domingo, junio 27

Hola, extraño

El dolor de una herida profunda y culpable abre de pronto una rendija de luz. Sucede en ocasiones. Es un hueco diminuto en donde caben las verdes plantas de la terraza, la música, las vasijas humeando en la cocina. Si por curiosidad una se asoma a esa rendija puede verse a sí misma leyendo o escribiendo un texto en la computadora. Una se descubre viva, sostenida de una fortaleza interna que había olvidado. Quizá al perderlo todo, o casi todo, lo que queda es la desnudez de nuestro cuerpo y nuestras emociones. Quedamos nostros. Hay dolor, pero somos. Estamos ahí con todos nuestros sueños, nuestra carga de locura y las fallas y todo aquello que nos fastidia y significa un peso para quienes nos rodean. Si pudiera irme de mí misma, decimos. Pero no podemos. Hénos ahí tal como somos. Sin remedio. O sin otro remedio que estar. Es entonces cuando sucede: encontramos de pronto unos ojos capaces de iluminarnos y regresarnos la confianza. Donde menos esperábamos sucede el prodigio de la mirada del otro que nos provoca, nos abre las puertas, nos lleva al descubrimiento del alma humana que nos está mirando y nos habla desde su acantilado personal. He recuperado la esperanza. Y todo por una simple mirada. Ya sé, ando cursi.

sábado, junio 19

dichoso el retorno

publicado en la columna literespacio. sección vida de el norte.

comienza el verano en monterrey, las actividades del semestre están por concluir y eso ayuda a que las lecturas cedan al placer de la dispersión. tengo una pila de libros sobre mi mesa de trabajo y hace un par de días empecé a avanzar en todos ellos a la vez. con delicia. de manera alternada, progresiva o en contrapunto. leer de esta manera tan holgazana es algo muy parecido a dar pequeñas mordidas a un trozo de pastel.

los diarios de enrique vila-matas, el número de aniversario de la revista de psicoanálisis me cayó el veinte, el libro sobre el goce de braunstein, los ensayos sobre la violencia de zizek, la novela de atiq rahimi que ganó el goncourt en el 2008, el intercambio epistolar entre houellebecq y lévy, un poemario de eduardo zambrano y los ensayos sobre la razón caprichosa publicados en el 2006 por el cabildo de gran canaria. todo esto a como va cayendo en las manos. ¿qué más se puede pedir?

si agregamos el mal hábito de estar siempre escribiendo, se comprenderá que no haya podido reunir una pizca de voluntad para enterarme bien a bien de la manera como un aspirante a la vocalía de literatura de conarte está intentando sacar de la jugada a un contrincante. visto desde mi apetitosa mesa de trabajo, el asunto suena a distracción enviada por el diablo o algún otro representante de la muy regiomontana neurosis.

¿a quién se le ocurrió que los escritores estamos para hacer política de tipo oficial o gastar nuestra energía en discusiones inútiles?, ¿no es demasiado hacer el juego a las instituciones, demasiada extroversión para alguien que escribe desde el exilio, precisamente, de la palabra?

vila-matas expresa lo descubierto en su actual (y obligada por motivos médicos) actitud de resistencia a las demandas del mundo: "cuando escribo en casa, me acuerdo de los días en que era muy joven, y en esa misma mesa de siempre comencé a escribir y para mí hacerlo era apartarme, detenerme, demorarme, retroceder, deshacer, resistirme precisamente a esa carrera mortal, a esa frenética velocidad general en la que después acabé viéndome involucrado".

en lo personal, me parece dudoso que colocarse en alguno de los bandos de una pugna que, de hecho, funciona como acción legitimadora de una institución gubernamental guarde alguna relación con la experiencia del libro o la resistencia del creador desde el exilio del lenguaje.

viernes, junio 18

la muerte de saramago

y la extrañeza de ver que la gente sige andando en las calles y encontrándose en los cafés y enamorándose y llorando o contando chistes o riendo a carcajadas.
hoy cenaré en casa de mi amiga gaby. reunión de mujeres. nada que ver con la muerte, sino todo lo contrario. quizá beba un trago a su salud. uno solo.
descanse en paz mientras tanto,

jueves, junio 17

Mientras los vecinos gritan y los perros ladran y México juega en el Mundial

Libros sobre mi mesa de noche que en realidad es un baúl antiguo o "castaña"

a) Claudia Giannetti (ed). La razón caprichosa del siglo XXI, los avatares de la sociedad posindustrial y mediática. Gran Canaria Digital, 2006 (En este libro estoy leyendo un ensayo de Braganca de Miranda sobre los caprichos de Goya y el exceso como regla en las sociedades contemporáneas)

b)Michelle Houellebecq y Bernard Henry-Levy. Enemigos públicos. Anagrama, 2010 (Esperaba que los autores se dieran con todo en este ejercicio epistolar, resultó un diálogo un tanto mediocre que evidentemente sólo busca vender papel)

c) Eduardo Zambrano. El fortín del solitario. Conarte, 2009 (Penúltimo libro de E Zambrano. De hecho, ya leí el último, ´publicado en Ediciones Intempestivas. Lectura pendiente.)

d)Atiq Rahimi. La piedra de la paciencia. Siruela, 2009 (Muy poético, me falta leer las últimas páginas)

e)D. H. Lawrence. Contra el cliché pictórico. Grapas de Me cayó el veinte, 2009. Trad. de Rodolfo Marcos-Turnbull. (Excelente. Lawrence se rebela contra el arte abstacto y aboga por un arte conectado al cuerpo. Posición romántica en relación a la creación que contrapuntea la tendencia intelectualista-conceptual nacida a principios del siglo XX y que se extiende hasta la época contemporánea. Contiene imágenes de la obra pictórica de Lawrence)

f) Walter Pater. Los orígenes de la escultur griega. Textos de Me cayó el veinte, 2009. Trad. de Ricardo Marcos González (Pendiente de leer)

g) Revista Me cayó el veinte en su número 20, de aniversario. "Provocaciones de amor". Otoño de 2009. (Después de leer el artículo de R Marcos sobre Shylock --de El Mercader de Venecia, de Shakespeare-- como provocador socrático, texto muy clao e interesante, estoy a punto de iniciar "La provocación freudiana", de Gloria Leff, sobre el deseo de la mujer, pinta muy muy bien)

h) Néstor A. Braunstein. Goce. Silgo XXI, 4a ed: 1999. (Sencillamente genial)

i) Slavoj Zizek. Seis reflexiones marginales sobre la violencia. Paidós, 2009 (A punto de iniciar el 2do. capítulo)

j) Enrique Vila-Matas. Dietario Voluble. Anagrama, 2008 (Libro de cabecera, lectura recurrente)

miércoles, junio 16

Bloomsday

El verano se acerca, hierve ante mis ojos, ondula como lagartija en el horizonte. ¿Qué hacer con la promesa vasta y cálida del futuro más próximo? El paisaje se tensa como cuerda de violín, relámpagos estallan en la noche de las esdrújulas e iluminan la página. Es entonces cuando el verano se atisba apenas. A través de esa rendija su realidad de palabras, su carcajada. Viajemos.

jueves, noviembre 5

La magia, los pasteles y el sapo desmemoriado

a) La magia que dices ocurre de pronto, en días como hoy. Un café de diez minutos bajo la sombrilla de un starbucks. Un par de páginas amargas y azucaradas como el expresso que bebo bajo el sol (es mi libro de Murakami). Enseguida un párrafo escrito a mano en mi libreta. Su viento, su oleaje, sus aromas (aún estoy sentada en mi mesa del café) (el otoño cae de lleno sobre el asflato) (los carros pasan) (la deslumbrante luz me absorbe). Después voy al banco, pago el teléfono, paso por la facultad. Hasta que llega el momento de abrir el mail en el que me recuerdas que la magia existe, que la he tenido frente a mis ojos a lo largo de la mañana y apenas le he prestado atención.

