valdés y Su Servilleta

Las frases de la noche

Después de muchas horas vampireando, o al menos intentando hacerlo, la Mujer Loba encontró dos frases interesantes. La primera es de Woody Allen y fue publicada en el blog de Luis Pita:

"Odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen filete".

El segundo hallazgo está en el blog del malagueño-madrileño Perro cansado:

"Un rey que es un payaso".

Además, claro, la loba encontró recomendaciones musicales y literarias, pero su generosidad no alcanza para anotarlas.

Bueno, ya, hora de ir a la cama.

Ajum.

sábado, noviembre 17

Envío

"Donde tú estás
yo tengo el norte"

Jorge Drexler


Bajo el calor de tu mirada, escribo. Eres una presencia en la pantalla, un ojo abierto y protector. Eres la rosa de los vientos, la coordenada. Sostenida del ángel que me observa, soy: pertenezco a la página. Su puerta abierta, la superficie blanca como un desierto bajo el sol. Hay un viento cálido, gotas de sudor, deseo. Y estas dunas por las que avanzan mis palabras. ¿Las sientes? Van sobre camellos y son para ti.

jueves, noviembre 15

La pantera del sueño, la loba

Para ti, vigilante a quien vigilo.

Sucedió anoche, cuando dormía. Me convertí en ella. Penetré su cuerpo de animal y fui el peso de sus músculos, la mirada de sus ojos penetrantes. Al moverme, sentía la suave presión del aire y del piso y eso me provocaba avanzar con flexibilidad, dueña del territorio de mi cuerpo, mi casa.

No era precisamente la Mujer Loba. Ella es un ser mitad animal, mitad humano; un puente entre la realidad concreta y el lenguaje, entre el mundo y la imaginación. Esto era ser otra cosa. Una demasiado concreta, demasiado tierra, huesos, sangre. Una que era una fluidez en sus límites. La masa viva inmersa en sí, concentrada en su divinidad interna, animal.

martes, noviembre 13

Ah, l'amour! (el último, dedicado)

To my J. Jackson

¿Cómo (me) soportabas, banco del mutuo soccorso?

Sabías que una palabrita tuya era capaz de sostener un capítulo entero de novela, mis típicas noches de vampiros, cada giro de la acróbata suicida y todos los poemas del tercer mundo. Y la decías. Decías esa palabrita como un pilar enorme, como una pluma, como un teclado esperando las yemas de mis dedos.

Si alguien me preguntara cuándo he sido más fuerte, diría que durante esos años tan llenos de tu mirada, tan atiborrados de libros ante mis ojos abiertos, tan colmados del deseo de que me siguieras. Años dedicados a escribir para ti, que eras el destinatario del castillo, objeto de mi adoración.

Y soñaba que te hablaba al oído mientras permanecías ante la pantalla, me convertía en tu fantasma bajo la sábana blanca de las caricaturas, una mensajera que era el puro contenido: la pulpa de la nuez.

¿Cómo sucedió ese milagro de escribirte como a un pulmón mío, hígado de mi vientre, corazón?

Hay una historia aquí, entre nosotros, y es invisible.

lunes, noviembre 12

Ah, l'amour! (va otro)

Encontré un texto sobre el enamoramiento. Lo escribí en el 2005 y es un buen ejemplo de que los humanos estamos al nivel de los perros, lo cual no es poca cosa, tomando en cuenta que los susodichos canes son muy sensibles e inteligentes (no puedo decir lo mismo de alguna gente que conozco).

El Miki se vuelve loco cuando escucha el sonido de la cadena. La promesa del paseo es para él un asunto insoportable, intratable, incontrolable. Corre por toda la casa como si deseara escapar, como si no quisiera salir o le atrajera lo contrario. Y una sabe que disfruta de antemano, una distingue la urgencia en los ladridos, en el revolcón, en las pequeñas mordidas a las manos, las mismas a quienes ruega que le amarren, de una vez por todas, la cadena al cuello.

“Voy a sacar al perro”, aviso a todos en la casa cuando estoy a punto de irme. Les encanta el momento y por eso se acercan, se emocionan junto con el Miki al atestiguar la locura de su enorme, tremenda felicidad.

Fue ayer por la tarde cuando caí en la cuenta: el espectáculo de nuestro perro es la metáfora perfecta del enamoramiento. Todo encaja de manera precisa: la cadena que se anhela y, por lo mismo, se evita. Las ganas de salir al sol, pero en calidad de preso. La emoción incontrolable que, paradójicamente, provoca la huída. Sí, pensé, todo es idéntico. Y el rato de euforia en el parque. Y el regreso a casa con la lengua de fuera.

Una aprende mucho de los perros.

Ah, l'amour! (manual para el usuario)

Amar es sufrir. Para evitar el sufrimiento se debe no amar. Pero entonces se sufre por no amar. Luego, amar es sufrir, y no amar es sufrir. Sufrir es sufrir. Ser feliz es amar. Ser feliz es, por tanto, sufrir. Pero sufrir hace que uno no sea feliz. Así, para no ser feliz, se debe amar, o amar para sufrir, o sufrir de demasiada felicidad. Espero que estén tomando nota.

Woody Allen,
La última noche de Boris Grushenko

sábado, noviembre 10

Volverse japonesa

Literespacio / Volverse japonesa
Dulce María González
EL NORTE
10 Nov. 07


"I'm turning Japanese
I think I'm turning Japanese
I really think so".

The Vapors


Ha sido una semana muy oriental. Despertar, comer, pensar en el Japón. Permanecer en ese estado de cosas.

No hablo del moderno Japón de la informática y la tecnología de punta, sino del profundo espíritu que subyace a la modernidad en Oriente. Tampoco es el del filme "Perdidos en Tokio", de Sofía Coppola, en donde, a falta de mapas, los personajes se pierden ante la imposibilidad de la traducción.

Me refiero a un Japón que se abre a la experiencia y nos permite vivenciar de alguna manera sus códigos.

Es el Japón de "Dolls", de Takeshi Kitano, o el de "Café Lumiére", de Hou Hsiao-Hsien; el Japón de Yasujiro Ozu y Akira Kurosawa, el de las películas de ninjas.

El Japón de las novelas de Yukio Mishima y Yatsunari Kawabata, y aun el de escritores contemporáneos, como Haruki Murakami y Banana Yoshimoto, capaces de mostrar el alma profundamente oriental que alimenta los cuerpos, las calles, el amor y la desgracia de quienes habitan las ciudades cosmopolitas, súper modernas, del Oriente contemporáneo.

Si hay algo que me seduce de la cultura japonesa es su interés por lo invisible. No precisamente lo que oculta un objeto, sino aquello que lo sostiene y le da forma. A partir de ese objeto concreto ser capaces de mirar el alma de las cosas. Como si el mundo entero fuera un poema por leer.

El caso es que en estos días me dio por el té verde (su ligero, casi imperceptible, toque amargo), por el sushi y el tempura, por los paseos al amanecer y la meditación, por el sudoku.

Todo empezó el domingo, cuando asistí al Aula Magna para ver "Viaje de Invierno", puesta en escena dirigida por Yoshi Oida, con poemas de Wilhelm Müller y música de Schubert.

Aunque el minimalismo tan japonés de la obra se prestaba a confusión, puesto que una cosa es abrir espacios de experiencia con elementos mínimos y otra muy diferente utilizar alfombras rotas -no obstante que, en un principio, la mala actuación de los cantantes me provocó risa-, las imágenes visuales de la puesta en escena me persiguieron durante la semana.

Yoshi Oida, conocido por su actuación en el filme "El Libro de Cabecera", de Peter Greenaway, se formó en las artes marciales y el teatro Noh; desde 1968 forma parte del Centro Internacional de Experimentación Teatral de París, bajo la dirección de Peter Brook, y es coautor, junto con Lorna Marshall de dos libros sobre arte teatral: "Un Actor a la Deriva" y "El Actor Invisible". Todo un "bricolage" de influencias, el tal Oida.

En caso de que sea verdad lo que asegura Wei Hui, joven escritora china que la pasa entre Nueva York y Shanghai, en el sentido de que "entre Oriente y Occidente existe una diferencia fundamental como la que hay entre hombres y mujeres", lo cierto es que de la síntesis de ambas culturas ha empezado a surgir una nueva posibilidad, y producciones como la de Oida son ejemplo de ello.