b) Andresito me contó de las meriendas en su oficina. Comparten el espacio tres abogados jóvenes y uno ya mayorcito, antojado, sin tanto trabajo que digamos y medio panzón. El antojado fue el de la idea. Cortó papelitos, anotó en ellos del 1 al 4, los dobló y los fue pasando para que cada quién sacara uno. Después registró el orden en el cual se encargarían de las meriendas. Desde entonces se turnan para llevar el pastel. Andresito me explicó que al principio debía ser hecho en casa, pero ahora es posible comprarlo en una pastelería. Ayer venía llegando el abogado panzoncito a la oficina cuando Andrés apenas salía a comer. "¿A dónde vas?", le preguntó, como invitándolo a quedarse. "Traía un pastel enorme, de Suspiros". Eso me lo dijo Andrés para que comprendiera la enorme importancia de que regresara al trabajo lo antes posible.

c) ¿Qué es un sapo sin pasado?

sábado, enero 17

Para un dia de lluvia


Publicado en la columna Literespacio, sección Vida de El Norte, Monterrey


Nada como una novela exquisita, delicadamente trágica, para un día de lluvia. Eso pensé cuando, al despertar, me encontré con que una densa capa de humedad cubría las calles.

Desgraciadamente, la noche anterior había terminado el libro que deseaba estar leyendo en ese instante. Metida en la cama, dando sorbos a mi taza de café, olvidada del trabajo y los pendientes del día.

Los pequeños detalles cotidianos llegan a veces a destiempo. Para ponerlos en orden, preparé café y empecé de nuevo por la primera página. Fue entonces cuando recordé que la lectura me había provocado, al mismo tiempo, placer y dolor de estómago. El masoquismo es así, una se aferra a su libro y sufre.

Empecé a leer "El Dios de las Pequeñas Cosas" (Anagrama, 2008), de la escritora hindú Arundhati Roy, con un poco de resistencia. Aunque, por primera vez podemos encontrarla en México, sabía que la novela ha sido traducida a múltiples idiomas y tiene más de 10 reediciones en español, y temía toparme con uno de esos libros de lectura fácil y ventas millonarias al estilo Paulo Coelho.

Sucedió lo contrario. "El Dios de las Pequeñas Cosas" es una novela que exige paciencia en un primer momento, y enseguida recompensa al lector, sumergiéndolo en una historia bella y terrible. Al terminar el primer capítulo advertimos que hemos sido absorbidos y devueltos a la superficie, húmedos, empapados de personajes, de olores furiosos, de paisajes delicados y vibrantes, mezcla de naturaleza y civilización, que sólo pueden existir en países como la India (o México).

No es que una se reconozca. Haber nacido en Monterrey, esta Ciudad con su personalidad impositiva, con su impaciencia, su soberbia, sus aires de grandeza; con su tremendo empuje aun en los momentos de crisis, con sus ganas de independencia y singularidad, provoca que una advierta que la India se parece demasiado al México que vemos de lejos, ese país mágico que no somos y que, quizá por ello, nos provoca nostalgia.

Arundhati Roy es capaz de llevarnos a todo eso. Sin embargo, es difícil hablar de la novela en sí. Podemos decir: "es la historia de una familia desde los ojos de un par de niños"; o bien: "es sobre el amor imposible y el mundo de la infancia", pero es inútil.

A pocas páginas de haber empezado, cada personaje vive ya en nuestra mente como una persona real. Los pliegues de su piel, la forma de apoyar la cabeza sobre la mano, su voz. Y cada vivencia se transforma en algo grande, poderoso, dentro de un rompecabezas que sólo se muestra al final.

Historias de amor que no pueden ser y "en realidad comenzaron en los días en que se establecieron las leyes que determinan a quién debe quererse. Y cómo. Y cuánto". Personajes como la pequeña Sophie Mol o los gemelos Rahel y Estha, reunidos de nuevo tras 20 años. Las terribles "Cosas Peores" que sucedieron en la infancia, dando lugar a la tragedia, cuyo aliento congelado se extiende hasta el presente. Y las que los hacían volver a respirar, las otras, las pequeñas: "Las Grandes Cosas siempre se quedaban dentro. No tenían a dónde ir. No tenían nada, ningún futuro. Así que se aferraron a las Pequeñas Cosas. Porque detrás de la aparente tristeza hay, rascando con cuidado, un fresco que muestra una imagen de definitiva -aunque diminuta- felicidad."

También están las castas de la India, que nos remiten a nuestras propias maneras de racismo. Prácticas que se niegan a desaparecer, sujetas a los embates de la modernidad. Y la riqueza de unos cuantos junto a la pobreza de muchos. Todo eso tan conocido, tan real.

Al final de la lectura una se queda con el dolor, con la nostalgia de lo que no se pudo o no se es, con la magia y el reconocimiento de lo propio, mientras mastica el sabor de esas palabras indias que, crujientes, se quedan en la boca.

Aprovechando la lluvia leve, persistente, que caía sobre la Ciudad, empecé de nuevo. "Es tiempo de leer y sufrir", me dije, y regresé al mundo de Arundhati Roy. Tan lleno de vegetación. Y oloroso. Y húmedo.

sábado, enero 3

Despedida


Para Marcelo y Mónica

I. Ritos

Además de haberme convertido oficialmente en suegra, este fin de año fui partícipe del ancestral rito ceremonial de una boda.

Tomando en cuenta que les tocó en suerte una mamá como yo, alguien que se ha pasado la vida inventando historias e intentando creérselas, siempre pensé que mis hijos se casarían a mitad de la selva amazónica, en un barco de piratas o bailando una danza africana a ritmo de tambores.

Pero he ahí que Marcelo decidió seguir cada uno de los pasos del complicado ritual de la cultura en que nació. Desde la entrega del anillo de compromiso hasta la llegada al hotel en la madrugada, después de la ceremonia religiosa y la fiesta, vestido todavía de novio y con su botella de champaña en la mano.

Cientos de años detrás de cada detalle significante, una compleja simbología en el momento de colocarse las argollas o pasarse las arras. Cada uno de los actos solemnes enlazado al próximo dentro del viejo entramado de signos que, paradójicamente, eleva el instante hacia lo único, lo irrepetible. Lo extraordinario.

Observando a mi hijo en medio de esa atmósfera creada por la música, la presencia de gente significativa y las flores, comprendí que si no nos encontrábamos danzando frente al fuego con lanzas en las manos era por simple casualidad. El hecho es que habitamos esta tierra. Y la tierra suele darnos forma. Y nos contiene.

II. Tiempo

Los ritos religiosos y culturales nos unen a los ancestros. De pronto, a mitad de un gesto repetido a lo largo de generaciones, uno casi los toca. Una boda da para ese tipo de encuentros. Cientos de velos detrás del velo de Mónica. Una escalada infinita de miradas en sus ojos.

La inmortalidad, de acuerdo conPlatón, guarda relación con los actos creativos. El amor no es un deseo de belleza, dice, sino de procrear en la belleza.

El arte y el amor se parecen desde esta perspectiva. Sin embargo, nada nos salva. Ni las obras ni los hijos evitarán nuestra desaparición. Quedará, si acaso, un nombre en el árbol genealógico o en la portada de un libro.

Conozco el nombre de algunos de mis ancestros, ciertas historias que terminarán por borrarse. Y, sin embargo, permanece la repetición infinita de sus actos en las ceremonias rituales. "La víbora de la mar" desde no sabemos cuándo. Alguien que caminó con mi hijo hacia el altar y tiene esa misma nariz o esos labios.