Sólo después de repensarlo pude advertir que la puesta de Oida era una experiencia similar a la de beber té sentada en una banca del parque de los condominios donde vivo, contemplando las espaldas de los "2,501 Migrantes" de Alejandro Santiago y percibiendo el olor a elote cocido que ofrecía un vendedor ambulante. Si agregamos que leía un libro de Kawabata, el momento se aclara en su complejidad.

¿Qué resulta de tales síntesis?, ¿qué significa pensar en japonés en una ciudad como Monterrey?, ¿en qué nos estamos convirtiendo los humanos?

Evoco la puesta en escena de Oida y comprendo que había un puente entre los poemas que se proyectaban en español sobre una pared, y las piezas en alemán que interpretaban los cantantes.

Había también un lazo entre el concepto (tan romántico y apasionadamente occidental) de amor que se representaba, y la forma tan oriental de evocar escenarios y paisajes a partir de una rama, un puño de hielo, un par de sillas solitarias sobre el escenario con sus coronas de muerto.

Algo nuevo estamos cocinando en este mundo, me dije, y me vino el deseo de que el planeta aguante lo suficiente para disfrutar el resultado de tales guisos.

"De pie en aquella cocina magnífica, ambiciosa e inteligente", dice Wei Hui en referencia a la mezcla Oriente-Occidente en el departamento de su amante, "una sensación de hambre biológica y psicológica, acompañada de cierta presión, empezó a bullir en mi estómago".

Quizá sea una buena opción escuchar el llamado de ese tipo de hambres, entregarnos al apetito y comer, volvernos un poco japoneses sin tener que salir de casa.

Una regia en Shangai

Hola!

Acabo de leer tu articulo. Uno no está en Japón, pero está en Shanghai, China.

Y no sé, pero me he puesto en tus palabras. Es interesante vivir en otro mundo que es tan diferente al nuestro, otra lengua totalmente diferente a la nuestra y muy complicada, y pensar cuando uno no ha salido de su ciudad, ni idea de salir de ella. No tienes idea de lo que hay más allá de sus fronteras y después, por cosas del destino, te encuentras de repente lejos de aquella ciudad, ves otra realidad y un nuevo futuro.

Y me dio risa del té verde, que uno antes ni lo tomaba y de repente se hace parte de tu nuevo estilo de vida, como el tomar agua caliente, que en el occidente es muy extraño...

Muchos saludos desde el otro lado del mundo!

Atte.

Ivonne García,
una regia más en Shanghai.

sábado, noviembre 3

Mi vida está en internet (biogramas)

Asegura una conocida poeta regia que no salimos de nuestro circuito de blogs. La vida privada se convierte en poesía. Cada emoción o evento, por pequeño que sea, es percibido como caldo de cultivo por el escritor neurótico y, a la vez, como un reto. Manipular las palabras para decir lo propio, lo privado, sin decirlo en realidad. Crear códigos. Convertirnos en el entretenimiento de nuestros cuatro lectores. Hay gente que teatraliza a solas, sin necesidad de público. Nosotros somos más sanos.

En la teatralidad de lo real donde todo es teatro, nada es teatro. El orden de representación se adelgaza. No hay ficción, puesto que lo real la superó hace tiempo. Sin embargo, al escribir de manera testimonial es preciso construir lo que supuestamente es la realidad, la nuestra. El lenguaje tiene sus propias normas. ¿Cómo, entonces, poner en suspenso los límites para crear el espectáculo de lo biográfico? Para escribir la realidad es necesario ficcionarla, darle un orden. Entonces resulta que todo es ficción. Y así.

En lo personal, me interesa la afirmación de la propia existencia al realizar una construcción estética de ella. Crear territorios de subjetividad alternativa (mi vida en internet), cuestionar los límites entre la literatura y la realidad, entre la representación y la vida.

Bueno, ya, qué rollote. Va una invitación de Ofelia Pérez Sepúlveda:




¿Eres voyeurista? Lee el Norte, compra fotos, entérate de la vida de los demás.

viernes, noviembre 2

Día de luz

Hoy celebro que estuviste aquí, entre nosotros. Celebro tu infancia y tus amigos, tus aventuras y tus viajes. La fortuna de que hayas perseguido sin tregua a la pelirroja que se convirtió en mi madre. Tu manera tenaz de buscar la libertad. Tus palabras inteligentes y sensibles, tus libros, y todo lo que sucedió en nuestros años.

"Somos la sangre de la gente que nos precedió", dijo Diana en el taller de anoche y cuánta razón, cuánto amor en tan pocas palabras.

Un poema del 2001; dedicado a Héctor Dino, Fernán y Ana Rosa. En especial, a la princesa del castillo:


A mi padre

Mi padre murió el jueves.
Hace una semana dejó el sillón frente a la tele
su bata roja
el viejo archivero del clóset
y el escritorio donde hacía las cuentas.

Yo abrazaba su cuerpo, caliente todavía,
y le decía al oído: no temas.

Después fue el tobogán de tenerlo
sin tenerlo
el misterio de sus labios blancos
su boca tan amada
la gente.

Pregunto a la casa dónde está mi padre
y la casa me responde adentro
en el río subterráneo de las sábanas
en la mesita de noche, quizá junto a su pistola
en lo profundo de sus ojos
donde la pregunta se pierde
en lo húmedo.

Se me ha metido dentro penetró tan hondo
hasta los huesos.

Su cuerpo ya sin vida, sin voluntad
estaba tibio.
Yo le tocaba el pecho
el cabello aún húmedo
los párpados cerrados para siempre.

Abracé a mi padre, me quedé con él aquella noche
se quedó en mis manos esa piel
que todavía era mi padre
ese calor de quien se está yendo.

Papá, le dije, no temas.

Y fue cerrar los ojos, verlo cómo se alejaba
se metía en el espacio, el pensamiento
adiós
adiós para siempre y al mismo tiempo
entra, quédate.

Yo le dije padre, te quiero
y él me escuchó.
Lo sé porque había sonidos dentro
en su cuerpo del que se marchaba lentamente.

Mi padre, el de los lentes negros
y la barriga al borde de la mesa.
El de la silla de cabecera
y los comentarios sarcásticos
y los días de hospital.
El que nos llevaba al mar cuando niños
a la Ciudad de México.
El de pantuflas cafés y zapatos negros.
El que se iba a Labores Nuevas en bicicleta
y hablaba de su hermano Ruy
como quien habla del más amado de los seres.

Mi padre, el rebelde.

miércoles, octubre 31

Los poderes curativos del flan

Desde la ventanilla de su nave, que ahora mismo se encuentra en la pista a punto del despegue (ruidazo de motores aeronáuticos), la Mujer Loba ondea la mano y dice: Good morning. Llegó vestida de calabaza, pero no importa.

Hay un pequeño brillo mañanero en este día de brujas, ya veremos lo que sucede más tarde.

Ñaca, ñaca.

martes, octubre 30

Aventuras del huevo bipolar y rebeldía de los personajes

Las emociones nos convierten en huevos.

Ahí está nuestro blanquillo (checar el término), en la orillita de la mesa, escribiendo a mitad del peligro. Los textos que resultan de tal malabarismo suelen ser buenos. El huevo se siente satisfecho mientras se balancea ante el abismo.

El problema es descuidarse, le digo, dejarse ir en caída libre hacia el piso de la cocina. Se rompe la cáscara y así, desparramado sobre los mosaicos, no se puede escribir nada.

Pobrecito huevo, dice el huevo, y prepara un vaso de chocomilk. Esa bebida, cualquiera lo sabe, te pone fuerte.

La otra solución es desintoxicarte, le digo, pasar el día entero comiendo melón o manzana, vestirte de blanco y meditar. Las emociones tóxicas salen a través del hígado, que las procesa y las elimina. Entonces los huevos se alivian hasta de la sinusitis y, como un milagro, les empieza a salir cáscara. Y al día siguiente regresan a la canasta.

Los huevos bipolares no son tan listos que digamos: tú, menos (eso lo dijo la Mujer Loba).

Qué metiche (lo digo yo) (¿quién es yo?).
Qué tonta (lo dice ella) (¿cuál ella?).

Basta (eso lo dijo el huevo desde la canasta de huevos de la cocina).

A la que escribe ya se le sublevaron los personajes y teme un motín. Está a punto de poner un punto final para solucionar el apuro.

¿Qué tal acudir a la técnica narrativa, resolver el problema con pequeñas dosis de gramatología, con alguna teoría estrafalaria sobre el discurso? (es de nuevo la Loba).

Punto.

domingo, octubre 28

Interpretación de los sueños (parte uno)

To O.D. and O.P., with love

No fui yo quien lo investigó, fue la Mujer Loba. Una vez que comprobara ella misma que los ensayistas no se inmiscuyen en los sueños eróticos de los poetas y/o cantantes, después de consultar en la wikipedia acerca de la falta de vitaminas de quienes olvidan todo (hasta los sueños), lamentándose de quienes prefieren comer empanadas a contar sus sueños porno, se metió a mi yo onírico (checar el término) y ratificó que el vestido de la vestida no era de seda, sino de tul, y que los gusanillos, en efecto, son unos inocentes animalitos a punto de merendarse el faro del comercio, el horno 3, el sistema patriarcal y el dichoso falogocentrismo.

A veces es muy inteligente la Mujer Loba.

sábado, octubre 27

Murakami y Gabriela Torres

Literespacio / Murakami y Gabriela Torres
Dulce María González
27 Oct. 07
EL NORTE


I. Soledad

Lo único positivo de la gripe es que a una no le queda más remedio que cancelar todo y tirarse en la cama a leer. Así me pasó esta semana. Entre la fiebre y el aturdimiento me leí de un tirón una novela de Murakami que tenía pendiente.

Pero meterse a la atmósfera desoladora de “Sputnik, mi amor” (Tusquets, 2000), no es tan buena medicina que digamos.

Como de costumbre en las historias de Murakami, un personaje desaparece. En este caso (en la mayoría de ellos es así), ocurre a causa de un amor capaz de “barrer el océano, arrasar sin misericordia las ruinas de Angkor Vat”, etcétera.

El caso es que Sumire, protagonista de la novela y poseedora de esa emoción “gloriosa, monumental”, se enamora de una mujer 17 años mayor que ella y, para colmo, casada. A su vez, el narrador está enamorado de Sumire. Y así al infinito.

La descripción que hace Peter Sloterdijk del hombre contemporáneo adquiere en “Sputnik…” su mejor ejemplo. El narrador, un “single” de nuestra era, es un profesor que vive cómodamente instalado en su departamento de Tokio y, en general, lleva una vida bastante cool.

Pero en lo privado experimenta situaciones imposibles (ama a Sumire y se acuesta sólo con mujeres casadas), de manera que consume sus emociones en sí mismo. Como si el amor, convertido en satélite, saliera de él sólo para dar una vuelta y regresar de nuevo a él mismo.

La imagen de Murakami en relación a sus personajes (todos solos de la misma manera) es la del legendario Sputnik. La perrita Laika viajando ahí dentro, encerrada en su cuerpo, observando por la ventana el cosmos desolador.

“Me encontraba en aquella pequeña isla desayunando con una hermosa mujer (…) Aquella mujer amaba a Sumire. Pero no podía sentir por ella deseo sexual. Sumire amaba a aquella mujer y, además, la deseaba. Yo amaba a Sumire y la deseaba. Sumire me quería, pero no me amaba ni me deseaba. Yo podía sentir deseo por otras mujeres sin nombre, pero no las amaba. Era todo muy complicado (…) Todas las cosas morían ahí, nadie podía ir a ninguna parte.”

El concepto de soledad presente en “Sputnik…” me recordó la imagen de los ángeles en la poesía de Reiner Maria Rilke: seres cuya luz no toca a nadie, sino que regresa siempre a ellos mismos y por eso brillan, refulgen. “Los ángeles son terribles”, dice el poeta. Yo pienso que, en realidad, son bastante desgraciados.

Nada como encontrar otro satélite a mitad del universo, inventar algún tipo de solidaridad. Pero ésa es otra novela.


II. Compañía

Si bien la gripe no acabó conmigo, la novela de Murakami casi lo logró. Bien lo dice el autor en la primera página: “Aquí empezó todo y aquí acabó (casi) todo”.

En un esfuerzo por tenerle fe a ese “casi”, apenas terminé la lectura llamé a un amigo para contarle un problema familiar que ni venía al caso. (Perrita Laika busca habitantes en el cosmos deshabitado, alguna otra cápsula viajando).

Y más tarde ese mismo “casi” me llevó a aterrizar, con todo y mi cápsula, en la presentación del libro de cuentos “Incompletario”, de Gabriela Torres Olivares. Se trata del segundo volumen del proyecto independiente Ediciones Intempestivas, comandado por Héctor Alvarado y Livier Fernández Topete.

Gaby es una de las escritoras jóvenes más talentosas de nuestra Ciudad y su trabajo no sólo me interesa, sino que además lo disfruto. Tiene una manera tan fresca de contar, tan suya, tan de imágenes locas y, sin embargo, efectivas, inteligentes, que en ocasiones temo decírselo. El viejo prejuicio de no hablar de una escritora joven que empieza por no confundirla. Pues ni modo.

Apenas compré el libro (el cual, por cierto, está a la venta en la librería de Conarte o en la dirección half.projects@gmail.com), me puse a ver las viñetas de Livier y leí la contraportada, consistente en un hermoso texto en el que a una mujer se le escapó el corazón del pecho y ahora ella intenta recuperarlo.

¿A quién se le ocurre decirlo así?, me pregunté. Damas y caballeros, con ustedes, Gabriela Torres Olivares:

“Dejo caer el hueco de mi pecho para insertarlo otra vez ¿Sabes algo? Somos un equipo, debes estar conmigo, nunca se ha visto a una mujer sin corazón –literalmente-. Interventriculares ríen. Se burlan (…) La glándula pituitaria lleva nostalgia: revolucionaria, secretea al encéfalo un posible divorcio.”

No, me digo, esto no es precisamente una novela de Murakami, aunque se parezca un poco (“casi”). Observo con detenimiento a los escritores jóvenes presentes, no les veo cara de andar metidos en sus cápsulas.

Ojalá nunca se conviertan en Laikas, pienso, y me acomodo para la lectura del nuevo libro de Gaby.

jueves, octubre 25

Lets talk

La Mujer Loba no te dejó dormir anoche. Te tenía muda, temerosa, el corazón acelerado con sus historias macabras.

De noche es fácil caer al precipicio, sentir que un caballo te galopa. Vas a la cocina y tomas agua y fumas. Te tranquilizas. Y al regresar a la cama, ruges.

Si amanece y sigues igual, con la Mujer Loba a tus espaldas, consulta el manual y córrela de tu casa. Un poco de sol ayuda. Encender una veladora en la cocina, pasear al perro, concentrarte en la lectura de esa novela medio idiota de Wei Hui.

¿Qué tal ponerte a trabajar? (la pregunta es de ella, de la Loba)

(¿quién te llamó?
¿a quién?
pos a ti)

Okey, basta.

miércoles, octubre 24

Dunder Mifflin

¿Cómo será ese mundo?, me pregunto, y descubro que escribí una novela completa imaginándolo (imaginándote). Una no debe escribir de lo que no conoce, dicen. Y sin embargo te conozco. ¿Será? Tantos años, tantas palabras enviadas al destinatario que lleva tu nombre.

Esperar una reacción, un reclamo. Dices bien. Esperar algo que nos salve de esa selva de papeles, escritorios, telefonazos. Entonces la oficina adquiere alma o, mejor dicho, corazón. Nunca he trabajado en una oficina, pero me encanta que la tuya haya adquirido un corazón. Ya sé, soy cursi.

El otoño nos vulnera, dices, nos convierte en niños. El otoño con su aire enrarecido justo al salir del trabajo. El otoño con su viento norte justo al norte de la mañana. El otoño con su espera y sus promesas. El otoño con su cielo nublado, con sus hojas cayendo como cartas a mitad de los pendientes del día.

Aquí estoy, en tu pantalla. Como siempre. Ni más acá ni más allá y sin embargo.

lunes, octubre 22

Pache y Moni...




se nos casan!

AQUÍ la nota.

Puro teatro

Acerca del mitin que se armó durante la presentación de la Poniatowska en la FIL, el problema que veo es que en esta fragmentación del país se pierde de vista la verdadera amenaza. Sin un análisis de fondo es fácil colocarse del lado de los “buenos” (cualquiera que sea éste). A los dirigentes de las grandes corporaciones financieras que manipulan al mundo (y, por supuesto, a nuestros gobernantes) este tipo de confrontaciones y de protestas light no sólo los tienen sin cuidado, sino que les sirven. Todo esto es un juego en el que quedamos atrapados, mientras los poderosos se comen al mundo.