Como en un juego de espejos, toda esa gente se presenta en el momento de la ceremonia. Una multitud haciéndose el mismo juramento en el instante sublime. Repetido.

III. Trascendencia

Me pregunto el motivo por el cual los humanos hemos concebido tamañas construcciones simbólicas. La puesta en escena de un evento situado en un origen sagrado y mítico quizá nos tranquiliza. Tal vez nos ayuda a formular preguntas existenciales para las que no tenemos respuesta y mitiga así nuestra angustia. Conocer la forma de la pregunta. Enlazarnos a la respuesta imposible en el momento sagrado, a través de un mediador.

El universo es demasiado grande para nosotros, la vida extremadamente incierta. La muerte tan presente, tan real. Nuestras ceremonias nos cobijan por un instante. Y nos dan forma. Acaso nos proporcionan consuelo, o el suficiente valor para despedirnos de lo que fuimos y sólo entonces avanzar hacia la realización de lo nuevo. Lo por venir.

Publicado en la columna Literespacio, sección Vida de El Norte, Monterrey

sábado, diciembre 20

Posada norteña

Publicado en la columna Literespacio, sección Vida de El Norte, Monterrey


Nada más singular que una reunión de escritores. El jueves pasado, en el espacio de Gargantúas, algunos de los escritores locales nos reunimos para celebrar nuestra ya tradicional posada, en esta ocasión amenizada por un grupo norteño.

Es interesante observar cómo los invitados se van reuniendo en grupos y, a continuación, se dan a la tarea de acabar con las obras de los ausentes. Y aunque lo anterior puede interpretarse de manera negativa, lo cierto es que tal ejercicio de crítica suele provocar un sentimiento de comunión que redunda en el éxito de la fiesta.

Esto tuve que aclarárselo a un narrador que, según me contó, tiene ya seis años escribiendo, pero nunca había asistido a este tipo de reuniones.

"Perro no come perro", dijo, en referencia a su impresión de que los escritores locales no leen a sus colegas. Le respondí que andaba mal, puesto que en la realidad sucede lo contrario. De otra manera, no habría tema de conversación en las fiestas. Me dio la razón.

Después de casi una semana aislada del mundo por motivos de enfermedad y habiendo dejado a mi hija, también enferma, al cuidado de su hermano, esa noche observaba a mis colegas como si se tratara de una extraña especie de humanoides a la cual, curiosamente, yo misma pertenecía.

"Y tú", preguntó el narrador, "¿de qué vives?".

En ese momento me hice a mí misma la pregunta de siempre: ¿por qué no estudié arquitectura, medicina, leyes o contaduría?, ¿qué sentido tiene pasarse la vida ante la pantalla, inventando personajes, historias, alguna necedad aberrante?

Antes de que pudiera responderle, el narrador me aconsejó que me pusiera a pintar, asegurándome que los cuadros sí dan para pagar los recibos.

"Echas dos o tres rayas y listo", dijo.

Recordé en ese momento un programa que acababa de ver en la televisión. Era sobre arte del siglo 21, y ese día presentaron a una pintora que tiene ya cuatro años trabajando en un cuadro en el que intenta plasmar el cielo nocturno.

Se trata de un cuadro de pequeño formato en el que va colocando pequeños puntos blancos sobre un fondo negro.

"Paso largas horas encerrada en mi estudio realizando este trabajo minucioso que detesto".

Su intención es que la superficie de la tela ceda y el observador, al fin, sea capaz de penetrar el cuadro y ponerse a flotar ahí dentro.

Tres o cuatro veces ha creído terminar el trabajo, pero al verlo se siente insatisfecha. Entonces cubre todo con una nueva capa de pintura negra y vuelve a empezar. Saber que detrás de lo que pinta hay varias capas de cielos estrellados le provoca percibir la profundidad de su proyecto y le da fuerzas para seguir adelante.

El caso es que esa noche de la posada, quizá porque todavía andaba con un poco de fiebre, pensé que el trabajo de esa pintora es una buena metáfora para entender la obsesión que nos mantiene atados a nuestros proyectos, intentando construir lo que quizá nunca lograremos, algún extraño objeto cuya realización, más allá de la absoluta supervivencia, es más importante que cualquier otra cosa en el mundo.

El narrador me contó que cuando escribía su primera novela se pasó muchos días atado a la computadora, obsesionado, impulsado por una fuerza que no le permitía levantarse de la silla. Entonces comprendió que, de ese momento en adelante, iba a tener que escribir. Y volver a empezar de cero, pensé, una y otra vez, hasta lograr que el material adquiera la suficiente profundidad para meterse dentro.

En esas reflexiones profundísimas andaba cuando uno de los escritores-gurús más cotizados de la ciudad pidió el "Pávido Návido" y me lo dedicó, no sé si con intención amistosa, irónica o de simple chacota. El caso es que en ese momento desapareció de mi mente la pintora de cielos estrellados y la cursilería cedió lo suficiente como para que pudiera regresar al mundo y dar cuenta de mis tacos. Mientras, mis colegas se comían en salsa a un apetitoso autor de estas tierras.

Dios los crea y ellos se juntan, dice el dicho.

sábado, diciembre 6

Sexo y diversión


Publicado en la columna Literespacio, sección Vida de El Norte, Monterrey


En "La Posibilidad de una Isla", novela que comentaba en la entrega anterior, Michel Houellebecq imagina un futuro en el cual, entre otras cosas, el sentimiento humano del amor perderá su sentido hasta extinguirse.

De acuerdo con su punto de vista, esto se deberá en parte al "milenario proyecto masculino, perfectamente expresado en nuestra época por las películas pornográficas, consistente en despojar a la sexualidad de toda connotación afectiva para devolverla al campo de la pura diversión".

Después de aclarar que se trata de una "iniciativa" masculina, Houellebecq pasa a culpar a las mujeres, quienes en la actualidad, dice, se han vuelto fuertes e independientes y, como ya no precisan de la tutela de un hombre para sobrevivir, han renunciado "tanto a inspirar como a experimentar" un sentimiento "que ya no tiene justificación concreta".

Esta reflexión es muy cuestionable, pues supone que el único lugar posible para una mujer es el de la dependencia y la sumisión. Y en el colmo de esta suposición, indica que abandonar el papel de objeto sexual y convertirse en sujeto que se divierte sexualmente al lado del hombre implica la desaparición del amor. Todo depende de nosotras, en suma.

Más allá de esta discusión, me parece interesante la denuncia de dos cineastas en relación a la manifestación extrema, mercantil, del tal "proyecto".

"La Desconocida" (2006), del italiano Giuseppe Tornatore, película recién exhibida en la Ciudad, aborda la historia de una joven de Europa del Este cuyo cuerpo fue utilizado no sólo en el negocio de la prostitución, sino también en el de la producción y venta de niños. La historia, cargada de suspenso, a ratos melodramática, trata acerca de su búsqueda de uno de sus nueve hijos y muestra las vejaciones de que fue objeto.

Por su parte, en "La Tierra Prometida" (2004), el cineasta Amos Gitai aborda el mismo problema, pero en esta ocasión las europeas orientales han ido a parar a Israel.

En el caso de Gitai, el negocio del sexo como divertimento se muestra en toda su monstruosidad. Las jóvenes son enroladas con engaños y subastadas como ganado en el desierto del Sinaí. De ahí son transportadas a Eilat por un grupo de beduinos y terminan en un club para adultos en Haifa.

Sin embargo, mientras las escenas de vejación y de dolor son abordadas por Gitai de manera cruda, mediante secuencias tomadas con cámara al hombro, tipo documental, Tornatore las estiliza al máximo, provocando que se aligere la denuncia hasta desaparecer.