No fui a ver a la Poniatowska, no tengo tiempo para ese teatro. Tampoco asistí a la presentación de Vargas Llosa, situada exactamente en el lado opuesto del espectáculo. De la Poniatowska entiendo que sostenga el personaje que viene interpretando desde el 68, ¿qué haría si no? No es tan inteligente como para situarse en el mundo contemporáneo. Pero que un intelectual como Vargas Llosa elogie las políticas del fascismo gringo y después venga a leer un refrito literario como si nada, eso sí me parece inaceptable. Bush puede declarar las aberraciones que quiera, lo dijo Subirats en su visita a la ciudad, y agregó: “para eso le pagan”. Pero Vargas Llosa…

Qué mundo!

viernes, octubre 19

Una tarde en el Paraíso

¿Cuál es el motivo de que una se sienta feliz entre libros?

Ayer fui de nuevo a la Feria, ahora con las chicas del taller de lecturas. Un escándalo. Seguramente los vendedores terminaron odiándonos. Los teníamos enloquecidos, buscando ejemplares en el sistema, en los estantes, por debajo de las mesas. Y a la hora de pagar, las pilas enormes (¿cuáles son los míos?), la confusión (préstamos y deudas entre las compradoras), las tarjetas que pasan y las que no pasan. Horas de caos, de plena felicidad.

Como nos veían gritar entre nosotras, tomar ejemplares y apretarlos contra el pecho para que no nos los ganaran, se nos fue juntando gente. "¿Este autor es bueno?", nos preguntaban. Y nosotras muy amables, asesorando a la concurrencia.

"En unos minutos va a presentar un libro la Poniatowska", nos avisó una señora. "¡No vayas!", gritó Ratón desde la caja y los vendedores se morían de risa.

Nos pusimos a criticar a la pobre de Elenita y la señora soltó el libro que pensaba comprar: "La piel del cielo", qué desperdicio.

Va un saludo desde aquí a las "máquinas de leer" y a la pintora Silvia Ordóñez, que me animó a comprar un ejemplar carísimo de Siri Hustvedt.

Posdata: ¿de qué voy a vivir el resto del mes? Cielos, cáspita.

jueves, octubre 18

Desaparecer

Ahí estoy, en la terraza del restaurante del horno 3, a mitad del Forum. Perdida en la boca del lobo, bebo un vodka. Son las ocho. “Todas las ciudades son hermosas de noche”, dices, y observo las luces de Monterrey en el horizonte. Son planetas extraños, puntos luminosos de un mundo aparte.

La gente avanza a nuestros pies como corriente de agua y un grupo toca cumbias. Es raro estar ahí tan alto, tan hondo el vacío, tan lejana la mujer que soy a tu lado. Soy otra, una desconocida cargando con su alma, un grano de polvo a punto de caer desde la terraza.

No soy nadie y quizá por eso me confundo a estas horas. Soy todo, soy parte del todo de esta ciudad a las ocho, soy la boca del lobo y me consumo, desaparezco. Paf. Adiós a la mujer que observaba los puntos luminosos.

miércoles, octubre 17

Y un mapa de la serie otra orilla

Al norte el viento, las mariposas del Gabo, el iceberg de Hemingway, el país de nieve de Kawabata y los esquimales. Al sur el agua, el líquido amniótico, las peceras en los consultorios, las sirenas de Ulises y la canción donde las recuerda Battiato. Al este el fuego, la zona de tolerancia, las novelas de la Yourcenar y el amor y los soldados. Al oeste la tierra, los centros comerciales, las películas de Hollywood, el cambio climático y todos los avances tecnológicos. Arriba el corazón del universo, el monolito de Kubrick, la música de Stravinsky y a lo mejor Dios. Abajo el corazón del planeta, el alma de los animales, las flores en los cementerios y las mañanas de lluvia de la Yoshimoto. Al centro mi casa y, si acercamos la toma, yo. Aquí, escribiendo. Qué cosa tan rara.

domingo, octubre 14

Instrucciones para orientarse en la web

Algunas de las frases con las que navegantes incautos han caído a este blog:

• motivos para asesinar
• tiendas esotéricas monterrey méxico
• diálogo de marcianos
• que dice dios de la rebeldía preadolescente
• cómo realizar un proyecto de políticas de gelatinas
• libro de mentes diabólicas
• leyendas terroríficas de monterrey
• los ácaros te pican mientras dormís
• motivos de halloween con personajes de disneylandia fondos de escritorio
• puff daddy y sus colonias

Posdata a las puertas del Paraíso

Gracias por el texto, querida Gaby.

Todos invitados

Presentación del poemario "Miércoles de ceniza", de Elvia Ardalani
Feria Internacional del Libro
Domingo 14 de octubre
2:00 pm
Sala G

Lectura de obra en "Días feriados, escritores de Nuevo León"
Feria Internacional del Libro
Miércoles 17 de octubre
7:00 pm
Sala H

sábado, octubre 13

Fuensanta

Literespacio / Fuensanta
Dulce María González
13 Oct. 07
EL NORTE

Para Genaro Saúl Reyes

"Pues sí", dijo Fuensanta Zertuche antes de dar un trago a su café, "soy todo un personaje". Ahí estábamos, desayunando a mitad de la semana del Encuentro de Escritores. Como si nuestra mesa fuera el ojo del huracán, un espacio de inmovilidad en el corazón de esta ciudad efervescente.

Y si no podía creer que la tuviera enfrente era quizá porque su personalidad y la seguridad con que habla de su vida y su trayectoria confirman de alguna manera lo que había escuchado de ella en la Facultad, o el respeto de actores y directores hacia su trabajo cuando, más adelante, me dio por investigar la historia de nuestro teatro.

¿De dónde salió esta regiomontana tan aguerrida, tan rebelde, tan dueña de su destino?, me preguntaba mientras ella me contaba que es abogada y que de bailarina de ballet pasó a actriz y vedette, que se fue a la Ciudad de México a principios de los 60 y ahora desea regresar a su tierra.

Hija del maestro Francisco Zertuche, Fuensanta, quien debe su nombre a la legendaria musa de López Velarde, nació entre libros, conoció de cerca a Diego Rivera y Octavio Paz, y recibió la influencia de una madre feminista y líder de izquierda.

De acuerdo con su propia narración autobiográfica, todo empezó cuando Luis Martín la invitó a participar en una obra de teatro en Monterrey. Se enamoró del escenario y ya no pudo dejarlo.

"Hay dos cosas en las que me pierdo y caigo hasta el fondo", dice, "los hombres y el teatro". Y se pone a contarme de esa pasión incontrolable que la llevó a las pantallas de cine, a los espectáculos de cabaret, y la mantuvo 20 años trabajando con Juan José Gurrola en el escenario.

Una anécdota interesante, a través de la cual se puede apreciar la rara mezcla de inteligencia y belleza que llevó a Fuensanta a avanzar en sus trayectorias como vedette y actriz profesional, es su encuentro con Eva Müller (famosa vedette fallecida en los 70) en los pasillos de una academia de baile.

En ropa interior y con aquellos cuerpazos, se detuvieron para saludarse. "Fuensanta, yo te admiro mucho", dijo Eva, y Fuensanta, de manera instintiva, observó su cuerpo y lo comparó con el de su compañera. "¿Por qué?", preguntó al fin. "Porque siempre traes un libro en la mano", respondió la Müller.

"Tengo mucho kilometraje", asegura Fuensanta en el café, orgullosa, antes de responder a mi pregunta sobre su participación en la legendaria cinta "Fando y Lis" (1969), de Alejandro Jodorowsky.

Entonces me cuenta lo que he leído en artículos y entrevistas, que fue su maestro de teatro por tres años, que un día la vio de arriba abajo y le preguntó: "¿te interesa actuar en una película?" Despacha el asunto con rapidez y mejor se pone a hablar del film que hizo aquí con Víctor Sacca en el 93. "Eso es más reciente", dice.

Pronto advierto que el trabajo que la marcó como actriz fue la obra "Roberta", dirigida por Juan José Gurrola y basada en una adaptación de Juan García Ponce de la novela de Pierre Klossowski. Se estrenó en La Casa del Lago en el 74, pero fue en París donde tuvo su mejor acogida, durante una temporada bastante larga en el 77.

"En Francia, llenábamos el teatro", dice, "yo me quedaba en bragas dentro de una caja de espejos, que habían diseñado Fiona Alexander y Alejandro Luna, y la gente tenía que asomarse a verme a través de unos orificios; pero se desesperaban y se ponían a trepar por la caja para verme desde arriba." Claro, comento, el asunto del voyeurismo en Klossowski, un erotismo en triángulo donde el observador es una especie de director de escena que lo controla todo a partir de su mirada.

"¿Les interesa aquí Klossowski?", pregunta asombrada, y en ese momento soy yo la que se asombra de su pregunta. Le comento que lo leí en la Facultad y que hace un par de años presentaron en Marco una serie de cortos de Pierre Coulibeuf basados en sus ideas estéticas. "Me estás hablando de otro Monterrey", dice.

"Esta ciudad es muchas ciudades a la vez", digo, "ya da para eso". Y enseguida, con honestidad: "Que no te sorprenda encontrarte de pronto a la ciudad asfixiante que dejaste, pero piensa que ahora hay otras opciones".

Cuando nos despedimos, agradecí en silencio a Magda García Quintanilla que me hubiera avisado que Fuensanta estaba en la Ciudad, a Óscar Montemayor por recordarme su trabajo y animarme a que me entrevistara con ella.

Quizá de verdad se arriesgue Fuensanta a regresar a su origen, lo cual significaría una buena noticia para el teatro de nuestra ciudad, para los actores regios en formación, para nuestro entorno literario y artístico ahora tan vibrante, tan lleno de energía, tan en el inicio de un nuevo ciclo.

viernes, octubre 12

Tres, dos: nueva trova regiomontana...

Próximos eventos de GERARDO TORRES en la ciudad.
Todos invitados

16 oct 2007 8:00 pm
Participando en el concierto de Alejandro Filio en el ITESM Monterrey, Nuevo León
18 oct 2007 8:30 pm
Cabaret. Forum de las Culturas. Monterrey, Nuevo León
19 oct 2007 6:00 pm
Evento Privado ARS MUSE San Perdo
8 nov 2007 9:30 pm
Las rolas de Joaquin Sabina en La Tumba Musicantro Cultubar Monterrey, Nuevo León
9 nov 2007 10:00 pm
Evento Privado ARS MUSE
22 nov 2007 9:30 pm
Las rolas de Silvio Rodrigez en La Tumba Musicantro Cultubar Monterrey, Nuevo León
23 nov 2007 10:00 pm
Festival de Trovadores. Abriendo el concierto de Fernando Delgadillo Monterrey, Nuevo León
24 nov 2007 10:00 pm
Festival de Trovadores. Abriendo el concierto de Fernando Delgadillo Monterrey, Nuevo León
6 dic 2007 9:30 pm
Festival de Trovadores, Gerardo Torres Monterrey, Nuevo León
8 dic 2007 9:00 pm
Forum de las Culturas. Abriendo el concierto de Eugenia León. Monterrey, Nuevo León

jueves, octubre 4

El regreso de la Mujer Loba

La Noctámbula regresó hace un par de días. No lo había documentado en un afán de ignorarla y procurar que desapareciera. Fue inútil. Ahora mismo está tirada en mi cama, leyendo mi libro de John Irving. Finge ser ella quien me ignora. ¿Quién es quién?, se pregunta la que escribe y la loba bosteza, muestra los colmillos.

Tiene ganas de sangre, lo sé, pero conozco su letargo. Mañana temprano, después de verme dormir toda la noche mientras navega entre los blogs en busca de víctimas, tomará un clamato y se conformará. “Qué fastidio”, escribo, escribe ella, escribe la que escribe.

miércoles, octubre 3

Tres añitos en el planeta


Ayer cumplió años Miki, el bebé de la casa, mejor conocido como “la rata asquerosa” o “la bolita caliente”.

Es el único perro que conozco a quien le gusta el sushi y que sabe decir “I love you” por medio de aullidos. También es el perro más fotografiado del planeta, ya que la pequeña Majo, curiosa niña que anda por la vida con la cámara en la mano desde que me acuerdo (la foto de arriba es de ella), lo agarró de modelo desde el momento en que pisó esta casa.

Larga vida al mal-llamado animal.

lunes, octubre 1

Luz

"Estás dando la espalda al sol", dijo, y al volverme advertí que en ese momento el sol descendía detrás de las montañas. "A esto vinimos", y levantó la mano para observar la luz del atardecer en su palma. Ante nosotros se extendía el paisaje amplio, pleno; el camino al desierto ondulaba a nuestros pies. Estábamos tan lejos de las cosas...

sábado, septiembre 29

Entre el búnker y el Fórum

LITERESPACIO / Entre el búnker y el Fórum
Dulce María González
EL NORTE
29 Sep. 07

Una de las características de quienes nos dedicamos a la escritura es el encerramiento. No es que el escritor se la pase físicamente metido en un claustro (aunque en muchos casos es así), sino que desarrolla la capacidad de andar por el mundo ensimismado.

Abrir la puerta es un peligro. El mundo tiene sus propias reglas, por lo regular incompatibles con las que un escritor ensimismado lleva en la cabeza.

Tengo una amiga escritora que debido a su trabajo tiene una vida muy activa, pero por dentro se ahoga. Quienes se dedican a otros oficios suelen sentirse ahogados cuando no salen a la banqueta. Así es la diversidad.

El caso es que el viernes de la semana pasada abrí la puerta, agarré a la pequeña Marijose y me fui con ella al Fórum. Todo un acontecimiento. Para empezar, porque es imposible permanecer encerrada cuando una se une al llamado “público en general”. La maravilla de compartir con la masa lo impide.

Llegamos a la explanada del Museo de Historia Mexicana y, de milagro, conseguimos lugar muy cerca del escenario. En el sonido local se anunció la primera llamada y enseguida, para aligerar la espera, pusieron salsa. Una pareja frente a nosotros subió a su banca y se puso a bailar. Niños corriendo en los pasillos, bebés llorando, gente eufórica.

Durante el espectáculo de los abanderados italianos del Ducado Caetano surgieron las exclamaciones, las fotografías tomadas con celular, los aplausos. Y al terminar, la masa nos arrastró al Paseo Santa Lucía entre empujones.

No conforme, la noche siguiente regresé al mismo espacio para asistir al concierto del serbio Goran Bregovic. Esa música cíngara arrebatada, tan cercana a la nuestra por su carácter trágico y a la vez festivo, por su invitación al baile y la celebración, provocó una nueva explosión de energía en el corazón de la ciudad.

Un escándalo muy de feria, de gente que olvida sus problemas y la pasa bien, disfrutando de expresiones artísticas a las que difícilmente tendría acceso en otras circunstancias.

Hay cifras difíciles de imaginar. Para mí, 5 mil millones de pesos es sólo una frase de cinco palabras. Supongo que con esa cantidad se puede alimentar a un mundo de gente y sé por los medios, los desplegados, las protestas y, sobre todo, porque así suelen ser las cosas en este país, que la organización del Fórum se llevó a cabo entre corruptelas y malversaciones. Y sin embargo, ahí estábamos, felices a mitad de la fiesta.

Más allá de lo que se afirma en los promocionales, para que el público regiomontano viva de verdad la experiencia de la diversidad cultural en el mundo, se necesita mucho más que conferencias y espectáculos.

¿Qué liga una cosa a la otra?, ¿el espectáculo de los abanderados es suficiente para comprender una región determinada de Italia?, ¿dónde está la reflexión que nos lleva a entender la música de los Balcanes?

Los organizadores han afirmado, una y otra vez, que a través del Fórum nuestra ciudad entrará en contacto con otras culturas, ¿es eso posible?

Para empezar, haría falta escuchar otras lenguas entre el “público en general”, advertir otras costumbres. Algún tipo de intercambio real, cercano. También haría falta más claridad en las conexiones entre los temas, las manifestaciones culturales y los discursos.

Desde mi punto de vista, el Fórum está resultando ser otro tipo de fenómeno. Al parecer, después de ningunear la necesidad de alimento espiritual de nuestra comunidad, después de menospreciar, o de plano ignorar, la importancia social y humana del arte, nuestras autoridades están proporcionando a los regiomontanos una oportunidad que no imaginaban.

Si lo que deseaban era un evento internacional rimbombante que les ayudara a pararse el cuello y ganar sabrá Dios qué ventajas, eso es algo que a la mayoría de los regios nos tiene sin cuidado.

Lo cierto es que, a pesar de los pesares, todo indica que la comunidad regia saldrá ganando en el terreno de la sensibilización humana, a través del contacto con las manifestaciones artísticas, área que a las autoridades nunca les ha quitado el sueño. Prueba de ello es la manera en que tratan a sus propios creadores.