El manejo anecdótico es también muy diferente. Gitai muestra a un grupo de adolescentes desamparadas, impotentes, debilitadas por el dolor, mientras el personaje de Tornatore es capaz de todo.

La protagonista de Gitai escapa en medio del caos provocado por un atentado palestino; la de Tornatore asesina al tratante y, aunque su libertad se debe a su propia valentía, abre la posibilidad de una lectura prejuiciada en relación a la peligrosidad de los "extraños".

En lo personal, sobre todo después de haber visto ambas películas, me llama la atención la indiferencia con que nuestra ciudad reacciona cuando se descubren situaciones de este tipo. Pero ése es otro tema.

En todo caso, la denuncia, o queja, de Houellebecq en relación a la desaparición del amor da para entender que, en efecto, existe en la actualidad una tendencia a utilizar la sexualidad como diversión, lo cual no sería realmente grave si el cuerpo de la mujer, que históricamente ha sido considerado mercancía, no hubiera entrado de esa manera tan salvaje al campo del capitalismo feroz.

martes, diciembre 2

La Posibilidad de una Isla al cine


La novela de Michel Houellebecq terminó de filmarse en septiembre de este año.

A continuación, la ficha:

Sinopsis
Historia de ciencia ficción que relata cómo un grupo científico ha desarrollado una sofisticada tecnología basada en la clonación, lo que ha permitido a un solo hombre y a una sola mujer sobrevivir a los diferentes cataclismos que se producen en el cuarto milenio, tiempo en el que nos sitúa la acción de la película.

Productoras
Morena Films
Mandarin Cinema
DePalacio Films

Reparto
Benoit Magimel
Patrick Bauchau
Ramata Koite

Director: Michel Houellebecq

sábado, noviembre 22

Los inmortales


Publicado en la columna Literespacio, sección Vida de El Norte, Monterrey

Cínico, insolente, racista, políticamente incorrecto, Michel Houellebecq se va convirtiendo en el escritor más incómodo del mundo occidental.

La brillantez con que disecciona el estilo de vida contemporáneo, distanciándose críticamente a partir de una observación fría y un ácido sentido del humor, provoca que lo leamos con una mezcla de asombro y disgusto, sin que por ello deje de arrancarnos carcajadas.

No es extraño que sea precisamente un francés quien denuncie el hastío de la civilización occidental, la indiferencia abúlica de una humanidad que sigue adelante, aun sabiendo que sus construcciones se han desgastado hasta el paroxismo.

Su primer retrato del mundo actual, conformado desde su óptica por sociedades debilitadas y en franco declive, lo encontramos en "Las Partículas Elementales" (1998), novela con la que se dio a conocer mundialmente y que aborda la historia de dos hermanos (un científico asexual aislado del mundo y un profesor de literatura obsesionado por el sexo), víctimas del abandono de una madre de ideas sesenteras y típicamente hippie.

A la hilarante y corrosiva narración del hombre de fines del siglo 20 le siguió, en el terreno de la narrativa, "Lanzarote" (2000), un híbrido entre novela y crónica de viaje situada en el cambio de milenio.

Al igual que sucede con los personajes de "Las Partículas...", el protagonista de "Lanzarote" es un hombre de su tiempo, es decir, un ser decadente, situado más allá de tabués morales y de cualquier tipo de preocupación política, social o ambiental.

La descripción del paisaje volcánico de la isla (la edición de "Lanzarote" en Anagrama incluye fotografías), el tono desapegado y cínico del narrador, la atmósfera de fin del mundo y, sobre todo, la anécdota del encuentro con la secta de raelianos en medio de esa vacuidad, anticipan la aparición de "La Posibilidad de una Isla" (2005), el texto más destacado de Houellebecq hasta la fecha.

En "La Posibilidad de una Isla", los raelianos son llamados "elohimitas" y el protagonista, un cómico que ha hecho millones en el showbiz burlándose de su público ("si agredes al mundo con suficiente violencia, él acaba escupiéndote su cochino dinero"), se encuentra con ellos casualmente, abriendo con esto la posibilidad de acceder a la vida eterna, vía la tecnología y la ciencia.

La narración de cómo la secta logra crear duplicados humanos y trasmitir a ellos la memoria del antecesor, eternizando con ello su existencia, no es tan interesante como el diálogo que se establece entre Daniel1 (un humano de nuestro tiempo) y Daniel24 (un neohumano, copia del primero, separado de él por un lapso de 2 mil años) a través de sus respectivos "relatos de vida".

A diferencia de "Las Partículas...", en "La Posibilidad de una Isla" la crítica de nuestro estilo de vida se realiza desde un futuro al que nuestro presente podría dar lugar. Daniel24 habita solo en una casa aislada, protegida por una barda electrificada, de la que nunca sale. Su contacto con sus congéneres es siempre virtual y azaroso, dada la falta de seguridad de la red.

Por su parte, los humanos se han convertido en "hordas de salvajes" que habitan fuera de las bardas y que los neohumanos ven con indiferencia. Son los descendientes de quienes no pudieron acceder a los avances de la ciencia y, aunque representan una fuente de peligro, están en vías de extinción: "Mira esas pequeñas criaturas que se mueven a lo lejos, míralas. Son hombres".

Daniel24 intenta comprender el sufrimiento característico de sus predecesores humanos, pero no lo consigue del todo. El individualismo extremo de la generación de Daniel1, su rechazo de la vejez, la negación del deseo en favor del interés económico y el consecuente aislamiento emocional, la ausencia de contacto físico en las relaciones sociales a través de la red, todo ello ha logrado desvincular a los neohumanos de sentimientos como la compasión, el deseo o el dolor.

"Abandonaré sin pesar una existencia que no me proporciona la menor alegría tangible", dice Daniel24 cuando está a punto de ceder su lugar a Daniel25, y en ese momento se me ocurre preguntarme por el significado de la palabra "civilización", o hasta dónde puede llevarnos la acumulación de saber y de experiencia a que ha dado lugar la reproducción de la especie.

sábado, octubre 25

Novelas candentes

Publicado en la columna Literespacio, sección Vida de El Norte, Monterrey

Hace un par de semanas me pidió un lector que hablara sobre pornografía.

En ese momento consideré, curiosamente, que se trata de un tema árido. Hablar sobre las implicaciones de que se rompan las fronteras entre lo privado y lo público no es tan atractivo como pareciera.

Que la gente salga de la sala del cine ante una escena de sexo explícito, por ejemplo, no es raro. La pornografía, dice Zizek, incomoda cuando se experimenta en frío, sin el mínimo fantaseo capaz de protegernos de la realidad a nivel cero, de la crudeza de la carne que a su vez nos recuerda su inevitable deterioro y, en última instancia, a la muerte.

Agreguemos a lo anterior el carácter público del momento. La imposibilidad de concentrarnos en nuestro mundo interno nos acerca demasiado a los otros. Y el exceso de proximidad rompe el hechizo, las personales fórmulas del deseo que nos permiten aproximarnos.

El caso es que me animé a escribir sobre el tema después de leer un par de novelas que incluyen descripciones sexuales bastante directas, sin ningún tipo de tratamiento literario o poético. Se trata de "Besos Pintados de Carmín", de Sealtiel Alatriste (Alfaguara, 2008), y "Vida con mi Viuda", de José Agustín (Randomhouse Mondadori, 2005).

La novela de Alatriste, de tono humorístico, empieza cuando el protagonista, un publicista viudo, experimenta un sueño inquietante: su compadre, recientemente fallecido y a quien nunca la faltaron ganas de meterse con su esposa, le comunica que se está acostando con ella en el más allá.

A partir de este momento se inicia una historia donde los vivos y los muertos arman tremendos líos y en la que sale a relucir la trayectoria del protagonista en su carrera de latin lover, aunque permanece enamorado de su enigmática esposa.

La tesis de la novela es la siguiente: los hombres se la pasan buscando en los cuerpos de las mujeres a una sola, o sea, el secreto de la mujer que aman; mientras las mujeres, por motivos oscuros, hacen el amor a muchos hombres en el cuerpo de uno solo.

En el caso de la novela de José Agustín, que también maneja el humor, el protagonista toma la identidad de un hombre que se le parece físicamente y, por azares del destino, viene a morir en sus brazos. A partir de este hecho, asiste disfrazado a su propio funeral y repasa su vida a distancia.

La sexualidad, que también en esta novela es tema central, adquiere una profundidad espiritual muy mexicana, puesto que la suegra es una chamana de Oaxaca y la esposa, depositaria de este tipo de sabiduría ancestral, resulta muy comprensiva en relación a sus andanzas, que a ratos parecieran alcanzar niveles místicos.

Aunque la fila de mujeres con las que se acuestan los protagonistas es tratada como un puñado de cuerpos sin alma y, por lo mismo, simples depositarios de la libido de los Casanovas en cuestión, las esposas son seres humanos complejos, con sus propias experiencias y sus deseos insondables.

Tenemos entonces, en los dos casos, a un seductor bastante mayorcito, con su repertorio de amantes y su mujer idealizada. Como un enorme boquete, un espacio vacío o una presencia ausente, todo se organiza en torno a esa mujer mítica. El mujeriego depende de ella, que pareciera ser, en el fondo, un ser monstruoso.

En la novela de José Agustín hay un fragmento muy ilustrativo. Se trata de la primera relación sexual de la esposa, cuando era apenas una aprendiz de bruja adolescente. Después de drogar a un joven y poseerlo de manera feroz, le arranca un ojo y se lo guarda en la bolsa, convirtiéndolo en amuleto relacionado con el "don de la visión".

Lo que eso significa en relación a la terrible mirada de la mujer ideal que persigue el protagonista, y de la que también huye, da para una serie de artículos.

Baste por lo pronto mencionar que los pasajes sexuales resultan, en ambos casos, demasiado realistas. Y es quizá esta manera de descripción tan directa, tan, digamos, carente de ambigüedades, lo que rompe el hechizo tranquilizador de la fantasía y nos provoca, más que deleite, angustia.

Quizá por eso ambas novelas resultan inquietantes, aunque no tengamos que abandonar ninguna sala de cine, puesto que observamos el espectáculo de la soledad en soledad, sin la presencia indeseada de ningún testigo.

sábado, octubre 11

A mitad del derrumbe


Publicado en la columna Literespacio, sección Vida, periódico El Norte, de Monterrey

Uno de los detalles más significativos del reciente Encuentro Internacional de Escritores, que se llevó a cabo del 29 de septiembre al 5 de octubre, es que mientras la economía del mundo se venía abajo, en el estrecho espacio del Encuentro se hablaba del erotismo, del amor, y de la manera en que estas experiencias se traducen en literatura.

Fue impresionante entrar a esa burbuja el viernes pasado. De las 10 de la mañana a las 12 de la noche nadie pronunció una sola palabra relacionada con el desastre que tenía al mundo sumido en el pánico.

El Encuentro se había inaugurado cuatro días atrás, durante el llamado "lunes negro", y para ese momento el mundo estaba ya de cabeza. Sin embargo, tanto los escritores anfitriones como los invitados permanecían atentos a sus temas.

La atmósfera de concentración y nerviosismo a la hora de exponer el propio trabajo en la mesa, de camaradería en los recesos, de excitación y festejo durante la cena al final del día, todo ello parecía suceder al margen de la catástrofe.

Yo había llegado noqueada, pero apenas me senté a la mesa en mi papel de moderadora, olvidé las noticias económicas. Era evidente que el paréntesis no duraría tanto para ninguno de los participantes. Sin embargo, el espacio del Encuentro se había convertido, por lo pronto, en respiro, en oportunidad.

Por la noche, cuando no hubo poder alguno que nos contuviera de beber y hablar (actividades que van de la mano) y, felizmente, fumar donde nos diera la gana, pensé que, después de todo, la crisis financiera apenas comenzaba y al menos durante esos días podríamos permanecer en ese espacio entre paréntesis.

¿O será que los escritores, cierto tipo de escritores, permanecemos siempre ahí?, me pregunté.

Quizá la respuesta está en la selección de invitados, puesto que en esta ocasión no había grandes lumbreras editoriales (actúan como si anduvieran en viaje de negocios), ni altos funcionarios de instituciones culturales (llegan armados de los garabatos que escriben en sus ratos libres y se la pasan grillando).

Lo que había era escritores que escriben a pesar de lo que sea. Acostumbrados a las dificultades económicas de todos los días, al ninguneo del poderoso mundo del mercado, a las críticas de los adversarios, a las envidias propias de cualquier medio artístico y, en general, a la marginación en que se desarrolla la labor de los ahí convocados, la crisis económica parecía significar un detalle más, algo que quizá empeoraría el conjunto, pero que no tocaría el núcleo del oficio.

Cuando el mundo se cae, queda lo humano más básico. La existencia brilla en medio del derrumbe. Y a los escritores el mundo siempre se nos está cayendo. Quizá por eso a nadie se le ocurrió mencionar la crisis durante el Encuentro. Después de todo, ¿qué o quién puede arrebatarle a alguien la pasión por escribir o el placer de leer un libro?

A sus 85 años de edad, con el deterioro del cuerpo en su contra y la experiencia de vida a su favor, la poeta Dolores Castro no sólo aceptó la invitación al Encuentro, sino que asistió a las mesas, convivió, leyó sus poemas y participó en las ponencias con un texto cargado de lucidez reflexiva y sensibilidad.

Dolores Castro es una mujer incansable. Estudió Derecho y Literatura en la UNAM, Estilística e Historia del Arte en la Complutense de Madrid. Fue fundadora de Radio UNAM, consejera de revistas literarias, conductora de televisión y coordinadora de talleres literarios en toda la República.

Perteneciente a la generación de Luisa Josefina Hernández y Rosario Castellanos, ha sido maestra de literatura en varias universidades y es autora de numerosos libros, entre ellos: "¿Qué es lo Vivido?" (1980), "Las Palabras" (1990), "No es el Amor el Vuelo" (1995) y "Oleajes" (2003).

Constatar el entusiasmo y el coraje que han llevado a Dolores Castro a continuar construyendo su obra dio un toque de esperanza a esa semana tan negra.

Dolores Castro es una imagen deslumbrante de la pasión creadora, del apetito por la vida, del entusiasmo por seguir adelante aun cuando todo nos empuja a darnos por vencidos.

sábado, septiembre 27

Humo en los ojos


Publicado en la columna Literespacio, sección Vida, periódico El Norte, de Monterrey

I. La naturaleza existe

La ley que prohíbe fumar en espacios cerrados tiene una gran ventaja: el fumador recuerda que existe la naturaleza. Acostumbrados a encerrarnos en restaurantes y cafés donde la temperatura y la iluminación son siempre las mismas, los espacios externos no sólo resultan edificantes, sino que una se conmueve hasta las lágrimas.

Gracias a esta benéfica ley he descubierto algunos detalles importantes del mundo exterior. En la parte antigua de la Colonia Del Valle, por ejemplo, habita una inmensa parvada de pericos. Las simpáticas aves vuelan de un árbol a otro, formando extensas nubes verdes y haciendo un ruidazo.

En la Colonia Contry corre un viento muy agradable por las noches, y cuando hay luna es posible observar la silueta un tanto tenebrosa de los cerros. Por el rumbo de las Cumbres, el clima es considerablemente más fresco que en el resto de la Ciudad, y las luces de los edificios y las calles son todo un espectáculo.