El domingo decidimos por unanimidad que, como diría nuestra querida narradora Patricia Laurent, ya era suficiente de “andar de pata de perro” por el Fórum, al menos durante ese fin de semana.

La niña se fue al deportivo con la familia de su papá y yo me encerré en mi búnker, dispuesta a ver una película y vivir esas otras historias que ocurren dentro, mientras permanecemos con las puertas cerradas.

lunes, septiembre 24

Congrats!

Felicidades a Fernando Mol Treviño por haber ganado el primer lugar en el Concurso Regional de Minicuentos, organizado por el Cripil Noreste.

Un abrazo, Mol, y que vengan muchos cuentos más.

sábado, septiembre 15

Viajando

Revisando entre las fotos de Marijose encontré esto.
Hola, Óscar Deivid.




Nadie me comprende


LITERESPACIO / Nadie me comprende
Dulce María González
EL NORTE
15 Sep. 07

Lo primero que hice el jueves pasado durante la presentación de "El Gran Vidrio" (Anagrama, 2007), de Mario Bellatin, fue quejarme.

Que si me tiran a Lucas los editores, que el problema es que soy demasiado retro, muy del Siglo 20, muy de la vanguardia histórica aplicada a las letras. Hablé de la necedad de construir objetos narrativos como si fueran cuadros de Kandinsky, del deseo insano de crear formas al mover las historias de acá para allá, amasando canicas con ellas o arrastrándolas por el lodo.

A continuación, no conforme con mi ocurrencia de ponerme a hablar de mí misma en vez de presentar al invitado, y después de señalar que Mario Bellatin es el único Kandinsky de las letras que conozco a quien los editores no tiran a Lucas, pregunté al autor a qué santo le reza para lograrlo. En cuanto se adueñó del micrófono, Bellatin respondió que a San Jerónimo.

Para ser honesta, en todos estos años he escrito sólo un par de "objetos narrativos", muy bizarros ellos, aunque también es cierto que una vez que nos ponemos a amasar formas con las palabras es fácil caer en el vicio.

El caso es que mi actitud ególatra y narcisista se vino abajo durante la cena, puesto que Bellatin no me permitía ni hablar. Descubrí entonces que, como todo buen narrador, nuestro autor es una potente máquina lanzadora de palabras.

Quizá por eso, después de que él comentara cincuenta mil secuencias de una cantidad infinita de películas, sentí que esa noche había leído, de manera esquizofrénica y a toda velocidad, un nuevo libro de nuestro Kandinsky de las letras.

Si algo me gusta de los libros de Bellatin, en especial de "Poeta Ciego" y "Salón de Belleza", es la potencia al decir. Los fragmentos narrativos se mueven, se acomodan y desacomodan, se interrelacionan entre sí con una fuerza orgánica y, no obstante, maquinal. Como si la propia escritura, olvidada del autor, se creara y recreara a sí misma, dando por resultado un objeto estético, mucho más que una novela.

Está declarado, soy fan del susodicho Bellatin y me siento incomprendida. ¿Por qué yo sí lo entiendo a él y nadie a mí? Supongo que es cuestión de karma.

Conversando con Bellatin esa noche, o más bien escuchándolo, entendí una entrevista que leí hace años, en la cual el autor se refiere a la escritura como un ente autónomo. Si los filósofos hablan del pensamiento que se piensa, ¿por qué no íbamos los escritores a inventar una escritura que se escribe a sí misma o a escuchar embobados a un autor cuya conversación se construye y reconstruye en automático? Bellatin es todo un Chanoc de las letras.

Pienso en "Salón de Belleza", un libro en el cual esta escritura contenida en sí es capaz de construir una metáfora absolutamente poética de la muerte. El "moridero" de "Salón de Belleza" alcanza una hermosura decadente y sublime.

Las peceras vacías o medio llenas de agua sucia, los enfermos terminales tirados en sus camastros, los nauseabundos caldos con los que el yo narrativo, que de peluquero ha pasado a Aqueronte urbano, alimenta a esos hombres y mujeres sin remedio, seres a mitad de la descomposición, encerrados en el salón de belleza sin otra esperanza que llegar, al fin, al fin del mundo.

En cuanto a "El Gran Vidrio", desde la lectura del primero de los tres textos que lo conforman, advertí que el universo literario de Bellatin aumentó su efectividad. La estructura onírica en la que el autor, como si fuera araña tejedora, va construyendo un hilo narrativo que de pronto, sin previo aviso, lanza hacia otra dirección, es clara y dinámica.

Desde el niño a quien su madre lleva a los baños públicos para mostrar sus testículos, hasta la mujer marioneta con su novia alemana en busca de un Renault 5, pasando por la Sheika y todo ese asunto del hospital donde no le podían quitar los zapatos, todo en "El Gran Vidrio" parece funcionar a partir de un mecanismo muy bien engrasado.

Sin embargo, en esta nueva construcción de palabras que es "El Gran Vidrio", en este mundo aparte, la autonomía del texto pierde fuerza hacia el final del libro, cuando el autor deja al descubierto, valiéndose de su voz y en tono confesional, el origen de algunos de sus libros.

El desencanto, claro, es personal y el fragmento a través del cual Bellatin lo provoca es honesto y bello.

A final de cuentas, y esto lo advertí después de conversar con él esa noche, Mario Bellatin está tan inmerso en sus mundos, que una no puede tomarse nada como válido en este otro mundo de lo común y ordinario.

martes, septiembre 11

40

"Meet me in the middle", justo esa frase de The Arcade Fire.
Y todo el cedé de Nico, excepto la 3a.

Aquí, dejando constancia de la fecha.

lunes, septiembre 10

Lunes gelatinoso

La gelatina amaneció temblorosa, pero con mucho sabor a naranja. Hoy tiene forma de estrella, de gelatina que disfruta su sitio junto a la luna. Ahí está, recién salida del refrigerador. Mornin'

pd: hoy cumple años Jesús Mario.

miércoles, septiembre 5

Un aviso, uno

Si eres vicios@ de las novelas de Murakami, desde la primera que leíste te enamoraste de los gatos, y estás esperando la oportunidad, haz click AQUÍ

martes, septiembre 4

Tres, dos, uno: la frase

Me encantaría creer que escribimos "para que la muerte no tenga la última palabra" y no por necesidad, pasión, culpa, obsesión, esperanza, desesperanza, necedad.

Me encantaría creer que el sol no se va a apagar, que la especie humana es eterna, que vamos a estar aquí siempre y con nosotros nuestros libros, nuestros amores y odios, nuestros recuerdos y experiencias. Me encantaría creer que el mundo no nos pedirá cuentas, que los árboles permanecerán, y los peces, y el agua, y los animales grandes y pequeños a los que hacemos sufrir.

Me pregunto lo siguiente: ¿cómo hacen los que no escriben, cómo cierran, inscriben, nombran, asimilan la miseria, la esperanza, el temor humano, el rencor, el dolor de los animales?, ¿qué haría yo misma si no escribiera?, ¿tomaría fotos?, ¿cocinaría tamales?, ¿tendría paz?

El domingo fui con Walton al campo y había carretera, lluvia, árboles. Hablábamos de suicidarnos románticamente durante una tarde lluviosa en Praga. ¿Por qué no tirarse a los rieles del metro, al río seco, a un pozo de Doctor González? No, no, en Praga. Una muerte como una catedral como una montaña como una obra de arte. (¿No es siempre así?)

Escribir es una buena opción en tanto se acaba el mundo.

Carta

Un saludo Dulce Maria.

Leí tu columna del sábado 1 de septiembre "alcoholizados, neuróticos y aterrizados"
y me pareció interesante.

Debo decirte que no soy el más indicado para hablar sobre estas cosas de
la escritura, mi ortografía no es la mejor y no me dedico en "cuerpo y alma"
a llenar de letras la hoja en blanco, no, soy bibliotecario.

Hubo algo que me llamo particularmente la atención, dices en un párrafo "...escribimos
durante nuestras jornadas de trabajo", refiriéndote a las diferencias entre
distintos quehaceres y el de la escritura. Pienso ante esto: que los escritores
no escriben durante sus jornadas de trabajo, sino escribir es su "trabajo";
las comillas anteriores son por lo que la idea romántica que rodea esta "profesión"
(de nuevo las comillas) le da una "atmósfera" de poco valor social, salvo
excepciones como la de escritores activistas o de esos que se hacen famosos
por sus best-sellers, por nombrar algunos, en las que el decir escritor,
es sinónimo de éxito o de gran influencia social.