El caso es que las pequeñas gotas de lluvia, el sol de la mañana y hasta el calor sofocante del mediodía nos recuerdan a los mexicanos de clase media para arriba (aproximadamente el 15 por ciento de la población), que además fumamos (¿acaso un 10 por ciento?), que somos parte de este hermoso planeta.

Al 85 por ciento restante le importa muy poco este tipo de medidas.

Tomando en cuenta que respiran a diario las emisiones altamente contaminantes del transporte público, además del humo de leña o carbón con que muchos se calientan y cocinan sus alimentos; considerando que ni en sus mejores sueños tendrían oportunidad de tomarse un frapuchino en alguno de los espacios libres de humo de nuestra Nación, para la mayoría de los mexicanos este tipo de sutilezas legales posee la misma importancia que las costumbres culinarias de los marcianos.

II. Cuestión de fantasear

A los mexicanos de clase media para arriba no sólo nos interesa movernos en espacios asépticos, sino que también cuidamos nuestra alimentación, comiendo productos orgánicos e ingiriendo suplementos. En casos extremos, hasta vamos al gimnasio y nos ejercitamos.

Tal estilo de vida, que recuerda a los viajeros de la nave interplanetaria del popular filme "Wall-E" (en el que nunca aparece la masa de pobres que no tuvo para el pasaje y se quedó en el planeta estéril y plagado de basura), no admite el humo del cigarro en sus espacios.

Y aunque sabemos que el confort de nuestro mundo pulcro y climatizado se relaciona directamente con la emisión de dióxido de carbono de las fábricas donde se elaboran los productos que consumimos a diario, procuramos no pensar en ello y fantaseamos que el mundo es así, que las tiendas y los restaurantes son así, tan agradables y tan libres de contaminantes.

III. Cochinadas

Me encontraba cenando en un conocido restaurante local cuando a uno de los comensales se le ocurrió encender un cigarro. Desde que entró la dichosa ley, este tipo de acciones rebeldes, así como las reacciones que provocan, dan para un estudio sociológico de los espacios hegemónicos a nivel planetario.

Un padre de familia de otra mesa se quejó con el mesero, quien invitó al fumador a apagar su cigarro. El rebelde se negó. Llegó el gerente y se armó la discusión. Para cuando acordamos, quienes presenciábamos la escena en calidad de público, el rebelde había ya terminado con su cigarro y, aplastando la bacha en una cuchara, pidió la cuenta con una sonrisa de triunfo en los labios.

Habiendo cumplido con su deber cívico, aunque sin grandes resultados, el adusto censor empuñó sus cubiertos y se dispuso a ingerir su cena.

A continuación, el hombre empezó a... ¿comer? Hablaba con la boca llena, bebía mucho y a grandes sorbos (el vino se le escurría por las comisuras de los labios) y al terminar el contenido de su plato, que arrastró hacia una esquina, ensuciando el mantel, nos obsequió con un sonoro eructo.

¿Sería posible que el Estado, por amor de Dios, legislara en este sentido?

IV. Agresiones

Como sabemos desde Freud, los humanos nos movemos a partir de dos instintos básicos, el erótico (reproducción) y el tanático (destrucción). Y aunque pareciera que las nuevas restricciones impuestas por la cultura a nuestro ya de por sí maltratado aparato psíquico son en favor de la vida, tengo la sospecha de que favorecen a su contrario.

Con el pretexto de que se protege la salud de la mayoría entre la minoría, la medida impulsa a sus representantes a convertirse en pequeños dictadores que gozan al hacer sufrir a su prójimo, en muchos casos bajo el pretexto de hacerle un bien.

"No se trata de molestar a nadie", dice el escritor español Javier Marías, "pero debería haber algo más de respeto hacia el tabaco". Si bien es cierto que es malo para la salud, agrega, ésta no es únicamente pulmones, garganta e hígado, "sino también equilibrio y satisfacción y placer".

sábado, septiembre 13

Patria y educación


Publicado en la columna Literespacio, sección Vida, periódico El Norte, de Monterrey

1. Un libro inquietante

"Diario de un Mal Año" (Mondadori, 2008), el más reciente libro del Nobel de Literatura sudafricano J. M. Coetzee, da para dos reflexiones importantes. La primera, relacionada con el tipo de patria que hemos construido y que en estos días celebramos; la segunda, con el tipo de Universidad pública que tenemos, cuyo 75 aniversario también festejamos.

En su nuevo libro, Coetzee emite opiniones sobre temas de interés actual y las confronta con las perspectivas de una joven mecanógrafa (otra generación y diferente género) y un hombre maduro que se mueve en el mundo de las transacciones bursátiles (la perspectiva económica).

De esta manera, y por medio del empleo de tres registros diferentes, se crea una especie de conversación en torno a temas como la democracia, la formación del estado, la pedofilia, la guerra contra el terror, etcétera.

Aparentemente, el propósito es observar el mundo más allá de lo que dicta el sentido común, dado que el propio Coetzee cuestiona lo suyo, confrontándolo con las perspectivas de sus personajes.

2. Las fiestas patrias

Ciegos, movidos por la inercia, nos preparamos para celebrar nuestra mexicanidad. Volteando a diestra y siniestra en espera de lo peor, transportándonos con las ventanillas cerradas y los seguros puestos, compramos bebidas y botanas (el tequila no puede faltar) para llegar en el debido estado de ánimo a la reconstrucción simbólica de la fundación de nuestra Patria. Viva México.

Para explicar el origen del estado, Coetzee pone como ejemplo la legendaria película "Los 7 Samurais", de Akira Kurosawa, cuyo argumento narra lo que sucede en una aldea durante una época de desorden político, en la que el estado se ha debilitado hasta casi dejar de existir.

Un grupo de ladrones armados azota habitualmente la aldea. Viola a las mujeres, mata a los hombres que oponen resistencia y se lleva las provisiones. En un momento dado, a los bandidos se les ocurre sistematizar sus visitas y acudir en determinadas fechas a exigir tributos (impuestos).

Los aldeanos conciben entonces el plan de contratar a su propia banda de malhechores, los 7 samurais, para que los protejan de los bandidos. Sin embargo, al comprender el funcionamiento del sistema de protección y extorsión de los antiguos bandidos, el grupo de samurais toma la aldea bajo su tutela, ocupando su lugar.

El continuo nacimiento y renacimiento del estado mostrado por Kurosawa nos lleva a reflexionar, no solamente en lo que hay detrás de nuestras fundaciones y refundaciones nacionales (Conquista, Independencia, Revolución), sino también en la naturaleza de nuestro momento actual, en el que ya no es posible distinguir entre las diferentes bandas de malhechores.

En cuanto al origen del desorden político y social que da lugar al debilitamiento del estado y la formación de bandas organizadas, resulta también muy familiar para nosotros. Aunque Coetzee no abunda en ello, en la película queda claro que si los samurais aceptan unirse al grupo de "protección" es porque se están muriendo de hambre y no tienen otra opción de supervivencia a su alcance.

3. Las universidades

En Sesión Solemne realizada en el Teatro Universitario, en la que recibió el Doctorado Honoris Causa por parte de nuestra Universidad, Carlos Monsiváis señaló la importancia de las universidades públicas, contraponiéndolas a las privadas.

Es bien conocido que, a partir de presiones externas por parte de organismos internacionales, la educación ofrecida por las universidades públicas es en la actualidad muy similar a aquella ofrecida por las privadas en cuanto a métodos, programas y objetivos.

La diferencia, entonces, no se da a partir de la apertura o la libertad de pensamiento en la formación del alumno, como sucedía hasta hace poco más de una década, sino en la oportunidad de acceder a un tipo de empleo y a un título.