Viste Factotum: no crees que es un excelente acicate para escribir?, desde
luego, que a nadie con sano juicio nos gustaría vivir de la manera en como
Charles Bukowski vivió, pero no me cabe la menor duda que escribir es ante
todo, y eso se lo aprendí a Nietszche, un estilo de vivir, no un trabajo.

En fin, muchas cosas más podemos decir o también desmenuzar, pero sin duda
alguna lo que queda es "escribir para que la muerte no tenga la última palabra".

Algo más, lo olvidaba!, sabes de algún lugar donde los poetas amateurs como
un servidor, podamos leer nuestras pequeñas creaciones?.

Hasta luego y recibe un afectuoso saludo.

sábado, septiembre 1

Alcoholizados, neuróticos y aterrizados

LITERESPACIO / Alcoholizados, neuróticos y aterrizados
Dulce María González
EL NORTE
1 Sep. 07

La semana pasada, durante una lectura literaria, una persona del público preguntó al poeta cómo sabe que es escritor. Un cuestionamiento típico de quienes escriben en sus ratos libres y creen en el mito del milagro o del escritor iluminado.

¿Seré yo mismo un genio?, se preguntarán acaso, y enseguida intentarán encontrar la respuesta en el infeliz que esa noche se enfrenta a sus propias dudas ante el micrófono.

El ideal romántico del artista ha logrado colarse al milenio. Aun así, los escritores sabemos que lo somos porque, contrario a los ingenieros, comerciantes o matemáticos, escribimos durante nuestras jornadas de trabajo.

Salvo raras excepciones, en la vida del escritor no hay otra cosa que esfuerzo, a ratos placer y, en la mayoría de los casos, problemas económicos. Muchos de los escritores maduros que conozco opinan que si no les provocara culpa, depresión o ausencia de sentido de la vida, con gusto dejarían de escribir y abrirían una tienda de abarrotes.

Hace poco vi una película basada en Bukowski: "Factotum" (2005), de Bent Hamer. La acostumbrada historia del escritor que se la pasa alcoholizado, vomita en las banquetas de madrugada, se liga a una mujer cada semana (como si las mujeres fueran bicicletas), y vaya usted a saber a qué horas escribe sus genialidades.

Cuando terminé de verla pensé que quizá mi hija adolescente tiene razón: los escritores que nos rodean son aburridos y antisociales, y su propia madre es "una rara", que en cristiano viene a significar lo mismo.

En el caso de Scott Fitzgerald, narrado por Hemingway en "París era una Fiesta" (1960), el problema era su esposa quien, según Hemingway, le tenía envidia, odio y deseaba verlo infeliz.

La señora Fitzgerald, que termina internada en un sanatorio, arrastra a su esposo a todo tipo de fiestas, mientras él se promete retomar la disciplina cuanto antes y sacar adelante sus proyectos. Pero la mañana siguiente lo sorprende siempre en la cruda.

Con todo y que Hemingway seguramente justifica a su amigo, culpando de su alcoholismo a la endemoniada esposa, lo que atormenta a Fitzgerald no es la dificultad de estar en el mundo, sino la incapacidad de sentarse a escribir con la misma disciplina que mantiene tan satisfecho y feliz al Hemingway de 25 años.

En "Zuckerman Encadenado", que reúne tres de sus novelas autobiográficas escritas en los 80, Philip Roth aborda la vida del escritor norteamericano a través de un alter ego llamado Nathan Zuckerman.

Valiéndose de la ironía y del humor ácido que caracterizan a Roth, Zuckerman describe la neurosis de su maestro, un escritor que vive apartado de la civilización, pasa jornadas agotadoras "dando vueltas a las frases" y atormenta a sus hijos, exigiéndoles silencio absoluto durante las horas de trabajo.

Los escritores "de primera fila" (más tarde él mismo se convertirá en uno así), le parecen admirables por las tremendas pruebas a que someten su espíritu.

"Allá arriba", dice, "en la egósfera, no todo es fiesta y pasarla bien".

También están los capaces de asimilar "la gran discordia humana" y enriquecer sus páginas con "las últimas novedades sobre manías y tentaciones", pero que al verlos en la calle "dan la impresión de haber salido a comer".

En cuanto a los pormenores del llamado "éxito", que en Latinoamérica no implica ganar suficiente dinero para pagar los recibos, y en Estados Unidos convierte a los escritores en rockstars millonarios, y que en el mundo entero se relaciona con las ventas y el mercado, Zuckerman se muestra quejumbroso y a ratos pedante.

A la "ración extra de narcisismo" que es necesario llevar a cuestas, el escritor agrega los insultos y advertencias resultantes de que los lectores confundan al autor con el personaje, sobre todo, cuando este último es un maniaco sexual o un delincuente.

"Ándate con cuidado", le gritan a Zuckerman en la calle, "por esas cosas lo meten a uno a la cárcel".

Una de las anécdotas (un lector desconocido le hace saber que "le dan mucha pena sus padres"), me recordó la historia que solía contar una colega narradora que, para envidia de muchos, recién se mudó a un departamento frente a una de las playas más inspiradoras del País.

"No me digas que tu hermana es la escritora que publicó ayer un cuento en el periódico", preguntó una señora al hermano de la autora.

"Sí", respondió él con orgullo, "es mi hermana".

"Pues qué cochina", comentó la señora con disgusto.

Más allá de mitos y anécdotas, todo indica que un escritor es aquel que, para su fortuna o desgracia, escribe. Independientemente de que asuma o no las consecuencias de un destino en apariencia tan romántico.

jueves, agosto 30

Gelatina que se mira en el complicado espejo que asegura no serlo tanto

Sigo pensando en la gelatina de naranja. Cuando era niña, me pedían que fuera gelatina de fresa. El proyecto familiar era así: "En esta casa todas las gelatinas son de fresa". Para desgracia de los gelatineros y dicha de las propias gelatinas, que deseaban para ellas el sabor que les diera la gana, el producto de esa fábrica resultó tuti-fruti. Qué sano y qué sabroso.

***

La mayoría de mis amigos ya cambiaron de pareja. Motivo: supongo que la edad y el aburrimiento. Una linda gelatinita, fresca y nueva, es más divertida. Además, funciona como espejo. Al verse en ellas, supongo, mis amigos imaginan que recuperan algo. Los espejos de verdad no hacen tantas concesiones. Por lo regular, nos muestran lo que no deseamos ver. Yo ya me aburrí de lo contrario: las gelatinas nuevas y frescas son demandantes y distraen horrores. Además, mis espejos suelen ser complicados y quién puede saber lo que muestran. Good morning, J. B. Walton.

lunes, agosto 27

Gelatinidad del sujeto autobigráfico

Al recuperar unas entadas antiguas que había borrado quién-sabe-por-qué, encontré una frase de Eliot: "Hoy me siento una singularidad perfecta".

Hay un momento así en la última novela de Murakami. Kafka Tamura está en el gimnasio y de pronto hace click: el alma se le acomoda al cuerpo, la imagen de él mismo se enfoca en su interior. Foto.

Ah, la nostalgia de los encuadres.

Se trata aquí de poner ese líquido viscoso y caliente en un molde y meterlo al refrigerador. Y al otro día despertar con la agradable sensación de que el alma es una gelatina de naranja y se acomoda deliciosamente al cuerpo. Aunque tiemble.

También la lluvia limpia y acomoda y aclara.
Y esta noche llueve.

La nostalgia a la izquierda.
A la derecha las gotas de lluvia a través de la ventana.
Say cheese.

sábado, agosto 18

La verdadera Second Life


LITERESPACIO
Dulce María González
18 Ago. 07
EL NORTE

"La humanidad, o más bien su fracción tecnológica y económicamente privilegiada, ha alcanzado un grado superior de desarrollo y alienación que le permite consumir el espectáculo de su propia destrucción como objeto de goce estético. Ningún grito de desesperación es capaz de despertarle de sus delirios de poder y consumo: como un sonámbulo al borde del abismo."

Con este epígrafe inicia "Las Estrategias del Espectáculo", último libro del pensador español Eduardo Subirats, editado por la Dirección de Publicaciones de la UANL y presentado el pasado jueves en el Centro Cultural Universitario.

Si en algo coinciden los pensadores de nuestro tiempo es en la idea de que la modernidad nos ha conducido a la destrucción. La exposición de los antecedentes, los motivos, las dinámicas económicas, políticas y sociales que nos han llevado al callejón sin salida en que nos encontramos varían de un autor a otro, pero el asunto central es el mismo.