Esta ventaja no es poca cosa. Significa, para los universitarios como yo, motivo de un gran orgullo. Sin embargo, el asunto nos lleva a recordar viejos ideales relacionados no sólo con la educación pública, sino también con la libertad de pensamiento y la importancia de los valores humanísticos en el mundo.

Para Coetzee, la única manera de recuperar el espíritu de las universidades, liberándola del yugo de los principios económicos y comerciales, es conceder títulos cuyo único respaldo sean los nombres de los profesores que los firmen.

¿Y a quién le servirían esos títulos? Su propuesta, fuera de lugar y, sobre todo, de época, se rebela contra las exigencias actuales del mercado. Es fácil advertir que, tal como sucede con el amor, ese tipo de sueños no sirve para nada. Y, sin embargo.

sábado, agosto 30

Roma


Publicado en la columna Literespacio, sección Vida, periódico El Norte, de Monterrey



Discutir apasionadamente es una costumbre muy arraigada en mi familia. Los temas son variados. Se discute de política, de historia, de lo que sea, siempre y cuando no se trate de un asunto personal. Esto ayuda a que, después de los acaloramientos, y aún cuando generalmente se forman bandos, nadie termine enojado.

Invariablemente hay un tema en cuestión. Este mes el tema es histórico. Surgió cuando uno de mis hijos nos invitó a dejar de dormir y de alimentarnos, para ver la serie televisiva "Roma".

"Roma" es una coproducción de la norteamericana HBO, la británica BBC y la italiana RAI. Un proyecto monumental que se filmó en los alrededores de la actual ciudad italiana y en los antiguos estudios de Cinecittˆ, en una superficie de más de 20 mil metros cuadrados.

Si agregamos que fue rodada en formato de 35mm, se entenderá que haya alcanzado un costo de 100 millones de dólares tan sólo en los 12 capítulos de la primera temporada, en la que se narra el periodo de transición que va de la República al Imperio.

La trama arranca con las intrigas que crecen dentro del Senado, temeroso del poder que César ha obtenido gracias a su triunfo en Las Galias, a la riqueza derivada de esta conquista y a la lealtad de sus legiones. La situación desequilibra a la República y pone en una encrucijada a Pompeyo Magno, consejero y viejo amigo de César.

El resultado es impresionante. Vemos en pantalla a Julio César y Marco Antonio, Pompeyo, Octavio y Bruto transformados en seres de carne y hueso. También nos enteramos de cómo la pasaba la gente común por medio de las historias de dos legionarios, Lucio Voreno y Tito Pullo, mencionados por Julio César en sus "Comentarios de la Guerra de las Galias" y ficcionados por los guionistas para aportar historias individuales de personajes comunes y corrientes.

Es a través de Voreno y Pullo que recorremos las calles de Roma y atestiguamos la vida intensa y cosmopolita de una ciudad ruidosa y ajetreada de más de un millón de habitantes. Vemos los grafittis en las paredes, los charcos en las calles de piedra, el lujo en las casas de los Patricios, la pobreza de los tenderos y los artesanos.

La producción de los tres primeros episodios comenzó en el 2004. Pero el equipo había empezado a trabajar desde el 2000. La idea era mostrar, además de eventos históricos, la vida cotidiana de la Roma del 52 a.C. a 400 años de haberse fundado la República.

Para lograr la reconstrucción de esta atmósfera había que invertir recursos y talento. Los encargados del vestuario, escenografía y utilería, por poner un ejemplo, eran descendientes directos de quienes habían trabajado en ese mismo estudio en producciones como "Cleopatra" o "Ben-Hur".

El esfuerzo por lograr la verosimilitud histórica, tomando en cuenta que hay pocas fuentes documentales sobre el entorno del ciudadano común, llevó al equipo a extraer información de las ruinas de Pompeya y Herculaneum, acudir a referencias históricas y literarias y a inscripciones en tumbas.

El acto de dominar al prójimo, uno de los más altos valores romanos, sinónimo de virilidad, prevalece en cada personaje, mientras las mujeres aparecen como posesión de alguien (esposo, padre), apenas por encima de los esclavos. También las vemos como sacerdotisas, prostitutas honorables o de baja ralea, o nobles intrigantes.

En este punto empezó la discusión. Mi hijo opinaba que Roma era una sociedad sumamente compleja, y aplicar argumentaciones contemporáneas sobre asuntos de género reduce su comprensión. Además, decía, las mujeres luchaban por el poder, desde sus trincheras y con sus propias armas.

El poder ejercido desde la oscuridad. Un campo de acción que llevó a la mujer occidental a desarrollar sutiles estrategias de dominación que incluyen el chantaje y la manipulación, tal como sucede con las nobles, madres y esposas de los héroes, en la serie.

Al final, y más allá del asunto de género (o quizá más acá), ambos coincidimos en que la cultura romana sigue influyendo en nuestra manera de actuar, de pensar, de hacer política. Roma sigue viva en nuestras instituciones, en nuestra legislación, al interior de nuestras familias.

Una mañana escuché en el radio una cápsula curiosa. Se comentó que el Papa Benedicto I murió de un susto, al enterarse de que los lombardos tenían cercada a Roma. El mundo, tal como lo conocía, había llegado a su fin.

Y sin embargo, todo indica que ese mundo sobrevivió y continúa reproduciéndose en nosotros. Una infraestructura poderosa que se refunda constantemente. Una herencia que se resiste a la deconstrucción. Para bien y para mal. Hasta ahora.

sábado, agosto 23

¿Andabas huyendo, Elena?

A 10 años de su muerte, cumplidos ayer, se recuerda a la poblana Elena Garro, escritora genial y desesperada heroína de su tragedia. Su posición política, su autoexilio, los enfrentamientos con su ex marido, Octavio Paz, y sus contradictorias declaraciones, dieron lugar a que su vida se volviera una especie de intenso thriller.

Publicado en la sección Arte, periódico El Norte, de Monterrey

I. Una heroína fascinante

Apasionada, enfurecida, intensa, genial, la obra de Elena Garro, considerada por muchos la más grande escritora mexicana después de Sor Juana, fue apareciendo en nuestra escena literaria en medio del escándalo.

Los problemas personales y políticos que enfrentó Garro a lo largo de su vida no sólo marcaron su obra, sino que dieron lugar a una constante polémica.

Su posición política, bastante confusa hasta hace apenas un par de años; su largo autoexilio en España y, posteriormente, en Francia; los constantes enfrentamientos con su ex marido, el poeta Octavio Paz; sus contradictorias declaraciones a la prensa; todo ello dio lugar a que su vida se convirtiera en una especie de thriller en el que no era posible dar pie con bola.

Con su regreso a México a principios de los 90, después de más de 20 años de autoexilio, Garro se convirtió en un personaje del que, para bien o para mal, todo mundo opinaba. Por un lado la atacaban, por el otro, la defendían con pasión. Públicamente mostraba las dos caras que fascinan a los especialistas y a los lectores comunes: locura y genialidad.

Haber vivido a la sombra de un poeta reconocido y poderoso como lo fue Paz; haber padecido pobreza, aislamiento y abandono, mientras el Nobel de Literatura mexicano brillaba y disfrutaba de la admiración del mundo entero; haber experimentado todo lo anterior desde la posición de víctima, impulsó a Elena a escribir asombrosos cuentos, novelas y obras de teatro, al tiempo que se transformaba en una desesperada heroína de tragedia.

II. El matrimonio asesino

Garro nació el 11 de diciembre de 1916 en Puebla. Pasó su infancia en la Ciudad de México y en Iguala, la mítica Ixtepec de su primera novela, "Los Recuerdos del Porvenir". En 1936 ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue coreógrafa del Teatro Universitario y miembro del grupo Poesía en Voz Alta, que Paz coordinaba.

Lo conoció a los 16 años y en 1937 se casó con él. El matrimonio tormentoso con Paz, que la marcó para el resto de su vida, finalizó en 1959, pero ella aseguraba haber vivido con él durante 30 años.

"Me casé para poder tomar café", decía.

Según la versión de su biógrafa, compiladora y principal promotora, Patricia Rosas Lopátegui, autora de libros en torno a la vida y la obra de Garro y acusada por Helena Paz, hija de los escritores, de haber robado la mayor parte del archivo de su madre, "Octavio Paz y el gobierno federal opacaron la figura de Elena Garro".

Lopátegui insiste en que hubo un complot y asegura que Paz siempre intentó someter a Garro. Eso fue evidente desde el principio, dice, cuando el poeta le impidió continuar con sus estudios.

En concordancia con esta versión, Emmanuel Carballo opina que Paz "gobernó mal a su familia" y no supo apoyar el enorme talento de su esposa.

Emilio Carballido, José María Fernández Unsaín y René Avilés Fabila, quienes promovieron su retorno al País en 1993, eran contrarios al grupo de Paz, aunque no lo mencionaban abiertamente en sus declaraciones.

Del otro lado de la cancha, Elena Poniatowska asegura que Paz sí apoyaba el trabajo de Elena, mientras ella lo atormentaba constantemente y lo hacía padecer.

En el prólogo a "El Asesinato de Elena Garro", de Rosas Lopátegui, Poniatowska descalifica la tesis de la biógrafa y se muestra en desacuerdo con la interpretación que da a los documentos ahí publicados.

Por su parte, en un artículo publicado en 1996 a propósito de la aparición de "El Asesinato...", Christopher Domínguez asegura que las tesis de Lopátegui son desvaríos y comenta que Paz fue "la amenazante hipóstasis del mundo para Garro". Para apoyar su opinión, cita una de las últimas declaraciones de la autora: "Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo, todo lo que soy es contra él. (...) en la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz".

Lo cierto es que, justificado o no, el sentimiento de rechazo y persecución provocó que Garro viviera atemorizada durante más de 20 años, en medio de una miseria económica cuyo ejemplo más patético es su estancia en un asilo para mendigos en Madrid, en 1978.


III. El rompecabezas político

Durante años se dijo que el motivo de que Garro hubiera huido del País en 1972 fue la "cacería de brujas" desatada por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz a partir de la matanza de Tlaltelolco en 1968. Esta versión, apoyada por Rosas Lopátegui, daba a entender que Garro había simpatizado con el movimiento estudiantil.

Sin embargo, en los artículos de Garro anteriores y posteriores a la masacre podemos advertir que su denuncia es en contra de los intelectuales de "extrema izquierda", quienes, de acuerdo con su versión, después de azuzar a los jóvenes, los abandonaron a su suerte.

El 6 de octubre de 1968, Garro escribe en el periódico La Prensa que fueron "los catedráticos e intelectuales izquierdistas los que los embarcaron (a los estudiantes) en la peligrosa empresa y luego los traicionaron", más adelante les pide que "den la cara" y asegura que no se atreverán, puesto que "son unos cobardes".

Como era de esperarse, la comunidad intelectual no sólo la rechazó a partir de estas declaraciones, sino que la acusó de loca y pertenecer a la CIA, creando en torno a ella una atmósfera de hostilidad.

Por otro lado, Garro admiraba al priista Carlos Madrazo (padre de Roberto Madrazo) y apoyaba sus proyectos reformistas en sus artículos. Años atrás, cuando Madrazo era líder del partido oficial, la escritora había entrado en contacto con él a raíz de su activismo en el campo agrario.

Garro apostaba por Madrazo y esto era del conocimiento público. Hay quienes aseguran, también, que la autora anhelaba un puesto en un futuro Gabinete.

Como sabemos, el político competía en ese momento con Echeverría por la candidatura a la Presidencia y un año después murió de manera sospechosa en un accidente aéreo en El Fraile.

Si agregamos la renuncia de Paz a la Embajada de México en la India en protesta por los sucesos de Tlaltelolco, no es difícil comprender que Garro se sentía vulnerable por todos los flancos.

"Me tuve que ir después de lo del 68", declaró en entrevista para EL NORTE, "todos me decían muchas majaderías, yo no supe qué pasó, buscaron a quién echarle la culpa (...) según esto por respaldar al gobierno en los hechos de la Plaza de las Tres Culturas".

Sin embargo, en julio de 2006 se desclasificaron documentos que ponen en evidencia la participación de Garro como informante de la Dirección Federal de Seguridad de Díaz Ordaz, actividad a través de la cual, se dice, denunció a personalidades como Leonora Carrington, Rosario Castellanos, Leopoldo Zea, Eduardo Lizalde y Carlos Monsiváis, entre otros, de instigar el movimiento estudiantil.

En su libro, Lopátegui asegura que "ponerla como traidora de los intelectuales" fue parte de un complot orquestado por Echeverría con el fin de "asesinarla política y socialmente". Según ella, los documentos desclasificados son una gran mentira.

Contrario a este punto de vista, Christopher Domínguez considera que Garro habría querido comprar protección para ella y para su hija Helena a cambio de seguir informando a la policía política de lo que ocurría en los círculos intelectuales involucrados con el movimiento.

Al jugar al doble agente, Garro habría terminado por ser una espía espiada.

IV. El resto es monumental

La obra de Garro anterior a su autoexilio revolucionó a la literatura hispanoamericana.

"Los Recuerdos del Porvenir", publicada en 1963, es una novela cuyo narrador es el pueblo de Ixtepec y en la cual los diferentes tiempos históricos se empalman y fusionan, logrando una síntesis de nuestras dos herencias.

Por su manejo de elementos fantásticos es considerada precursora del realismo mágico, y es la primera novela que problematiza la época posrevolucionaria valiéndose de un lenguaje poético.

Antes de esta publicación, reconocida con el Premio Villaurrutia y considerada su obra cumbre, Garro había publicado en 1958 "Un Hogar Sólido", libro que reúne seis piezas de teatro muy alejadas del realismo costumbrista del momento. Esta serie de textos inauguró un teatro moderno que rompía con el espacio y el tiempo realistas y se adelantaba a su época.

Garro publica en 1964 una colección de cuentos bajo el título "La Semana de Colores", entre los que destaca "La Culpa es de los Tlaxcaltecas", texto lleno de intertextualidades donde aborda la caída de Tenochtitlán, propone la abolición del tiempo cronológico y disecciona las dos cosmovisiones mexicanas, que se entrecruzan y fusionan.

A partir de los cuentos de "Andamos Huyendo, Lola" (1980), publicados en el tiempo del autoexilio, Garro deja atrás la magia y los juegos temporales para iniciar una nueva etapa creativa en la que la realidad sórdida y descarnada sustituye a la fantasía.

Los personajes habitan ahora una realidad clausurada y en las atmósferas apesadumbradas y asfixiantes se instalan la angustia y el terror de la persecución.

A esta época pertenecen "Testimonios sobre Mariana" (1981), "Reencuentro de Personajes" (1982), "La Casa Junto al Río" (1983), "Y Matarazo No Llamó" (1991), "Inés" (1995), "Busca Mi Escuela y Primer Amor" (1996), "Un Corazón en un Bote de Basura" (1996), así como dos novelas publicadas en la Editorial Castillo de Monterrey: "Un Traje Rojo para un Duelo" (1996) y "Mi Hermanita Magdalena" (1998).

Garro pasó los últimos cinco años de su vida en Cuernavaca, Morelos. Murió el 22 de agosto de 1998. Ningún escritor acudió a su entierro.