Las ventajas que ofrece Subirats son la cercanía y la claridad. Su conocimiento de la cultura y de la situación económica, política y social de América Latina y, específicamente, de México, aunado a la claridad con que expone sus reflexiones, son efectivas a la hora de situarnos en el contexto global y desde ahí observar la consabida debacle.

En lo personal, la conferencia de Subirats del jueves significó la continuación de una reunión familiar en la que uno de mis hermanos expuso nuevamente (lo hace en cada reunión) el problema del petróleo, del maíz transgénico estadounidense, del poder de las grandes corporaciones, del alivio que significa para los poderosos que desaparezca un tercio de la población mundial a causa del hambre y las enfermedades.

Un par de semanas antes me había regalado un libro del economista argentino Walter Graciano, titulado "Hitler Ganó la Guerra" (Ed. Sudamerican 2004), en donde se exponen estos temas desde la perspectiva de la economía mundial y el proceso de globalización.

La postura de Graciano es de denuncia. Sin embargo, aun cuando sus tesis están sustentadas en una investigación muy seria y apoyadas en datos duros, la manera en que expone las estrategias de poder y dominio de los poderosos, mencionándolos por sus nombres y apellidos, sólo consigue angustiarnos y, muy bien informados, sentarnos a esperar lo peor.

La diferencia entre la postura crítica de este economista y la de algunos de los pensadores que he leído, Subirats entre ellos, es que el primero nos lleva a considerar que la destrucción del hábitat humano y del humano mismo es responsabilidad de unas cuantas mentes diabólicas hambrientas de poder, mientras que pensadores como Subirats ponen el acento en nuestra participación, activa o pasiva, en tal destrucción.

En este sentido, el primero de los tres ensayos contenidos en "Las Estrategias del Espectáculo" es muy ilustrador. Subirats, que desde sus inicios ha estudiado los fenómenos de "espectáculo" y "simulacro" presentes en nuestra concepción de la realidad (en nuestra fantasía de la realidad, diría Zizek), parte de un texto de Hoffmann, "El Arenero", para explicar la manera en que los medios (quienes los manejan, por supuesto) han contribuido a crear la realidad espectacular que percibimos.

El hecho de que los muertos por hambre o guerra de los que tenemos noticia a diario signifiquen para nosotros solamente números, la percepción de la guerra en Iraq, por ejemplo, como un espectáculo de entretenimiento en la pantalla y demás situaciones mencionadas por Subirats y muchos otros pensadores, para el español tienen relación con los proyectos estéticos de principios del Siglo 20, que pretendían crear una segunda naturaleza, otra realidad desligada de la historia y la tradición, un mundo estético con sus propias leyes.

De acuerdo con Subirats, la política echó mano de este proyecto tan adecuado y terminó estetizándose. Al grado de que lo que sucede en el mundo es percibido como ficción. Al ver las imágenes de los noticieros, dice Zizek, una y otra vez, vaciadas de contenido gracias a la repetición, a uno le entran ganas de ir a hacer palomitas.

En este sentido, el famoso y multicitado fenómeno de la "Second Life" significa solamente una manifestación lúdica de la realidad que habitamos. La verdadera "Second Life" está en el mundo que nos muestra la pantalla de la televisión, ante el cual nuestra conciencia, vacía y autómata, construida por los mismos medios, nos coloca en el lugar del espectador pasivo que, horrorizado de pronto, culpa a otros del derrumbe de un mundo que se le presenta como la pesadilla a la que acaba de despertar.

sábado, agosto 4

Desaparecer en los libros

LITERESPACIO / Desaparecer en los libros
Dulce María González
4 Ago. 07
El Norte

Cuando alguien pide mi opinión acerca de la poesía de Ofelia Pérez Sepúlveda, suelo responder que desde mi punto de vista es una buena poeta. Sin embargo, generalmente tengo problemas a la hora de describir su trabajo.

Cualquiera puede lanzar palabras al aire. Decir que el trabajo de tal o cual escritor es interesante, conmovedor, o que no sirve para nada; que sus imágenes son hermosas, acertadas, falsas, pretenciosas o cualquier otro lugar común de esos que abundan en las conversaciones de café.

Pero cuando intentamos decir algo honesto, fincado en la experiencia personal con el material y, al mismo tiempo, en la reflexión distanciada del manejo de los recursos poéticos, las cosas cambian.

El proceso de lectura es un asunto complejo. Cuando se trata de un poeta de verdad, capaz de tocar las fibras íntimas de lo humano, el lector se apropia de sus palabras y el poeta mismo desaparece. Lo que leemos es nuestro y de nadie más. Nos pertenece por entero.

La experiencia poética es inmediata, intensa, fugaz, y deja una huella en nosotros. Es un instante pleno. Algo que no se piensa ni se analiza, simplemente se vive. Sólo en un segundo momento somos capaces de tomar distancia y reflexionar, por ejemplo, en cómo fue posible que el poeta provocara en nosotros tal cosa, a partir de cuáles recursos.

En el caso de la poesía de Ofelia Pérez Sepúlveda, en relación con mi experiencia de lectura, sucedieron en las últimas semanas fenómenos singulares.

Cuando me invitó a presentar su trabajo en el ciclo "Versos Veraniegos", organizado por Conarte, Ofelia me proporcionó algunos de sus libros.

Por mi parte, rescaté el texto que había escrito años atrás para la presentación de "De Todos los Santos: Herejes" (1995), las notas que hice para realizar la contraportada de "Cuartos Privados" (1997) y un artículo publicado en este espacio acerca de "La Inmóvil Percepción de la Memoria" (2000).

Sucedió que a partir de la lectura de los libros fui recordando, junto con la poesía de Ofelia que me resultaba muy cercana, detalles importantes de mis lecturas anteriores y de mi propia vida. Estaba recuperando a la que, años atrás, se había apropiado de esos poemas.

Enseguida me puse a leer lo que yo misma había escrito sobre los libros y me pareció que mis comentarios anteriores eran inexactos y torpes. Hasta que advertí que era imposible encontrar lo mismo de antes, que ahora veían otras cosas aunque los poemas no hubieran cambiado.

Lo anterior me da pie a hacer el primer comentario personal sobre el trabajo de Ofelia: sus poemas son capaces de permanecer, no sé si en el tiempo a secas (eso lo dirán los lectores del futuro), pero indudablemente en el tiempo de vida de una de sus lectoras.

La poesía de Ofelia no puede ser calificada como hermosa. Su trabajo nunca ha sido condescendiente. Lo que sí puedo afirmar es que los poemas poseen una buena dosis de precisión y crudeza al abordar situaciones de vida que también resultan muy claras.

Por otro lado, si hay un elemento que pudiéramos llamar "hermoso" en sus textos, éste no se relaciona con los temas, sino con el manejo del lenguaje.

La honestidad al abordar las emociones humanas se une a la estética de las palabras justas, del ritmo preciso y la claridad, como sucede en el poema "La Balada del Despechado", incluido en "De las Tantas Voces" (2006):

"Que se la lleven donde no pueda olerla, / donde no pueda ver cómo sigue tan sin culpa. // Que la dibujen / que me la entreguen en un papel / y yo pueda cortarla, / prenderle fuego, / apaciguar estas voces que me dicen: // Ve. / Háblale. / Páratele enfrente, / a ver si tienes ganas de ella, de su voz. // Por piedad, por lástima o sólo porque sí / que alguien venga y me salve, / que me cure."

O en este otro fragmento del poema titulado "Intermedio", incluido en el mismo libro:

"...que te siguen mis ojos por veredas y acequias / que ando yo en asuntos / de poblar contigo / una casa / y luego / breves territorios / donde vengan de Dios / tantos hijos / como flores de delirio..."

En una entrevista publicada en "La Rocka", Ofelia asegura que no concibe la imagen como entidad. Le interesan, en cambio, "la música, la respiración, los escenarios" que la llevan a recrear esas "historias de vida" que ella transforma en poemas.

Alejada de las convenciones poéticas y al mismo tiempo atenta a la tradición, la poesía de Ofelia Pérez Sepúlveda se singulariza por su voz tan personal y la inteligencia con la que se (nos) observa.

Después, en el libro, en nuestra lectura, se da el lujo de desaparecer para dejarnos solos ante sus palabras que, extrañamente, generosamente, dejan de pertenecerle.